Hoy Colombia está en grave peligro, nunca antes se había aproximado tanto a la presidencia de la República un sujeto de la moralidad – vale decir, poca moralidad – de Gustavo Petro. Es la nación toda la que está ad portas de recibir una puñalada que puede ser mortal, una eventual presidencia de Petro constituiría la imposición de un modelo que ha matado a millones de personas en el mundo.
No escribo esta columna con el ánimo de criticar a la persona de Gustavo Petro, sino como un deber imperativo de un colombiano joven que quiere a su patria y que la quiere defender de discursos populistas y fracasados. Escribo esto porque me siento en la obligación moral de advertir desde esta humilde pero valiente tribuna los peligros de un modelo asesino de inocentes.
En los últimos meses la izquierda radical de este país se ha empeñado en ir construyendo una agenda de gobierno denominada “pacto histórico” el cual busca la reestructuración de la nación, busca eliminar lo que conocemos, busca la eliminación de la estructura institucional, atropellando la ley y la Constitución. La izquierda lo que quiere y lo está buscando mediante engaño es la refundación de la República.
Hemos tenido que sufrir durante muchos años, siglos, en los cuales valientes colombianos dejaron su sangre en los campos por la libertad, la democracia y la República, murieron soñando con un país de todos, donde se respetara la libertad individual y se garantizara la libertad de trabajo.
La historia de Colombia a través de más de dos siglos de experiencia ha sido muy turbulenta, construir la República de Colombia constituyó varias guerras civiles, en donde entre colombianos nos matamos, una historia que, aunque fuerte la hemos ido superando a expensas de quienes todavía utilizan las armas como forma de hacer política.
Pero, ¿por qué hablamos de esto?, si el peligro no son las guerras pasadas sino la guerra ideológica que han estado promoviendo sujetos que empuñaron las armas. El peligro latente en Colombia empezó cuando un gobierno que traicionó la voluntad popular se “bajó los pantalones” en frente de un grupo terrorista y narcotraficante y les dio vía libre para que ocuparan cargos dentro del Estado.
Sin lugar a dudas el “pacto histórico” del que habla tanto la izquierda radical necesita del adefesio firmado en La Habana para poder gobernar y en consecuencia de los asesinos que hoy se sientan en el Congreso de la República. Colombianos, ¿en verdad creen que un país gobernado por lo peor de una sociedad, aquellos que empuñaron las armas como discurso político matando a los propios colombianos puedan gobernarnos?, yo digo, NO.
Lo que está en juego, no es simplemente una elección presidencial, lo que corre peligro es toda Colombia, el pacto de la maldad, que algunos le llaman histórico busca el reflejo de lo que es hoy Venezuela, y no estoy hablando con frases rebuscadas o frases de campaña, es una realidad y debemos considerar este escenario. Hablo de esto no por pertenecer a un grupo o partido político, sino como ciudadano, que quiere a la patria, así como millones de colombianos.
Le han hablado al pueblo colombiano aprovechándose de sus necesidades, le han hablado a los colombianos considerándolos un rebaño que a estado mal pastoreado, le han dicho a los jóvenes que el Estado los ha maltratado y los invitan a la calle a hacer desorden y atacar los bienes ajenos, han difamado al mismo colombiano diciéndole todos los días que somos responsables de lo que ellos hicieron, nos han culpado de la tragedia de guerra que grupos ha hecho; la transferencia de culpa es para ellos el “argumento” con que justifican sus crimines. Lo anterior es la base de lo que llaman pacto histórico.
Llaman pacto histórico para camuflar su verdadero nombre, el proyecto socialista del siglo XXI, que significa prometerlo todo y al final de cuentas no cumplir con nada, se ayudan de una retórica populista que engaña incautos y su objetivo es cercenar desde lo más profundo la institucionalidad. Ha sido este proyecto populista y destructor de la humanidad el discurso y la base discursiva de quienes han odiado toda su vida la sociedad.
Pero todavía hay esperanza en esta patria, no está perdido nada, porque hoy la nación, aunque con una amenaza latente tiene colombianos, la inmensa mayoría, que están dispuestos a defender la democracia y la institucionalidad. Los jóvenes, mi generación tiene la mayor responsabilidad y el mayor protagonismo en estas próximas elecciones, nuestro deber será proteger nuestro país, no solo por nosotros, sino por las generaciones futuras.
No condenemos a las nuevas generaciones al hambre, la miseria, la necesidad, a la falta de educación, la falta de salud, la falta de oportunidades, no condenemos al futuro de Colombia al castigo de la humillación.
No condenemos a las nuevas generaciones al hambre, la miseria, la necesidad, a la falta de educación, la falta de salud, la falta de oportunidades, no condenemos al futuro de Colombia al castigo de la humillación. Clic para tuitear




