El insólito caso de Beth Thomas, una bebé que con tan solo 19 meses de edad ya era una psicópata.
Beth, con año y medio de vida había sufrido graves abusos sexuales, físicos y psicológicos por parte de su padre biológico, lo que generó en ella conductas psicopáticas como el deseo de abusar y hacer daño a su hermano de siete (7) meses de edad, llegando incluso a querer matar a su hermano y a sus padres adoptivos, como lo confiesa en las entrevistas que realizaba su terapeuta cuando tenía 6 años, luego de que sus nuevos padres evidenciaran los trastornos que padecía Beth. Dirían algunas personas que es inconcebible que un ser tan pequeño e inocente en todos los sentidos, pudiese convertirse en un terrible agresor e incluso en un potencial asesino de su propia familia, no obstante este escalofriante suceso ocurre todos los días.
Este tipo de psicopatía, común ahora en un gran número de niños que han llegado a matar a sus padres, es llamado por las ciencias de la psicología como trastornos de apego primario, así lo describe la doctora Magid, quien trató a Beth y le impartió las terapias necesarias para que después de varios años esta pequeña niña pudiera generar consciencia, amor y confianza, logrando comprender la diferencia entre el bien y el mal, arrepintiéndose de los graves comportamientos que había tenido en contra de su hermano menor con el único fin de hacerle daño recreando los recuerdos de sus primeros meses de vida.
Así, idealmente ha recorrido las redes sociales una imagen, que puede catalogarse como célebre, con ocasión de la triste noticia que conmocionó de nuevo a Colombia con la desaparición de Sara Sofía, una bebé de 2 años de edad, «cuando un niño se reporte como desaparecido, que se pare el país y que sea el compromiso de todos encontrarlo» (Yohana Jiménez, Defensora de los Derechos de los niños); y a medida que transcurre el tiempo la investigación añade más pistas poniendo tras las rejas a la propia madre de Sara Sofía, quien declaró haber arrojado a su hija al río Tunjuelito, en Bogotá.
Sin embargo, la conmoción por la violencia contra cada niño y niña parece ser en vano, la constante agresión que sufren los niños en sus casas tiene consecuencias graves en sociedades enteras que, como Sara Sofía tuvo la desgracia de desaparecer en manos de su madre, o como Beth Thomas que desarrolló este trastorno afectivo producto también de la violencia generada por su padre desde su nacimiento en 1982.
El cuidado a la primera infancia se convierte entonces en una supremacía esencial para el buen transcurrir de la vida y congruentemente el buen comportamiento social pues según sea el apego desarrollado por el niño en sus primeros meses de vida será su proceder cuando sea adulto. El cerebro del bebé procesa un conjunto de emociones y conductas que buscan conectar con sus principales cuidadores, que en la mayoría de los casos son sus padres, convirtiéndolos en personas realmente significativas marcarán su futuro.
Inconscientemente los derechos humanos de los malos padres fluctúan con el buen trato y cuidado de la primera infancia y entre tantos sopesares terminan permitiendo violentar a estos pequeños que aunque son la imagen viva de la pureza e inocencia rematan convirtiéndose en psicópatas a una temprana edad o cuando alcanzan la adultez.
Por lo tanto, los males que tiene el mundo ahora devienen del descuido con el que se ha tratado a la infancia. Esta frase de la líder activista defensora de los derechos de los niños no parece haber paralizado al país. La violencia intrafamiliar figuró en solo cuatro (4) meses en Colombia con 838 casos de violencia intrafamiliar contra menores de edad y 1.125 casos de algún tipo de acoso o abuso, según la Policía Nacional. Lo grave de estas situaciones que se van sumando es la normalidad con la que se asume cada una agregando la ausencia de denuncias e inoperancia de control ante dichas agresiones, los casos reportados ante el ICBF transcurren en trámites angustiosos, pocas adopciones y, por si fuera poco, la corrupción tampoco se hace esperar. Recientemente la Contraloría General de la República reportó otra investigación en contra de los contratistas del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), que alimentaban a 15.000 niños y jóvenes que ya habían sido reportados como fallecidos por la Registraduría Nacional del Estado Civil, en 14 de los 32 departamentos del país. No es normal la vida que se está desenvolviendo en Colombia, es urgente el cuidado y atención a la primera infancia, que así como Beth Thomas en EEUU, el quebranto del apego está dañando gravemente el corazón de los pequeños y evidencia las consecuencias en el aumento de delitos que sigue manteniendo en hacinamiento las cárceles y hace padecer familias enteras al transcurrir fatalidades como las que le ocurrieron a la pequeña Sara Sofía.




