¡Tuluá ardió! ¿Quiénes son los responsables?

Robert Posada Rosero

Robert Posada Rosero

La noche del 25 de mayo de 2021 quedará grabada en la memoria de los tulueños, como la noche de la ignominia. Un oscuro episodio en el que todos actuamos como espectadores impotentes viendo arder el Palacio de Justicia, saquear los comercios y pequeñas empresas y destruir los sueños de emprendedores y estudiantes, en un capítulo más de una serie “real” que repitió el libreto cambiando solo la locación.

De inmediato, tirios y troyanos salieron a buscar responsables, pero no nos llamemos a engaños RESPONSABLES FUIMOS TODOS. Responsables, porque CULPABLES, sin temor a equívocos, son quienes prendieron el fuego, destruyeron y saquearon comercios y empresas, personas que deberían ser individualizadas y judicializadas conforme a nuestras normas por los diferentes delitos cometidos, ya que lo sucedido esa noche nada tiene que ver con protesta pacífica ni movilización social, basta ya de romantizar el terrorismo y la barbarie.

Desprendámonos por un minuto de prejuicios y odios y entendamos de una vez por todas que si en más de 100 países del mundo, incluyendo los que llaman, primer mundo, existen escuadrones especializados como el Esmad, es porque se requieren para imponer el orden y la tranquilidad cuando así los reclamen las circunstancias. No son asesinos, como nos quieren hacer creer, son el último recurso para enfrentar una amenaza o confrontación urbana, escenarios en los que siempre habrá caídos. Así que dejemos de echarle la culpa al Esmad de lo sucedido, esa lectura no solo es pueril sino inducida.

Todos somos responsables. El gobierno nacional que no tomó a tiempo las medidas para no perder el control del orden público en el país. Los gobiernos locales que fueron inferiores a su responsabilidad de actuar como primera autoridad de sus municipios, los políticos por oportunistas, los empresarios, comerciantes y gremios que fueron tibios para exigirle a sus gobernantes el cumplimiento de sus deberes constitucionales, los periodistas que con mensajes incendiarios y llenos de odios ideológicos y políticos metieron leña al fuego, los padres de familia que desde hace mucho perdieron la autoridad en sus propios hogares y los estudiantes que se olvidaron de razonar para actuar como una masa vulnerable y emotiva.

Habíamos visto la tragedia muy cerca, pero nadie aprende en cuerpo ajeno, la veíamos venir, pero nos quedamos estáticos sin hacer nada y el resultado ya todos lo conocemos. Empezó muy temprano, con pequeñas refriegas frente a la alcaldía municipal, y como midieron el aceite y no hubo reacción echaron a rodar la película con el mismo guion previamente construido, actuando de manera coordinada frente a unas autoridades y comunidad desconcertadas y sin capacidad de respuesta.

Y desde las redes, atrincherados en sus posiciones, quienes por la democratización de la comunicación soltaron el PlayStation para de la noche a la mañana convertirse en analistas del conflicto, politólogos, economistas y sociólogos, lanzan “sesudos” análisis sobre lo ocurrido, echando más leña al fuego sin lograr comprender que este juego también se libra en las calles con muertes reales y destrucción de sueños y vidas, que no se pueden recuperar simplemente con resetear o iniciar una nueva partida.

La dura realidad nos está demostrando que todos estamos perdiendo el juego, todos. Aquí no hay ganadores, solo quienes desde sus olimpos alientan a la turba descontrolada, la envalentonan y financian, moviendo los hilos para llegar al poder, utilizando a ingenuos e incautos que no logran hacer una lectura completa de la situación, pues, aunque es diáfano e indiscutible que hay muchas reclamaciones justas que deben ser oídas por el gobierno nacional, que nos representa a todos, porque gustemos o no, así funcionan las democracias.

Pero aquí nuevamente hay que tomarse un minuto para diferenciar la PROTESTA y MOVILIZACIÓN SOCIAL del TERRORISMO, los manifestantes pacíficos no son vándalos ni bandidos pero quienes recurren a la fuerza para bloquear, saquear, destruir e incendiar propiedad privada y pública tampoco pueden ser considerados como manifestantes pacíficos, eso tiene que ser claro en un Estado de Derecho, o todos nos sometemos a la ley o regresamos a la época de los vikingos y demás pueblos guerreros que se imponían por la fuerza y el terror dejando desolación a su paso.

Duele la destrucción de Tuluá, de su poco patrimonio histórico, su comercio y sus empleos y arruga en lo más profundo del ser la muerte de Camilo Arango, un joven estudiante de la Uceva, de solo 18 años, quien jamás debió estar como carne de cañón en el lugar de los hechos. A Camilo no lo mató el Esmad, lo matamos todos los que no hicimos nada para detener esta locura, dejando avanzar la anarquía haciéndole el juego a quienes desde sus oscuros propósitos utilizan la protesta y movilización social como camino para sembrar el terror, el caos y la destrucción que los conduzca al poder.

La dura realidad nos está demostrando que todos estamos perdiendo el juego, todos. Aquí no hay ganadores, solo quienes alientan a la turba descontrolada, la aupan y financian, moviendo los hilos para llegar al poder Clic para tuitear

Acerca de Robert Posada Rosero 49 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.
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