Parias
@ARosalesU
Parias Columna de Andrés Rosales U Clic para tuitear
En plena resaca del mundial de fútbol, varias noticias desatendidas durante un mes entero lo devuelven a uno a la realidad.
Una de ellas es la crisis en Nicaragua. Lo de Nicaragua es la misma historia de varias de las experiencias de izquierdas en latinoamérica en los últimos tiempos: un tirano queriendo perpetuarse en el poder y arruinando al país. Con montones de muertos que pone el pueblo, víctima del gobierno y sus cuerpos armados oficiales y extraoficiales. Con intentonas de promoción de dialogo nacional y otra serie de argucias para distraer a la opinión y al pueblo. La misma novela de Venezuela desde hace años.
La triste historia de la izquierda latinoamericana en el poder es la de arruinar países y convertirlos en parias.
La triste historia de la izquierda latinoamericana en el poder es la de arruinar países y convertirlos en parias. Clic para tuitear
Ya Fidel Castro dejó un legado en Cuba elaborado por 50 años: una isla muerta de hambre, un pueblo reprimido y oprimido. 50 años, más 10 de le era postfidel, de anacronismo político y económico, para terminar ahora reformando la constitución introduciéndole cambios sustanciales: eliminar la palabra comunismo del texto constitucional y reconocer la propiedad privada, con la excusa de ponerse a tono con los tiempos. 60 años de discurso contra el capitalismo, para terminan desdiciéndose después de arruinar física y moralmente al país, y de truncar el futuro de varias generaciones de cubanos. Es decir, 60 años perdidos.
En Venezuela, con un régimen tiránico perpetuándose en el poder, la historia de Cuba se repite con algunas variantes, pero con resultados más devastadores. En veinte años, la estela destructiva de la izquierda en el país ha superado con creces los 60 años de desmanes del régimen castrista en Cuba. Esa marcada diferencia tiene que ver con el perfil de los gobernantes. Los Castro, con formación académica y provenientes de una familia acomodada, saben cómo ejercer el poder con brutalidad sofisticada. Chávez y Maduro, dos resentidos de extracción popular y de una formación intelectual bastante precaria, gobiernan tan burdamente como se los permite su vulgaridad y chabacanería.
Bolivia viene por el mismo camino, con un gobernante que cada cierto tiempo se inventa una excusa diferente para no entregar el poder. En Ecuador iba sucediendo lo mismo. El envalentonado Rafael Correa, con 10 años en el poder, ya hacía planes para no entregar el poder, pero no pudo.
Méjico acaba de dar un salto al vacío al elegir al izquierdista López Obrador. Parece improbable que allí se repita un historia como la de Venezuela, por varios factores, el principal de ellos, su vecindad con los Estados Unidos. Eso no significa, sin embargo, que el presidente no acabe con medio país a punta de unas cuantas imbecilidades de izquierdista.
Argentina naufraga nuevamente en una crisis económica heredada del gobierno de la izquierdista Cristina Kirchner. A Brasil, dos gobiernos de izquierda la dejaron en un caos institucional absoluto.
Colombia hasta ahora figura invicta. Se ha salvado de la desgracia de un gobierno de izquierda. Sin embargo, el izquierdista Gustavo Petro, que hasta hace poco aparecía como un riesgo remoto, estuvo muy cerca de ser presidente en la última elección. Obtuvo más de ocho millones de votos, algo impensable hasta hace relativamente poco.
Sin embargo, el izquierdista Gustavo Petro, que hasta hace poco aparecía como un riesgo remoto, estuvo muy cerca de ser presidente en la última elección. Clic para tuitearEl caldo de cultivo de la izquierda petrista es la crisis institucional provocada por la clase política, incluida la de izquierda que a pesar de ser tan corrupta como los políticos liberales y conservadores camuflados ahora en un sinnúmero de facciones de diversas denominaciones, de forma hábil ha sabido lavarse la cara ante la opinión para figurar como una alternativa a la corrupción rampante.
El momento inusitado que vive, también se lo debe la izquierda al gobierno Santos, incompetente para casi todo pero muy efectivo para propiciar el florecimiento de esa ideología fallida. Se dedicó ocho años a regalarle a la izquierda los espacios que nunca tuvo, para allanar el camino de una paz que terminó siendo la claudicación ante un puñado de guerrilleros viejos, derrotados y desesperados en el monte, cansados y enfermos, dispuestos a arrancarle la mano a cualquiera que ofreciera cualquier contentillo a cambio del desarme. Sin embargo, gracias la vanidad de Santos, de proporciones inverosímiles, la guerrilla no solo se ahorró la vergüenza de devolverse del monte bajo cualquier pretexto, sino que puso a Santos de rodillas a suplicarle que firmara la paz.
No hay que engañarse. En el horizonte de Colombia se ve el negro nubarrón de la izquierda y salvo que Iván Duque logre un gobierno excepcionalmente bueno y de verdad haya cambios en el establecimiento, esa tempestad va a estallar y lo que viene después ya lo sabemos de sobra.
