Pequeños y grandes burócratas crecen, lamentablemente, nos impiden avanzar más rápido

Martín Eduardo Botero

Martín Botero

En mi opinión, hemos desplegado demasiada burocracia y tecnocracia como fórmula de gestión y no la suficiente hacia la política. No es posible reconstruir la Colombia en un vacío político, donde el verdadero poder incumbe a un puñado de funcionarios sujetos a influencias políticas y factores de riesgo, que no tiene razones políticas sino necesidades, no partidista o teóricamente neutral, pero muy atenta a los miles de grupos de presión y completamente sorda a las expectativas legítimas de la comunidad o el pueblo colombiano en su conjunto.

El hecho de que una tecnocracia se ejerza con el acuerdo tácito de una asamblea parlamentaria no cambia la naturaleza de dicha tecnocracia. Del mismo modo que no existe ninguna dictadura buena, tampoco existe ninguna buena tecnocracia. Creo que el mayor peligro en este momento para la democracia es la tecnocracia asociada a los intereses económicos.

Me temo que la participación de la ciudadanía quizás esté menos de moda que la tecnocracia como fórmula de gestión; se está acelerando hacia la construcción de un país gobernado por una tecnocracia apátrida cuyo rumbo será el que le dicte la finanza internacional.

Colombia necesita que se sacuda de la carga de la burocracia y la tecnocracia clasista, de los especialistas técnicos elegidos por su prestigio y de acuerdo con sus habilidades técnicas o expertos burócratas con su pretensión de grandeza, de poder y de fuerza que prevalece sobre la preocupación por el bien común, que es la principal culpable del alejamiento, distanciamiento o separación entre el pueblo de Colombia y las instituciones. Este sistema jerárquico, e incluso clasista, de los pequeños y grandes tecnócratas y burócratas es insuficiente para hacer frente a los desafíos sociales que debe afrontar el país, por ejemplo, entender la complejidad de la situación política imperante y cuál será la acción correcta para seguir; enfrentar importantes plazos económicos o situaciones de emergencia o llevar a cabo algunas reformas impopulares pero indispensables. Por su naturaleza, implican un debilitamiento de la representación democrática y presenta grandes límites y deficiencias a la hora de tomar las grandes decisiones políticas. Incapaz de ofrecer directrices e instrucciones, adoptar y ofrecer respuestas adecuadas. Por su debilidad, su escasa representatividad y la relación —generalmente de dependencia— que les une a los partidos políticos.

Restablecer la confianza entre el Estado y sus ciudadanos, en virtud de la cual el Estado garantizará a los ciudadanos todos sus derechos y libertades sociales, económicos y políticos significa dar a los habitantes una idea clara de los objetivos y de los poderes de las distintas instituciones; explicar las políticas en términos claros y sencillos y tratar de que puedan ser debatidas públicamente y de que todos los ciudadanos puedan participar, es decir, contar en los asuntos públicos y no sólo ser contados en las encuestas de opinión y en las elecciones. Unas directivas más claras y más comprensibles sobre a dónde se quiere ir y las reglas que supervisan la acción de todos y cada uno, por la que se puede pasar de las palabras a los hechos, resistente y capaz de soportar sacrificios sabiendo muy bien que el bien individual sería beneficioso para la comunidad, y viceversa, en un juego de suma positiva. “Debemos tener la visión necesaria para planificar y el coraje para actuar de una manera que sea compatible con nuestras obligaciones morales, éticas y humanas respecto de nuestros conciudadanos, que hoy es inversamente proporcional al énfasis puesto en recordarlo”. El concepto de calidad de vida de los ciudadanos estará cada vez más vinculado a la austeridad y la responsabilidad política, a la preparación, imparcialidad y responsabilidad no en percepciones o para satisfacer intereses económicos inmediatos y torpes ambiciones de poder. La mejor gobernanza sería una mejor transparencia, con gente desinteresada y atenta al bien común, capital humano competente, ejecutores de calidad con un fuerte sentido de misión pública y amplia experiencia política o administrativa a sus espaldas, una mejor comunicación, una mejor participación, un método de coordinación más abierto, tender puentes de unión entre el gobierno y su electorado, etcétera Se trata de modificaciones de comportamiento de las instituciones públicas, que, ciertamente, son deseables, pero que su efecto seguirá siendo marginal si no se inscriben en un cambio profundo de las relaciones de fuerzas en el seno del equilibrio institucional. No se trata de tirar la cruz a tal o cual personaje de hoy, sino de considerar el ambiente general que se respira y el aire que sopla hoy en un momento crucial para el futuro de la nación, sus familias, negocios y las tan celebradas nuevas generaciones. La reconstrucción del edificio de este hermoso país debe ser obra de un gran estadista, no de políticos que actúan con la vista fija en el horizonte de las próximas elecciones, sometidos al corto plazo y a la tiranía de las encuestas. Yo deseo una Colombia europea y democrática, donde los que tengan verdaderamente la palabra sean los ciudadanos, y no los burócratas avejentados y no elegidos, y que hay que incrementar la responsabilidad democrática.

Leonardo da Vinci escribió con enorme lucidez que cuando un navío está en peligro de zozobrar, lo único que importa es lograr permanecer a flote; y no hay a bordo ni ricos ni pobres, ni mujeres ni hombres, ni jóvenes o viejos, ni blancos o negros. Sólo hay pasajeros que hacen frente a un destino común donde compartimos un mismo riesgo e idéntica esperanza en el que todos viajamos.

Amén.

 

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Martín Eduardo Botero
Acerca de Martín Eduardo Botero 94 Articles
Abogado Europeo inscrito en el Conseil des Barreaux Europèens Brussels. Titular de Botero & Asociados, Bufete Legal Europeo e Internacional con sede en Italia y España. Letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Presidente y fundador de European Center for Transitional justice y vicepresidente en la Unión Europea de la Organización Mundial de Abogados. Graduado en Jurisprudencia por la Universidad de Siena (Italia) con Beca de Honor y Licenciado en Derecho por la Universidad Católica de Ávila (España). PhD en Derecho Constitucional Europeo por la Universidad de Bolonia con Beca de estudio del Ministerio de Exteriores italiano y la Unión Europea. Colabora con universidades, institutos de investigación especializados y organismos de la sociedad civil en los programas de cooperación jurídica y judicial internacional. Consultor Jurídico independiente especializado en anticorrupción. Su último libro lleva por título “Manual para la Lucha contra la Corrupción: Estrategia Global: Ejemplos y Buenas prácticas”.