Es necesario que el gobierno siga insistiendo en políticas digitales, propios del e-commerce, como contrachoque de la inusitada quiebra de la industria y el comercio, facilitando la diversificación del mercado y la competitividad. Clic para tuitear
Hace 30 años, cuando se insistía en las nuevas formas de comercialización electrónica, especialmente a través de los portafolios financieros con la bancarización – pasando del talonario a la tarjeta plástica -, no se pensaba que en tan solo unos cuantos meses, tuviéramos que migrar de forma acelerada, producto de los confinamientos, a la obligada forma de acceder a todos los bienes físicos por intermedio de los bienes digitales en un solo click.
Sin embargo, se ha vuelto inentendible la oportunidad que viene brindando el e-commerce en estos tiempos de pandemia frente a la agilización del consumo, como forma de sacar de la crisis a cientos de emprendedores que tienen en cerrojos sus establecimientos.
Para EBANX, grupo financiero internacional y que agrupa a más de 700 negocios en américa latina, con sistemas de pagos y compras a través de distintos canales web, viene señalando que este medio, en su último reporte, que el número de usuarios creció más de un 45% y un margen de 70 millones de personas en línea las 24/7.
Países como Brasil y México, son los que más han facturado durante estas restricciones impuestas, con más de US$103.700 y US$28.100 millones, respectivamente. En comparación con Colombia, donde nuestro mercado no supera la cifra de los US$13.300 millones.
Entonces así, la pregunta que se vienen haciendo muchos analistas es cómo alcanzar estos volúmenes de esos mercados, en comparación con la mínima tasa poblacional que no superan los 48 millones en el caso colombiano, y de encontrar la posibilidad de estar dentro del ranking de ventas de los que hacen la suma módica de los US$ 50 mil y US$100 mil millones de dólares anuales.
En ese orden, pareciera que existieran más respuestas que preguntas, más en estos tiempos, cuando la constitución de una empresa representa más de 17 trámites, los costos laborales, el pago de parafiscales, el IVA, la inversión en el concepto del negocio, pagina web, el manejo de redes y el tiempo que representa sacar de las entrañas de la incertidumbre, el éxito por encima del fracaso.
Si bien el Ministerio de Comercio viene realizando acciones como #ComencemosJuntos para la transformación digital a través de las micro, pequeñas y grandes empresas. No obstante, esa transición está resultando del todo ínfima frente a lo que se tenía proyectado para la potencialización de las ventas y el arribo de la reactivación, lo cual se sigue demostrando que la materialización de préstamos por medio de la banca, los estímulos promocionales y los descuentos tributarios no son suficientes para mantener a flote la unidad productiva.
Asimismo, la Superintendencia de Sociedades viene describiendo, en razón a los procesos de insolvencia que se vienen adelantando, que a corte de diciembre del año 2020, se han llevado a cabo más de 2.449 procesos de reorganización, representando más de $43,2 billones en activos, llevándose consigo más de 126.147 trabajadores, clasificados en los sectores de agricultura, comercio, construcción, manufactura, minería, servicios y personas naturales, es decir, más de 15% del PIB se ha comprometido a lo largo de estos últimos meses, y sin contar los 2000 mil que están en curso, que igualmente representarían alrededor de 20 billones pesos.
La incertidumbre se viene apoderando de miles y cientos de empresarios, no solo en el país, sino alrededor del mundo, por las perspectivas inciertas y la falta de claridad en el manejo de los números que vienen dando los operadores internacionales, producto de las contracciones económicas de los últimos trimestres y de los efectos adversos del desempleo, de los inalcanzables rescates de las nóminas y de los programas sociales, que por cierto, como lo señaló el Departamento de Comercio de los EE.UU., se está produciendo una ruptura del tejido empresarial y del empleo, con consecuencias inevitables hacia la pobreza y con peores presentaciones como ocurrió en la gran depresión del 30.
Ya no hay más maniobras para enfrentar esta dificultad. Las soluciones son y serán siempre las mismas: enfrentar el virus con la vacunación, de lo contrario, de nada serviría masificar el internet gratis para respaldar a miles de estudiantes en las zonas urbanas y rurales, simplificar la creación de empresas, las persuasiones fiscales, las reformas laborales y pensionales, en fin, de nada serviría realizar la estructuración del sistema, cuando está en riesgo la esencia humana, derivado de esa dicotomía entre la salud y la economía.
Es necesario que el gobierno siga insistiendo en políticas digitales, propios del e-commerce, como contrachoque de la inusitada quiebra de la industria y el comercio, facilitando la diversificación del mercado y la competitividad, como nueva fuente de ingresos en la formalización y en la generación de empleo, contrario sensu, estaríamos abocados al fracaso institucional y a la desgracia de una parálisis generalizada de todo el acompañamiento remunerador del rendimiento económico.
Bien decía Heráclito de Efeso, de que la salud humana es un reflejo de la salud de la tierra.




