El proyecto de reforma que cursa en el Congreso de la República para darle mayor equidad e impulso a la democracia representativa en algunos entes territoriales, por carecer, al parecer, de representación nacional y local, así como el reconocimiento de paridad de género en la conformación de listas para aspirar y proveer cargos de elección popular, desnaturaliza los fines de la democracia, distorsiona la práctica política, acentúa la confrontación ciudadana y desarticula la notable participación bajo la orientación impositiva y ventajosa entre el verdadero equilibrio de la minoría y mayoría.
Sin embargo, los promotores de tamaña iniciativa, afines a los que en el pasado intentaron mediante acuerdo habanero, introducir 16 curules adicionales para las víctimas en la Cámara de Representantes, y que fue archivado en su oportunidad, intenta un nuevo round, ya no con el carácter de paz, sino bajo la apuesta de mayor participación e inclusión.
Incorporar 12 congresistas, le costarían al presupuesto más de $ 396 millones adicionales, fuera de gastos de representación y unidad de trabajo legislativo, que representarían alrededor de 4.752 millones de pesos, sin incluir la adecuación de nuevas oficinas, vehículos y otras provisiones que también sumarían a los gastos de la célula legislativa y que cerrarían en más de 15 mil millones de pesos, sobre el casi 2 billón que cuesta sostenerlos anualmente.
El proyecto, que ya cursó su primer debate en Cámara y que le sigue su turno en Senado, en nada contribuye en permitirles mayores escaños a los departamentos y municipios, ya que el problema no radica principalmente en la distribución y composición de las curules a proveer por el censo poblacional, ni porque la constitución y la ley impidan que los distintos sectores políticos, representados por distintas tendencias, no puedan tampoco participar en igualdad de condiciones.
De igual modo, también se ha discutido en el marco de las diferentes reformas, que la dificultad tampoco está en la implícita diferenciación de concepciones naturales, ni en la imposición de los derechos de unos sobre los otros, con ocasión a esa perversa discrepancia étnica, religiosa, de subordinaciones y de discriminaciones de grupo, porque precisamente ello es lo que sigue descontextualizando el consenso de opiniones y la enorme confrontación de los mal llamados sectores.
De ahí que, la problemática principal, reside desde la constitución de los partidos en las regiones, en las formas como las maquinarias regionales a través del cacicazgo de unos pocos, distribuyen los avales desde el centro, no para favorecer candidaturas con opciones propias de las comunidades con disímiles orientaciones, sino con fines de recaudo electoral en favor de candidatos foráneos, como siempre ocurre en los municipios donde es limitado el liderazgo, o existiendo, recurren a la negociación de espacios y contratos por un numero plural de votos, sin respuestas posteriores en la expresión de colaboración política a base de compra.
Entonces así, la reforma no debe estar dirigida a aprovisionar más curules, ni en aumentar el grueso de la nómina legislativa con los propósitos con que escasamente sirven de sustento para incentivar más la reciprocidad de intervención democrática, sino en reformando las maneras en que algunos parlamentarios desde las asociaciones partidistas, conceden las condiciones de inclusión en las listas cerradas y abiertas, sin que, adicional a ello, existan mayores exigencias a la hora de aportar pólizas y votaciones para conformarlas.
Igualmente, sería más equilibrado que desde la circunscripción nacional, se restará significativamente con lo que se pretende aumentar en reforma – no en 12, sino en 30 -, verificando la mayor fortaleza que algunos candidatos y/o elegidos tienen para engranar sus campañas políticas frente a otros desde la circunscripción territorial, por cuanto estos últimos en alianzas con los primeros, sostienen la fuerza electoral a cambio de una compensación económica, dándoles mayores ventajas sobre quienes difícilmente podrían acceder en idénticas aspiraciones, como en Salamina – Magdalena, donde muchos congresistas de otros departamentos, sacaron entre 2.000 y 10.000 votos, y hoy con la enorme erosión que sufre la famosa Vía de la Prosperidad, esos mismos que llegaban con infinitas promesas, ni se les ve y ni se les conoce.
El Congreso, y en especial algunos parlamentarios, le siguen debiendo al país verdaderas reformas en el largo plazo, olvidando su protagonismo en estos de tiempos de crisis, descuidando el ahorro institucional y los temas más cruciales en materia de empleos, lo cual es necesario, como se ha insistido en múltiples ocasiones en este espacio, la invitación a las empresas y/o multinacionales que están cerrando en otros países por la asfixiada ideologización de la política económica, concibiéndoles estímulos tributarios a 10 años con su llegada, con personal nacional y explícitos descuentos en parafiscales entre más trabajadores contratados de diferentes edades, sin acudir a esa maquiavélica formula de la renta vitalicia o subsidiaria que le sigue pasando facturas a los países desarrollados por la inmigración y la inconsecuente inseguridad.
De la misma forma, olvidan su responsabilidad política, cazando peleas con el gobierno, retrasando aún más la necesaria y urgente reforma de unificación pensional, del sistema educativo, de la salud y laboral.
Bien decía Mahatma Gandhi: “Aquellas personas que no están dispuestas a pequeñas reformas, no estarán nunca en las filas de los hombres que apuestan a cambios trascendentales”.
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Con mucha tristeza recibo la noticia del sensible fallecimiento del Dr. Horacio Serpa Uribe, con quien en el pasado, en nuestro paso por las juventudes liberales, pudimos conocer de su persona y de su gran talante, de sus aspiraciones, de sus enormes principios, de su inmenso sacrificio y amor por la política.
A doña Rosita, Sandra, Rosita y a Horacio José Serpa Moncada, mis extensivas condolencias.





