No es que los discursos populistas de que pague el que más tiene sirvan de sustento para la problemática adquisitiva que presentamos. Clic para tuitear
Los revoltosos del territorio creen que la única salida es hacer «paro» que normalmente deja estragos por donde pasan las incontables marchas nada pacifistas donde los más afectados, o los únicos, terminan siendo los comerciantes y gente del común que realmente calculan milímetro a milímetro las medidas que adopte el gobierno porque repercutirán indudablemente en su calidad de vida, es así que la mayoría de voceros salió en defensa de la clase media con propuestas lógicas pero despóticas que se presentan en la reforma tributaria sobrecargando a la única parte de la población que hace un esfuerzo notable por mantener la economía a flote. Negados rotundamente a llamar Senadores a «ex-integrantes» de grupos terroristas y aceptar como congresistas a aquellos que promueven un paro nacional indefinido, como insta Gustavo Bolívar, conociendo la recesión que vive no solo Colombia sino países con los cuales comercializamos.
Y no es que los discursos populistas de que pague el que más tiene sirvan de sustento para la problemática adquisitiva que presentamos, indudablemente suman más 15 millones de personas aportando un 19% extra que 8 millones de personas aportando sumas que serían insostenibles para sí mismas. El sentido de todo esto es que se benefician quienes distorsionadamente vociferan que son ellos quienes no tienen de dónde pagar, argumentando que gravar a las grandes empresas será el Robin Hood de la industria nacional a sabiendas de la lógica productiva de la oferta y la demanda que sostiene millones de empleos que conforman una fuerte clase media completando un ciclo brillante de la economía.
Para ser más exactos, la protesta ignorante que se hizo ver en redes sociales demostrando el descontento de subsidiar monetariamente empresas como Avianca, aludiendo que son « ricos » y que no necesitan ayuda o que si se insolventaban no se verían afectados sus propietarios, si hubiese sido escuchada y tuviéramos como gobernantes -el cielo no lo quiera- a muchos mamertos izquierdosos, para el día de hoy los propietarios de Avianca se encontrarían ejerciendo su actividad económica alrededor del mundo, excepto en Colombia claro, y cerca de 19.000 habitantes del país, trabajadores en Avianca, estarían pasando graves situaciones de pobreza, sin contar los otro cincuenta millones de habitantes que estarían correlativamente afectados por una decisión adoptada con resentimiento, poca inteligencia y escasa habilidad -como ahora el diccionario de Oxford define el término mamerto-.
Estólidamente Criselda Lobo, conocida como Sandra Lobo o Sandra Ramírez, excombatiente de los terroristas FARC y que ahora denigrantemente hace parte del congreso de Colombia, al igual que Gustavo Bolívar, pérfidamente usa la excusa de que el gobierno solo ayuda a los ricos para seguir convocando un paro nacional que además de poner en riesgo la vida de miles de personas exponiéndose al contagio del virus mantiene en jaque la economía de los mismos que como borregos correrán a las calles.
Otra cosa muy diferente son los alivios financieros que dispuso el gobierno para mitigar las pérdidas monetarias de personas naturales y jurídicas respecto del manejo que dieron los bancos al ser los mediadores y veedores de quiénes eran propicios para dichas ayudas. Hacer control natural del presupuesto es una cosa y mantener el resentimiento de que la culpa siempre es de los ricos, es otra. Esta última indiscutiblemente también se conoce como populismo y es utilizado única y exclusivamente para mantener ignorante a la gente mientras los cambios significativos se dan a conveniencia de quienes convocan las marchas.
La reforma tributaria no es solo un disfraz de solidaridad es un requerimiento necesario para todos en el país, no obstante los cambios que se produzcan sí deben ser monitoreados, como lo ha expresado recientemente el partido Centro Democrático, que a pesar de ser partido de gobierno, se ha opuesto rotundamente a propuestas como el gravamen a pensiones, a los servicios públicos domiciliarios -que además ya cuentan con otras imposiciones fiscales para subsidiar los estratos 1, 2 y 3 sobre una tarifa del 20%, que sería mayor al IVA del 19%-, a un internet con IVA (que se ha vuelto un servicio básico y principal globalmente), entre otros.
En el mismo sentido, la propuesta de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia -ANDI- que toca sus propios intereses haciendo un detalle juicioso y coherente respecto a impuestos establecidos que con ocasión a la pandemia han disminuido en favor de ciertos sectores para coadyuvar su carga económica, sin embargo manifiestan que podría ser el momento de volver estos a su estado inicial compartiendo un sostenimiento económico para todos.
Varios sectores confluyen en que cambiar de denominación unos impuestos a otros, como sería pasar de excluidos a exentos al fin y al cabo se recarga sobre un sector que tarde o temprano no va a ser capaz de llevar la carga en sus hombros, por ende todo el tema sigue siendo objeto de estudio. Lo último que deberían hacer los « defensores del pueblo » debería ser usar discursos baratos que incentivan el odio entre las mismas personas que serán afectadas con una mala reforma tributaria. Lo que sí deberían hacer es compartir propuestas coherentes en temas puntuales y álgidos que beneficien al país. Empezando porque los altos índices de contagios del Covid-19 siguen generando una sobrecarga económica para el estado que a la final subsidia con los mismos impuestos por los que hoy convocan a un paro indefinido y si habiendo existido cierres premeditados y organizados, en varios departamentos y municipios, en pro de la protección individual y de la vida humana, han dejado graves secuelas en el mercado, por ejemplo, recientemente habitantes de Bogotá se manifestaron mediante marchas y convocatorias contra las medidas que Claudia López ha llevado a cabo en su ciudad y que todos alrededor del país conciernen, cómo devastará un paro indefinido que a la vez trae contagios, desmanes y más cierres económicos que el país no soporta.




