Santos y la amenaza del terrorismo urbano

Robert Posada Rosero
El “Nobel de Paz” le debe muchas explicaciones al país, entre otras cosas no parece casual que durante su gobierno se haya deslegitimado a la Policía y al Ejército, instituciones que hasta entonces gozaban de muy… Clic para tuitear

Observando impotente la destrucción de Colombia y aún sin asimilar la sinrazón que ocasionó las innumerables muertes de jóvenes y policías que se hubieran podido evitar, hay una frase que retumba en mi cabeza, tan fuerte como los estallidos que se volvieron comunes en la última semana: “Farc están preparadas para la guerra urbana si fracasa proceso de paz”.

La frase pronunciada el 16 de junio de 2016 por el expresidente Juan Manuel Santos, se vuelve más vigente que en el mismo momento en que la lanzó al país como advertencia si no se aprobaba el plebiscito con el que buscaba darle legitimidad a los acuerdos espurios que firmó con ese grupo narcoguerrillero bajo el auspicio de los Castro en La Habana

«Tenemos información amplísima de que ellos están preparados para volver a la guerra y la guerra urbana, que es más demoledora que la guerra rural», dijo Santos en Medellín, donde participaba en el Foro Económico Mundial para América Latina.  Hoy constatamos con dolor la fuerza de su advertencia, o amenaza, algo que está en mora de aclarar.

Si bien, los medios capitalinos se afanaron a deslegitimar la estrategia de la llamada “Revolución Molecular Disipada”, es imposible ignorar que lo sucedido en Colombia y en otros países de Latinoamérica no se enmarca en ese contexto, y aceptar sin chistar, como piden algunos, que se trata solo de paranoia, es francamente negarse a ver la realidad.  

La teoría de la “Revolución Molecular Disipada” se refiere a la estrategia del “proceso revolucionario” que se hizo celebre en Chile y que se inspira en la escuela francesa de ‘La Deconstrucción’, modelo que plantea una nueva manera de como la izquierda en general puede llegar al poder, con base en una fuerte dosis de rebeldía y de crítica al sistema social imperante.  

Este fenómeno plantea la tesis que se debe cortar el flujo de la normalidad, es decir, lo que todos nosotros hacemos todos los días normalmente porque estamos acostumbrados a vivir en una sociedad que funciona relativamente bien, pese a las diferencias sociales, los problemas económicos y las crisis permanentes propias de un Estado normal.  

El objetivo, a través del uso de la violencia es cortar los medios de locomoción y transporte, saqueos al comercio, incendio de edificios y destrucción de símbolos históricos, y con ello evitar que los ciudadanos puedan hacer el día a día normal, por medio de ataques coordinados y simultáneos que tienen como fin causar un colapso en las ciudades.   

Esta estrategia tendría tres fases: la primera, que es en la que está Colombia, es la Fase del Escalamiento, que se traduce en un escalamiento de las acciones de violencia, la cuales van a ser continuas en el tiempo y van subiendo de nivel, desde acciones vandálicas pequeñas hasta lograr objetivos más grandes.

La segunda, es la Fase de Copamiento, después de una o dos semanas la Policía se va a ver copada y sin capacidad de respuesta por el cansancio acumulado, agotamiento de recursos y la desmoralización causada por los ataques jurídicos y mediáticos, mientras avanzan con la arremetida simultánea del terrorismo urbano.

Finalmente, está la Fase de Saturación, cuando el sistema entero se satura, se desborda porque no hay Estado de Derecho, dando lugar a enfrentamientos entre ciudadanos. Toda una estrategia para la que los gobiernos no están preparados, lo que los lleva a cometer todo tipo de errores que son capitalizados por los instigadores de los “desordenes”.

No se requiere ser un experto en nuevas teorías de la revolución para concluir que el escenario que describe el modelo de la “Revolución Molecular Disipada” se ajusta de manera precisa a la actual situación que vive Colombia, así los teóricos e “intelectuales” de izquierda y los medios de marcada ideología izquierdosa, quieran negar esta teoría descalificándola como simple paranoia de mentes fascistas.   

Ante la falta de argumentos de peso para convencernos de su tesis, surgen varios interrogantes, como por ejemplo, por qué el gobierno Santos teniendo “información amplísima de que ellos (guerrilla) están preparados para volver a la guerra y la guerra urbana, que es más demoledora que la guerra rural», no hizo nada al respecto, o simplemente ¿Comulgaba con ese plan B por si se malograba su acuerdo espurio?

El “Nobel de Paz” le debe muchas explicaciones al país, entre otras cosas no parece casual que durante su gobierno se haya deslegitimado a la Policía y al Ejército, instituciones que hasta entonces gozaban de muy buena aceptación ante la sociedad colombiana, un cambio de percepción muy conveniente con miras a la confrontación que hoy nos plantean Gustavo Petro y sus amigos del “Pacto Histérico”.   

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 46 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.
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