Independiente del resultado de las elecciones en los Estados Unidos de América, Donald Trump les propinó una estruendosa derrota a los grandes medios del mundo, sus editorialistas, columnistas, analistas políticos y encuestadoras, asunto que no es menor y debería generar un fuerte debate interno sobre el papel de la prensa en el mundo.
Tristemente, como periodista, me tocó asistir al derrumbamiento de un mito: el ‘Cuarto Poder’ ha caído, y que difícil lo tendremos para recuperar ese rol dentro de la sociedad; el papel de ser los guardianes de la democracia, la verdad y la libertad, pues al parecer embriagados de soberbia olvidamos los principios básicos del oficio.
En este punto debo reafirmar que hago parte de la escuela de profesionales que sostienen que la cacareada objetividad del periodismo es una falacia artificiosa que se vende a estudiantes de primer semestre, pues no puede haber objetividad en una actividad realizada por seres humanos, subjetivos por naturaleza.
Decidir qué noticia cubrir, cómo titular, escribir un sumario, determinar la extensión de las notas y su ubicación en diarios y noticieros, radiales o televisivos, y la selección de las fotografías e imágenes, es una tarea inminentemente subjetiva, en eso no podemos llamarnos a engaños, lo que no quiere decir que los principios éticos del periodismo estén mandados a recoger.
Todo lo contrario, en un mundo donde pululan todo tipo de medios virtuales y redes usadas para desinformar, los medios y periodistas están llamados a recuperar la credibilidad, el mayor activo del periodismo serio y riguroso, ese que responde a la razón de ser del oficio, la búsqueda de la verdad.
Esta búsqueda, nunca culmina, porque en demasiados casos, cada día que pasa aparecen nuevas ópticas o hechos que pueden llevar a alterar lo que inicialmente consideramos una verdad irrefutable, y al ser el periodismo el primer borrador de la historia, debemos estar abiertos a revisar los nuevos enfoques.
Dicho lo anterior, y tras la terrible y vulgar posición asumida por los medios y periodistas del mundo en el cubrimiento de la última campaña electoral en USA, hay que insistir en la necesidad de abordar este ejercicio fiel a los principios de veracidad, equilibrio y responsabilidad. Y de paso plantear la obligatoriedad de separar la información de la opinión.
¿No será que llegó el momento de hacer un alto en el camino y revisar el daño que le han hecho las redes sociales al periodismo?, canales donde por el afán de protagonismo los periodistas terminaron convirtiéndose en activistas de múltiples causas arrasando con su propia credibilidad y la de los medios para los que trabajan. No basta con decir que las opiniones en esos canales son estrictamente personales, advertencia que no es más que un pajazo mental.
Trump no es el enemigo, como quedó consignado en los más de 350 editoriales que se escribieron a mediados de 2018 para hacerle frente a sus críticas, por considerarlas rabiosos ‘ataques’. Quienes arrasaron con lo que quedaba de la prensa seria fueron los mismos medios; el polémico presidente yanqui sólo desnudó el estercolero en que hace muchos años cayó el oficio más lindo del mundo. Ver enlace: https://www.france24.com/es/20180816-prensa-eeuu-protesta-ataques-trump
Lo preocupante de esta realidad es que no es un mal del periodismo norteamericano sino una calamidad que afronta la prensa en el mundo, esa camarilla mediática que se queja del matoneo de Trump, pero que no ahorró esfuerzos al momento de matonear a quien graduó de enemigo, pandilla de la que hace parte, por supuesto, los medios y periodistas colombianos.
En el país ya habían tenido su propio descalabro, cuando de manera sistemática, burda y descarada, movidos por diversos intereses, ajenos a la búsqueda de la verdad y el interés general, cerraron filas para defender el sí en la campaña plebiscitaria que tenía por objeto medir el respaldo de los colombianos a los acuerdos de La Habana, entuerto de Juan Manuel Santos y las Farc.
En esa oportunidad, el Trump criollo, léase Álvaro Uribe Vélez, con un megáfono y las convicciones de tener la razón los derrotó teniendo prácticamente todo el establecimiento en contra, pero su incapacidad para reconocer los errores y la total ausencia de autocrítica es tan grande que hoy cuando todos los días queda en evidencia que los postulados del no se están cumpliendo a rajatabla, continúan aseverando de manera falaz que su triunfo se edificó sobre la exacerbación del miedo y la mentira.
La prensa, representada en los grandes medios, con sus periodistas y analistas bien pagados y apuntalados en el pago de costosas y amañadas encuestas puede seguir mintiéndose, si así lo quieren, empero no pueden ignorar que ya no pueden engañar a una sociedad que descree de lo que le dicen y les perdió el respeto. El ‘Cuatro Poder’ ha caído en medio de vivas a la Libertad de Prensa.




