A los malditos malvados, sin duda que Roy les hace el juego, al igual que Cepeda y Petro y el desfile de mamertos e idiotas útiles que piensan en convertir este país en otra Venezuela más. Clic para tuitear
Armando Barona M.
La moción de censura tiene raíces en los sistemas políticos parlamentarios, que rigen especialmente en las monarquías democráticas como la española o la inglesa. En realidad no tiene mucha entrada en un régimen presidencialista como el nuestro y tal vez sea esa la razón para que nunca haya prosperado en Colombia una, no obstante la frecuencia con la que han acudido a ella.
La última la elevaron con soberbia unos parlamentarios de la oposición contra el ministro de Defensa vallecaucano Carlos Holmes Trujillo García. Los citantes fueron los senadores Jorge Enrique Robledo y Roy Barreras, junto a un coro de oposicionistas radicados hoy en la extrema izquierda. Hicieron primero un debate en la Cámara de Representantes, que como era obvio lo perdieron, después otro en el Senado que también perdieron, ligado a un tercero sobre la ilegalidad, según ellos, del tránsito de un contingente de los Estados Unidos por tierra colombiana en obedecimiento a un pacto de colaboración contra el narcotráfico. El ministro respondió con elegancia, buena dicción, razones y documentos. Nunca contestó el agravio con otro. Pasó por encima.
Dijeron tantas cosas sin acudir al idioma elegante parlamentario. Abusivamente insultaron y calumniaron. Un representante de apellido Navas Talero se atrevió a comparar al ministro con una cucaracha. Barreras inventó tantas cosas, como afirmar que el ministro tenía preparada su renuncia al cargo, cosa que él sabía con razones sobradas porque mantiene un servicio de espionaje en el ministerio. Y alardeó a la vista y el oído de todo el país, que a él le acababa de llegar un documento del despacho oficial, antes que le fuera entregado al señor ministro. Luego hizo, como mal actor de teatro, el intento de leerlo en el debate, pero se abstuvo de hacerlo. Tenía documentos de todo, pero no mostró ninguno. Como un jugador de poker fullero, habló y habló, pero no mostró nada distinto a su mala leche mezclada con su mala sangre.
! Ah Roy!, la gente le lleva la contabilidad de sus volteadas en la política (6), que comenzaron cuando daba su vida por el doctor Alvaro Uribe, hoy su primer gran enemigo gratuito. Roy voltea y voltea como la rueda de una ruleta, o como el gallo de cualquier veleta.
Cuando llegó el debate el 21 de este mes en el Senado, después de oír sus agresivas palabras en las que acusaba al gobierno de haber matado niños, no hubo una sola sílaba suya para condenar, como debe hacerlo cualquier ciudadano de bien, el reclutamiento de esos menores por fuerzas subversivas que asesinan, secuestran, matan líderes sociales, hacen circular la coca, infunden terror en las regiones y tornan casi invivible esta patria.
No leyó el señor Barreras la Carta Constitucional y menos el contenido del Artículo 217 de la misma sobre el deber inalienable de la fuerza pública, en tanto ordena: “Las Fuerzas Militares tendrán como finalidad primordial la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y del orden constitucional. (…)” La fuerza pública, pues, tiene la obligación de combatirlos en un país de selvas y montañas, con la aviación. Y si los malvados tienen menores en sus campamentos y éstos mueren, es su culpa y no de la aviación ni del ejército que están cumpliendo un deber constitucional.
A los malditos malvados, sin duda que Roy les hace el juego, al igual que Cepeda y Petro y el desfile de mamertos e idiotas útiles que piensan en convertir este país en otra Venezuela más.
!Ah este Roy! No le duele la patria ni la violencia que nos han desatado las fuerzas del mal. Pero quiere, como le dijo el ministro Trujillo, hacer política con la sangre. Postuló una candidatura presidencial hace dos semanas y la retiró a la siguiente, tratando de camuflarse, como si no lo conociera ya el país con todas las fases que adopta.
No son, ciertamente, sus mentiras las que acaben, como lo soñaba, con las expectativas de servicio a la patria del ministro Trujillo, ni la tonalidad de su voz de fraile llamando a las puertas de un convento.
En realidad en la política termina por imponerse el que sirve y no el farsante que acaricia fajos voluminosos de billetes y deambula por los negocios como lo recordara un tal Montes en un video, refiriéndose al candidato del socialismos siglo XXI, ahora convertido en “humano”, cambiando de fisonomía como otro camaleón cualquiera.
El Consejo de Estado había terminado avalando la juridicidad del presidente Duque en la colaboración del pequeño contingente americano que ha venido en ayuda de los esfuerzos del gobierno en la descomunal lucha contra el narcotráfico, causa primaria de todos nuestros males. O sea que, indiscutiblemente, las actuaciones del gobierno y del ministro estaban acogidas a derecho. Y es elemental, como dijera Sherlock Holmes, que el debate de censura no tenía cabida. Elemental, así les dure su bravuconada.
Pero mi querido Roy, todavía puedes dejarte caer el pelo nuevamente.
Abogado de la Universidad del Cauca, historiador, periodista de opinión, ensayista y poeta. Senador de la República y embajador en Polonia, en las Naciones Unidas y en varios foros mundiales. En la actualidad, Vicepresidente de la Academia de Historia del Valle del Cauca y columnista de la revistas Épocas y Cali-Viva.
Nada sería más deseable que no hubiera problemas en la vida. Y que existiera una justicia limpia que cumpliera el ideal más puro del hombre: que los jueces fueran justos. Y que pudiera aplicarse aquel poema de Carlos Castro Saavedra: “Cuando la espada de la justicia, aunque desnuda se conserve casta.” Que a diferencia de los administradores de justicia que pinta Franz Kafka en “El proceso”, los que tal oficio cumplen lo hicieran conformes con el derecho y algo que, acorde con él, se halla por encima que es el estado de conciencia entre lo lícito e ilícito, lo pasional o mezquino, lo noble y lo torcido. […]
La pandemia del cólera-morbo se extendió a finales del siglo XIX por el mundo. Y murieron, murieron y todavía después seguía muriendo la gente. Dicen que en Cartagena falleció una tercera parte de la población. Aunque nuestro Nobel García Márquez cuenta que había regueros de cadáveres tendidos en los campos, pero al acercarse a ellos se podía observar que presentaban un tiro en la nuca que en la guerra de turno de los mil días le habían disparado los godos del gobierno. […]
No estoy activo en la política. Mi retiro son los libros, la profesión con algunos procesos rezagados y la escritura especialmente de historia. Miro los aconteceres con la curiosidad propia de quien siempre ha estado atento a ellos; pero no me alberga ninguna pasión. Solo observo y opino con imparcialidad. Y es así como veo entonces lo que está pasando. […]