Se acabó Sodoma, pero faltó Gomorra

Juan Camilo Vargas

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@JuanCVargas98

Hace pocos días conmemoramos ocho años desde la Operación que diera muerte a uno de los criminales más perversos, inhumanos y macabros que ha visto nuestro País. Un logro que se le atribuye al mandato del ex presidente, el ilegítimo Juan Manuel Santos, pero que venía planeándose con meses de antelación durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. En una operación histórica que demostró la grandeza y la capacidad de nuestras Fuerzas Militares se acabó con esa Sodoma de la criminalidad y la coca, de los secuestros y las extorsiones; se le dio un golpe estratégico a las FARC y entendieron que no podían recuperarse.

El 2010 fue el año que partió en dos la historia reciente de Colombia, el año que marcó el inicio de una década nada fácil y llena de altibajos para la Patria, donde el futuro dejó de ser previsible y cualquier cosa podía suceder. De nada sirvió haberle puesto fin a Sodoma cuando, el Gobierno Nacional, con la otra mano, la de la «paz», alimentaba a Gomorra y a sus criminales. Mientras que celebrábamos el éxito de las operaciones militares y la «derrota» táctica de la insurgencia, ellos se fortalecían políticamente y daban los primeros pasos en su aplicación plena de la combinación de todas las formas de lucha.

De nada sirvió haberle puesto fin a Sodoma cuando, el Gobierno Nacional, con la otra mano, la de la «paz», alimentaba a Gomorra y a sus criminales. Clic para tuitear

No se puede entender a Gomorra como los rescoldos de la guerrilla criminal, ni siquiera como el brazo político que hoy legisla en nuestro Congreso Nacional. Gomorra es el crisol en el que se unen la insurgencia, la sumisión de los altos mandos y el comportamiento servil de las Fuerzas Militares, el egoísmo político de los personalismos y la corrupción estatal para causarle detrimento a nuestra Patria. Gomorra son todos los males que aquejan a Colombia y que, pudiendo prevenirse, son ignorados por el pueblo y sus gobernantes.

Querer explicar los problemas que heredó este Gobierno sólo puede hacerse a través del entendimiento de la debilidad institucional que reinó por ocho años. Es la misión de Duque y su Gobierno completar la tarea y ponerle fin a la otra ciudad que le hace daño a Colombia. Un Estado fuerte y riguroso, pero sin burocracia, gobierno central pero que sea más reflexivo con las autonomías regionales, una nueva cúpula y Fuerzas Militares con la moral y la mística necesarias para derrotar al enemigo.

De manera que celebramos haber acabado con uno de los bandidos más pérfidos en el País hace ocho años, pero deberíamos estar en el frente de la lucha haciendo lo propio con los terroristas restantes. No es sólo la victoria militar sobre los abundantes grupos ilegales en Colombia, sino una completa cruzada nacional contra la corrupción, la mermelada, el narcotráfico, la justicia que se subasta y una corte al servicio de la beligerancia izquierdista que por años trató de tomar el poder por la vía revolucionaria.

Ocho años después de bañarnos en la gloria militar, no podríamos estar más lejos del País que soñábamos tener cuando escuchamos esta noticia en aquel entonces. Tiene el Presidente Duque cuatro años para demostrarle a esta Patria que se puede retomar el rumbo, tiene en sus manos glorificarnos o condenarnos; le corresponde al presidente acabar con Gomorra o seguir festejando las ya pasadas glorias de Sodoma.

Tiene el Presidente Duque cuatro años para demostrarle a esta Patria que se puede retomar el rumbo, tiene en sus manos glorificarnos o condenarnos; le corresponde al presidente acabar con Gomorra o seguir festejando… Clic para tuitear

 

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