¡Se están inventando el agua tibia!
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¡Se están inventando el agua tibia! Columna de José Ignacio Lombana Sierra Clic para tuitear
Luego de la euforia que cualquier certamen electoral provoca entre quienes tomaron o no tomamos parte, por la razón que sea, hay que aproximarse con serenidad y algo de sindéresis a la lectura de los resultados.
Es evidente que ningún colombiano, y en general, ninguna persona de bien, educada con unos principios y valores mínimos, jamás estaría de acuerdo con la corrupción. Y para saber eso, no se necesita despilfarrar el erario en consultas insulsas e inanes jurídicamente hablando.
Pasados los días, y viendo las reacciones que provocó el resultado de la fallida consulta anticorrupción, estoy convencido, de que, hasta el momento, solamente hay dos ganadores en todo esto, y por más que pueda parecer contradictorio, son antagonistas: el presidente Iván Duque y los corruptos.
En efecto, el presidente Duque, “duélale a quien le duela”, ha demostrado independencia, capacidad de liderazgo, y, sobre todo, el no querer gobernar sin mermelada, principal fuente de corrupción. Ojalá y logre gobernar sin puestos a dedo y pueda hacer realidad el sueño de la tecnificación y profesionalización del Estado, lo que significa sencilla y llanamente: eficiencia y eficacia.
En este orden de ideas, el presidente logró lo impensable hasta hace poco tiempo, y fue reunir en el Palacio de Nariño, como solamente un líder lo puede hacer, a todos los sectores políticos para hacer ese gran pacto por Colombia que en materia anticorrupción necesitamos tanto, y en especial luego del gobierno de Farcsantos.
Tal vez sea una buena estrategia el haber sentado a la mesa señor presidente, al representante de una de las sanguijuelas del erario más corruptas y beneficiada del otrora régimen Santos, el bandido de Timochenko y sus esbirros, para convertir a quienes se han beneficiado de la corrupción a todo nivel en parte de la solución. Claro que también hay que decir que sentó a la mesa a lo más recalcitrante de nuestra política, de donde pocas personas logran salvarse realmente.
Claro que también hay que decir que sentó a la mesa a lo más recalcitrante de nuestra política, de donde pocas personas logran salvarse realmente. Clic para tuitearCreo que por eso no soy político de profesión, pues creo que el servicio público debe ser una vocación, no una profesión, empleo o forma de ganarse la vida, sino que debe ser es una forma de vida desinteresada. Tal vez por eso, soy un simple abogado litigante, que seguramente por su juventud aún cree en la justicia, y le vibra el pecho cuando relee los mandamientos del abogado escritos por el maestro Couture.
Le admiro señor presidente, pues eso debió ser como estar invitado a comer a la cueva de Alí Baba en su propia casa, y por eso es Usted ganador.
Pero su victoria, si las cosas avanzan en la dirección que proponen tomando como punto de partida los aspectos debatidos en la consulta anticorrupción, será pírrica y para enmarcar.
Los penalistas, solemos hablar de lo que se denomina por algunos importantes doctrinantes foráneos y propios como el derecho penal promocional, que no es otro que esas promesas de penas de prisión perpetua o incluso de muerte para unas u otras conductas delictuales que según el momento histórico que estemos viviendo nos parezcan más graves que otras. La creación de nuevos delitos; la reducción de beneficios, la famosísima y tan en boga responsabilidad penal de las personas jurídicas, y un millar de etcéteras típicos de promesas de campaña, cuya lista abarcaría centenares de páginas y no terminaríamos nunca.
Hablar de sanciones ejemplares y demás siempre será lo políticamente correcto en un discurso, valga la redundancia, político. Pero no confundan señores políticos hacer política en los términos en que Ustedes están acostumbrados a ejercer su “profesión”, con construir o diseñar la política criminal de un Estado. Eso es otra cosa, y les ha quedado desde hace mucho tiempo grande y ahora quieren inventarse el agua tibia, porque pretenden obtener cambios o resultados diferentes haciendo exactamente lo mismo que vienen haciendo.
Pero no confundan señores políticos hacer política en los términos en que Ustedes están acostumbrados a ejercer su “profesión”, con construir o diseñar la política criminal de un Estado. Clic para tuitearColombia es un país extremadamente legalista. Acá tenemos leyes o normas para casi todo. Luego el problema no es la falta de instrumentos jurídicos en los diferentes ámbitos.
Nuestro problema tiene dos aristas fundamentales: a quiénes le aplicamos las normas, y quiénes las aplican.
De nada sirve tener un extensísimo Código Penal, de hecho uno de los más prolijos en delitos que hay en el mundo y uno de los más reformados, cuando no contamos con un adecuado sistema de persecución y enjuiciamiento criminal que ponga a los criminales en los estrados judiciales, donde muchas veces está el otro problema, y eso también hay que decirlo.
Pero hay que ir más atrás. Antes del delincuente está la persona, el ser humano. Es muy fácil pensar que el problema se resuelve persiguiendo al delincuente, para hacerle es el quite al fondo de la discusión, y es que nos ha quedado grande como Estado, como Sociedad, como Nación, prevenir el delito.
La prevención del delito no es simplemente creer en la función de prevención general positiva o negativa de las penas y ya está. Es decir, al mejor estilo del padre que corrige a su hijo y le advierte de lo que le puede suceder si comete una falta o desobedece sus instrucciones. No.
Es decir, al mejor estilo del padre que corrige a su hijo y le advierte de lo que le puede suceder si comete una falta o desobedece sus instrucciones. No. Clic para tuitearLa prevención del delito debe ser la que lleve el mayor esfuerzo del Estado, y eso no es otra cosa que inversión social. Educar a los niños, protegerlos, que puedan ir al colegio sin hambre. Que los seres humanos sean tratados como lo que son: seres humanos cuando deben acercarse al sistema de salud, lo que cualquier persona hace justamente en el estado más vulnerable en el que puede estar alguien: enfermo. En fin, podríamos hacer otro interminable de etcéteras de situaciones de vulnerabilidad de nuestra sociedad, en la que están creciendo nuestros niños, nuestros jóvenes, y donde viven adultos que no conocen otra forma de sobrevivir, y creo que jamás acabaría.
Entonces las cosas no están sencillas como que, para disimular el fracaso rotundo en el que estamos en materia de prevención del delito desde las causas sociales básicas que lo generan, y la ineficiencia del sistema judicial para reprimir el delito, la solución sea extender la posibilidad de que un ciudadano esté detenido preventivamente sin juicio ya no uno, ni dos, sino tres o más años, para generar una mayor “sensación” de seguridad.
Los delitos están ya en la ley. Las penas son altísimas en muchos casos, etc. Obviamente el sistema no es perfecto, y admite muchas reformas desde todo punto de vista. Pero lo que he oído y visto hasta el momento, es más de lo mismo, y así el otro ganador indiscutible son los corruptos, pues al final, volvemos al mismo círculo vicioso: tenemos normas, pero nunca “cogemos” al responsable.
No caiga pues, señor presidente, en el juego demagógico ni se deje llevar por cantos de sirena, porque la solución a los problemas en materia de corrupción no está en el Código Penal, si ese Código no es aplicado con eficiencia, eficacia, y, sobre todo, por persona probas. Y la probidad no se aprende en la universidad o en la misma práctica, pues los conocimientos técnicos, cualquiera los adquiere. La honestidad comienza en la educación que el niño recibe en la casa. Uno no es más o menos honesto. Se es o no se es honesto. Y eso, no es un asunto de haber nacido en cuna de oro o a la vera del camino durante un día de jornal en el campo, o sorteando la dureza de las calles de nuestras ciudades. Nuestras clases menos favorecidas, todo el tiempo nos dan lecciones de que ello es así.
La represión del delito es inevitable lastimosamente. Pero no hay duda de que, si invirtiéramos nuestros esfuerzos en prevenirlo adecuadamente, y no estuviéramos inventando el agua tibia, la cosa sería diferente.
Necesitamos una reforma del Estado transversal y a todo nivel, que llegue a tocar las fibras más sensibles de la sociedad, para comenzar a cambiar como Nación, y a prevenir realmente el delito. Clic para tuitearNecesitamos una reforma del Estado transversal y a todo nivel, que llegue a tocar las fibras más sensibles de la sociedad, para comenzar a cambiar como Nación, y a prevenir realmente el delito.
De quién aplica las normas hablamos en la siguiente columna, cuando el agua se enfríe o se caliente un poco más.
