Venezuela: Una bomba de tiempo

Juan Camilo Vargas

Venezuela: Una bomba de tiempo. Columna de Juan Camilo Vargas. @JuanCVargas98 Clic para tuitear

@JuanVargas98

Después de ver circular la fotografía del pérfido y cafre dictador venezolano, Nicolás Maduro, disfrutando de sabrosos manjares con los que millones de sus compatriotas sólo pueden soñar, no puedo evitar cierta decepción. No sólo con Venezuela y su mancillada democracia, ni con sus habitantes, o bueno, los que quedan, y los que ya han huido en su éxodo; siento una profunda decepción con la comunidad internacional. Es imposible no sentir que muchos Estados se han mostrado negligentes e indiferentes ante la situación venezolana y ciertamente habrá consecuencias de gran magnitud que nos afectarán en toda Hispanoamérica.

Hay pocas cosas que realmente movilizan a la población de forma masiva contra un régimen: el hambre, la pobreza y la pérdida de la libertad. En Venezuela hace mucho tiempo ya se perdió la última de las tres mientras que las otras dos no han hecho otra cosa que fortalecerse en estos últimos años. La respuesta de la población no se ha hecho esperar, organizando manifestaciones, protestas y bloqueos que siempre terminan en el sometimiento por parte de unas fuerzas estatales corruptas y apátridas. La Guardia Civil venezolana jamás podrá compararse con una institución democrática en defensa de la soberanía; una cosa es combatir el terrorismo, la delincuencia y la criminalidad, pero otra muy distinta es golpear con odio sistemático a los compatriotas que se alzan contra la injusticia.

Como si fuera poco, aunque la magnitud es de dimensiones trascendentales, se pronostica que Venezuela, en caso de abatir al tirano, tardará décadas en reajustarse y poder recuperar un poco la noción de lo que fue en sus mejores épocas. La única salida que le queda a Venezuela es el alzamiento armado, legítimamente explicado bajo su Constitución Nacional, las leyes naturales y el Derecho Divino. A Venezuela no le queda más opción que abatir y eliminar, por la vía militar, al tirano Nicolás Maduro, tal como lo explica el abogado penalista Abelardo de la Espriella. La democracia ya se vistió de luto hace mucho en ese País, el despotismo del iletrado Nicolás Maduro ha sumido al País en la peor crisis de su historia y sólo les queda a los hombres que tengan el coraje y la fe, el camino de la insurrección.

Es cuestión de tiempo que el hambre y la miseria sigan haciendo estragos para gestar en los corazones del pueblo venezolano la ferviente llama de la libertad. Si bien no se puede descartar una intervención militar de otros Estados, la poca solidaridad que muchos han mostrado y sus simpatías con el tirano hacen de esta opción un camino algo más utópico. Si de aquí a tres años Venezuela no ha sido capaz de deshacerse de su tirano, estarán condenados a ver cómo su descendencia crecerá y labrará a millones de kilómetros de su tierra natal, llorando desconsoladamente por la anhelada Patria que quedó atrás.

Salir del País y condenar al régimen de nada sirve si no se prepara desde afuera alguna alternativa que les permita regresar. Clic para tuitear

Salir del País y condenar al régimen de nada sirve si no se prepara desde afuera alguna alternativa que les permita regresar. Mentalizarse con la idea de hacer dinero para sacar a sus familias es la vía fácil de ver la situación, a pesar de la dificultad que trae. La verdadera valentía se halla en esos pocos que día a día caen en las calles de Caracas, víctimas de la tiranía chavista y de un socialismo fallido y marchito que, irónicamente, en Colombia es el sueño favorito del estudiante universitario promedio.

Venezuela está en sus propias manos, en la fortaleza y el arrojo que logren tener valientes ciudadanos para recuperarla, o en la resignación y el exilio para quienes tratan de no volver la vista hacia su Patria. Hoy… Clic para tuitear

Venezuela está en sus propias manos, en la fortaleza y el arrojo que logren tener valientes ciudadanos para recuperarla, o en la resignación y el exilio para quienes tratan de no volver la vista hacia su Patria. Hoy sí se vale decir que el futuro lo tienen en sus manos.

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