El Acuerdo de La Habana ha provocado en vez de paz un recrudecimiento de la guerra en la zona rural del país, luego ese adefesio debe ser revisado con lupa y si es posible suprimir de la Constitución Clic para tuitear
Ante los últimos acontecimientos en Colombia por las masacres en pueblos del sur del país se ha puesto sobre la mesa o través el Acuerdo de “paz” negociado entre el tartufo Santos y la activa guerrilla de las FARC. Es sin duda que ese adefesio negociado en Cuba conllevó a que el país esté sufriendo estos lamentables hechos. Tras firmado ese acuerdo los narcotraficantes se envalentonaron y empezaron a producir más coca, la guerrilla del ELN se cobijó en La Habana tras las enaguas genocidas del régimen de los Castros, los grupos organizados intensificaron su accionar delictivo en las zonas urbanas y las disidencias de las FARC por el control del territorio han asesinado a los líderes sociales.
Que el proceso de “paz” decía que iba a ver paz y que la violencia como se conocía no volvería fue el engaño monumental que un gobierno le haya propiciado a su pueblo. Sin temor a equivocarme ese acuerdo firmado en Cuba aunó el camino para la impunidad, la generación y recrudecimiento de la guerra. Un acuerdo que benefició al cartel más grande de droga en el mundo, con millares de crímenes como prontuario no daría para más que para un contexto a posteriori de venganzas entre criminales y la onerosa producción de droga que atenta contra la salud pública y la seguridad de las personas.
Ese llamado “proceso de paz” le dio una bofetada a todo el pueblo de Colombia, pasó por encima de los derechos fundamentales de cada colombiano que ha trabajado honradamente para salir adelante y un insulto a las víctimas de ese grupo criminal que niega que hayan cometido algún crimen. Ha sido el peor momento de la historia de Colombia, en La Habana no solo se negoció el futuro de cada uno de los ciudadanos, sino que también se maltrató la honra y el espíritu republicano de la nación. La justicia está al servicio de los criminales, de la mentira y cambiaron su objetivo constitucional por uno de venganza. El senador más votado de la historia de este país privado de su libertad injustamente mientras que los que secuestraron, descuartizaron personas, violaron mujeres y niños, extorsionaron y corrompían a la sociedad están sentados en el Congreso.
Que no vengan a decir los que se hacen tramposamente llamar los “adalides de la moral” que TODA Colombia debe estar de acuerdo con ese adefesio y que es el único camino para la paz, para no volver a la guerra. Infamia completa tratar de imponer un acuerdo que solo a traído muerte, zozobra y miedo en la población colombiana. Precisamente los que hablan de paz y promueven la paz son aquellos que atacan con violencia a los que no estamos de acuerdo con ese proceso, ¿es que acaso pedir que los criminales paguen por sus delitos es un crimen?; ¿acaso es inmoral pedir cárcel para los que asesinaron sistemáticamente?; ¿acaso es promover violencia decir que los cultivos de coca se erradiquen?; ¿acaso es promover miedo a la sociedad advertir de los riesgos de un acuerdo que solo beneficia a un grupo armado como las FARC?, ni lo uno ni lo otro, si no se aplica justicia para crimines de lesa humanidad NUNCA habrá paz.
La “polarización” que hay en Colombia tiene un culpable y se llama Juan Manuel Santos Calderón, personaje siniestro de la historia política colombiana, el cual se hizo elegir prometiendo una hija de ruta específica, pero cuando estuvo sentado en la Casa de Nariño cambió sorpresivamente de ideología y le dio vía libre para que los criminales de los más atroces crimines hablaran sin ningún pudor delante de las cámaras y revictimizaran a las víctimas de sus aberraciones. Es tal esa polarización que llegamos a una situación en donde alguien se diga ser uribista por convicción es señalado de paramilitar, narcotraficante, inmoral, amigo de la guerra, conspirador, cómplice de las masacres entre otros más adjetivos.
Ahora bien, el Acuerdo de La Habana ha provocado en vez de paz un recrudecimiento de la guerra en la zona rural del país, luego ese adefesio debe ser revisado con lupa y si es posible suprimirlo de la Constitución. No se trata de que los que están en la vida civil vuelvan al monte como tampoco se trata de que se pudran en una mazmorra, el meollo del asunto es que paguen por sus crimines y ahí sí que vayan a la vida política. Sin justicia no hay paz.
Lo que hicieron en Cuba un grupo de criminales con un gobierno que los secundó es una infamia a la moral de Colombia, un atentado a la vida y a la institucionalidad de este país que tanto ha sufrido la guerra como para que los verdugos (FARC) estén cómodos en el Congreso y la Justicia.




