Asegurar un lugar a las mujeres en los cargos de elección popular, no nos está demeritando, discriminando y mucho menos desvalorando,... Clic para tuitear
Por estos días el nuevo código electoral ha generado polémica por la intención de tener paridad de género en las listas de votación; el argumento más frecuentemente empleado por aquellos que están en desacuerdo es que las mujeres son iguales a los hombres, y que, medidas como estas son innecesarias, además que, discriminan y menosprecian la mujer. Hay que iniciar diciendo que la única diferencia entre hombres y mujeres es hormonal, esa diferencia, hace que los hombres tengan mayor masa muscular y fuerza gracias a la testosterona. Desde los neandertales, la fuerza era la característica necesaria para liderar y tener poder, se necesitaba alguien que cazara y partieran troncos; situación similar ocurrió cuando el hombre se asentó y dejo de ser nómada, se requería fuerza para realizar y liderar los oficios de la época: guerreros, leñadores, agricultores, obreros, pescadores, etc. Actualmente la fuerza no es necesaria para liderar, se requiere de otras habilidades de las cuales poseemos tanto mujeres como hombres, asociado a que la necesidad de fuerza fue reemplazada por la tecnología.
Hay que aceptar que las mujeres de hoy hemos llegado más lejos que nuestras abuelas, muchas de ellas con las oportunidades que nosotras tuvimos de estudiar y trabajar habrían alcanzado grandes metas, y claramente eso es muestra que ha ido disminuyendo la discriminación hacia la mujer. No obstante, no recibimos el mismo trato que los hombres, y continuamos en desventaja frente a ellos, mucho más si trata de cargos que impliquen poder y capacidad de liderazgo.
Hace tres años, el partido político Centro Democrático realizó una contienda por encuestas para definir su candidato presidencial entre cinco miembros del partido, Iván Duque, Rafael Nieto, Paloma Valencia, María del Rosario Guerra y Carlos Holmes; de los cinco la más preparada con una maestría en administración política de Harvard y otra maestría en economía agrícola de Cornell, que había sido Ministra de comunicaciones, Presidente de FONADE y Directora de Colciencias, era María del Rosario Guerra, si hubiera igualdad, el sentido común y la inteligencia habrían hecho candidata del centro democrático a ella, quien además representaba plenamente las banderas del uribismo; sin embargo, fue la primera es salir seguida de Paloma Valencia.
En la otra orilla política sucede lo mismo, según el concepto de moda y buen gusto para vestir; Sergio Fajardo no es precisamente una autoridad, para muchos puede ser catalogado como fachoso o desarreglado; sin embargo, ese no es un defecto para él; el problema lo tiene Claudia López con su estilo de vestir y es quien además recibe las criticas; asociado a que el doctorado en matemáticas de Fajardo pareciera más importante a la hora de gobernar, que la maestría en administración pública y el doctorado en Ciencia Política de Claudia López, pero el candidato a la presidencia fue Fajardo y ella su fórmula vicepresidencial.
Claudia López no es la única que recibe comentarios despectivos sobre su forma de vestir, lo mismo le sucedió a María Juliana Ruiz, quien es abogada con una maestría en leyes con énfasis en negocios internacionales, y actual Primera Dama de Colombia siendo fuertemente criticada por el atuendo que llevaba en una visita a la Casa Blanca, sin importar que papel tuvo, como fue su representación de Colombia, si buena o mala, solo importo el vestido que uso ese día, no sabemos ni que dijo; como si lo único valioso y relevante de una mujer fuera su estilo de vestir.
Fuera de la política hay muchos ejemplos, las mujeres son las destinadas a la cocina y a atender la familia, pero los grandes Chef en el mundo son hombres, las mujeres deben ser tiernas, delicadas y sumisas, porque si hay alguna firme, aguerrida y defensora de sus convicciones y puntos de vista, es amachada o marimacha; las mujeres policías de tránsito tienen fama de amargadas y malas personas si cumplen con su función, los hombres policías simplemente son estrictos u honestos, y existen mujeres presidentas pero no presidentes, pero si hay mujeres estudiantes y no “estudiantes”, se veía tan lejana esa posibilidad que ni siquiera supimos como usar la palabra cuando hizo referencia a una mujer.
Cabe resaltar que el machismo también juega en contra de los hombres: “no pueden llorar porque son niñas”, tienen que conducir perfecto, “sino manejan como mujer”; les toca tener plata para pagar la cuenta, sino “es tacaño o vaciado”, si hace oficios domésticos en la casa, “lo tienen de esclavo” y si la pareja es fea, es pobre “Porque no hay mujer fea sino maridos pobres”
Dicho todo esto, asegurar un lugar a las mujeres en los cargos de elección popular, no nos está demeritando, discriminando y mucho menos desvalorando; es antes un apoyo a que no se repitan comentarios como: “yo no voto por ella, porque es mujer y no va a ganar”; además una forma de disminuir la brecha de género, de visibilizar mujeres que quizás no serían tenidas en cuenta si no existiera ese requisito, de aumentar e igualar las oportunidades de liderar entre hombres y mujeres, de incentivar a las niñas a jugar o disfrazarse de presidente, alcaldesa o senadora, y ser ejemplos para las próximas generaciones de lo grandes que pueden llegar a ser las mujeres.
PD. No les regalen a las niñas ollas, escobas o trapeadores de juguetes, obtén por microscopios, fonendoscopios, o computadores.




