Una presidencia de Petro sería una catástrofe absoluta. Petro es una persona de izquierda radical y sus ambiciones políticas van más allá de conseguir la presidencia, él quiere el poder para vengarse, quiere y… Clic para tuitear
Si lograra ganar la presidencia de Colombia el “exguerrillero” del M-19 Gustavo Petro, el país como lo conocemos desaparecerá, seria una tragedia. El modelo político, económico y social de Petro no es otro que el de erradicar la República y la democracia, sus constantes ataques a las instituciones legitimas sólo demuestra el odio profundo por el país.
Petro no vacila, hay que reconocerlo, tiene claras sus ideas, pero se sabe cuidar cuando de defender terroristas se trata. Ha implantado en Colombia que odiar la democracia es lo correcto y que la defensa de Acuerdos a favor de terrorista también lo es. Tiene un retorica fluida que engaña incautos. Es el ser “político” más peligroso para Colombia, hay otros, pero esos son secundarios.
Un Gustavo Petro en la presidencia de la República seria un desastre, por un lado, es mentira cuando dice que si logra el poder las reformas que haría podrían ser cosméticas y que de fondo no cambiaria nada, pues para mantener contentos a algunos y no levantar sospechas. Ahora bien, si en verdad el cambio que promete fuera benéfico para el país todos los colombianos lo apoyarían, pero detrás de ese discurso sentimental está la verdadera estrategia que quiere imponer, una estrategia neosocialista.
El país no sabe porque nadie le ha contado, que una presidencia de Petro seria una catástrofe absoluta. Petro es una persona de izquierda radical y sus ambiciones políticas van más allá de conseguir la presidencia, él primero, quiere el poder para vengarse y segundo quiere y anhela una Colombia socialista, asistencialista y anarquizada y las primeras instituciones que puede tocar – para mal desde luego – son las económicas y financieras.
Ser de izquierda radical comprende la toma de decisiones radicales. Un gobierno de esa naturaleza tiene que nacionalizar la Banca Central y en consecuencia las instituciones financieras, es decir, los bancos. De este modo se estaría eliminando de tajo los mecanismos de dinamización de la economía dando lugar así a un control total y único del Estado en la economía, es decir, un Estado socialista.
Por otro Lado, un gobierno de izquierda estaría de acuerdo con que la propiedad e iniciativa privada sea objeto de expropiación sin indemnización, con el vago y cínico argumento de la redistribución de la tierra. Expropiar es el acabose de una sociedad, es la antesala de una ciudadanía pobre y desigual. Gustavo Petro lo ha dejado claro con sus constantes ataques al empresariado colombiano, le parece que son las empresas -todas – el mal d este país. Y, a decir verdad, es una equivocación monumental cuando ha sido el empresariado el motor de la sociedad colombiana.
El plan económico de Petro también propone el intervencionismo profundo e intenso del Estado sobre todo en la distribución de bienes, según él, para “socializarlo” del mismo modo que la “socialización” de la asistencia social – de forma degenerada claramente – y de la misma manera de los servicios públicos. Todas esas propuestas que se le ofrecen a los ciudadanos en donde todo va a ser gratis y el Estado es el proveedor suenan muy atractivas, pero al final de toda la realidad es que el “socialismo” es el estadio donde las libertades económicas del individuo desaparecen y en consecuencia las condiciones de la sociedad se vuelven más precarias donde es el Estado el que provee todo, muy mala decisión.
Es de la mayor importancia dejar en evidencia las propuestas económicas del jefe de la izquierda radical de Colombia, que son un total peligro. Estoy casi seguro y la gente lo dice en las calles, que lo que se ha conseguido con tanto trabajo y esfuerzo no se lo quitarán. Dirán algunos que el tema de las expropiaciones es improbable y que son alucinaciones de quienes quieren “seguir” gobernando este país, pero no es así, este tema es muy importante por lo peligroso que representa.
Es probable, aunque no seguro, que las expropiaciones no sean a través del uso del dedo inquisidor y de la verborrea autoritaria, sino que sea a través del uso de “políticas económicas” que aparentan ser igualitarias y de gran contenido social. Los colombianos debemos estar alerta, esas políticas no son otras que las esbozadas por el neosocialismo y neocomunismo de Thomas Piketty que ahora la academia lo engrandece como el economista más importante del siglo XXI hasta ahora, eso es discutible.
La propuesta de política económica de Piketty no es diferente a la vieja formula del cobro de más impuestos tanto para las empresas como para las personas comunes y corrientes, bajo el argumento pobre e inconcluso de la justicia social y de la redistribución de la tierra. Toman esas palabras y las utilizan con el único objetivo político de lagar al poder para destruirlo y Petro sigue esas ideas fantasiosas. Ojo con el 2022.




