La verdad de Kant, la Justicia Colombiana y Dios.

J. Sebastián Gutiérrez Herrán

La verdad de Kant, la Justicia Colombiana y Dios.

@SebastianGutih1

La verdad de Kant, la Justicia Colombiana y Dios. Columna de J. Sebastián Gutiérrez Herrán. Clic para tuitear

EL uso mismo del concepto de “Verdad” en la lengua que se usara hizo libres las primeras civilizaciones de la historia de la Humanidad y dieron ese paso adelante de manera preliminar ante otras culturas, la practica en sí de dicha idea conlleva a la creación de componentes institucionales dentro de la cultura que permita prevalecer el concepto mismo de Verdad, en las sociedades modernas por ejemplo se puede aclarar que dicha plataforma es la Ley, la Justicia y los diversos mecanismos que permitan sostenerla; Esto era entonces (sin ser preciso en citar, ni ser literal) para Immanuel Kant a mediados del siglo XVIII la manera de estructurar un pensamiento sustancial, claro y lógico para con estas luces abrir los vestigios óptimos de la modernidad; La justicia, la Ley y el Orden, Es allí donde se estructura toda esa teoría de pensamiento lógico entorno a la Verdad. Desde que nuestra Nación-Estado Colombiano  ha emergido los primeros 33 años del siglo XIX  en aras de construir la Republica, ha intentado entonces sobre llevar un sistema Jurídico basado en lo que las verdades Históricas como el choque frente a los ejércitos coloniales Realistas y la conformación de juntas parlamentarias para condicionar normas, códigos y leyes.

La estrecha línea entre lo político y lo jurídico, entre el ejecutivo y el judicial en nuestro país siempre ha sido transversal y de una naturaleza lasciva. Ha tenido momentos de suma lucidez y no es de negar de ninguna manera, pero en esencia es una ley acomodada. Es entonces donde cabe resaltar el papel de la Justicia en Colombia entrado el siglo 21 (XXI) la cual se ha amalgamado con otros elementos que no permiten el dinamismo de un sistema jurídico en el marco de la Democracia, tenemos entonces como resultado un “Leviatán”  amorfo y mutante que no responde a las necesidades sociológicas y jurídicas en sí, propias de nuestro espíritu Nacional. Dicho de otra manera, la Ley es un monstruo que en esencia y en filosofía del Derecho no comprende ni responde ante la sociedad que tenemos. Caso particular y preciso en el contexto del caso del Presidente Álvaro Uribe Vélez, ciudadano ilustre y en alta estima por la ciudadanía Colombiana, se ha visto envuelto en una serie de señalamientos judiciales los cuales no son más que andamiajes y resultados de un sistema jurídico con una clara falencia ética sobre lo más básico que es “quién y por qué” se debe juzgar a alguien.

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La justicia es entonces en nuestro país un monstruo amorfo que en palabras del ciudadano común de a pie, “Meten a la cárcel al que se roba un pan, y dejan que los criminales que se roban en las calles, celulares o billeteras, queden libres” Hay pues un entendimiento por parte de todos los ciudadanos, en todas las esferas sociales la noción general de que el sistema jurídico que tenemos es obsoleto y posee profundas falencias; La voluntad del Pueblo es la Voluntad de Dios y los designios de las mayorías, que en esencia es el fundamento de la democracia real, vemos que en nuestro país es pisoteada dicha voluntad de las mayorías, como para no ir muy lejos trayendo a colación el ejemplo simple del plebiscito del 02 de octubre de 2016.

Podría entonces concluir este flujo de ideas planteando que la relación de los conceptos “verdad”, “justicia” y “Dios” en el contexto Colombiano es tergiversado por los mismos mecanismos que sustentan las bases del estado, la ley objetivada como una contradicción, la justicia como ramera que se vende al mejor postor y Dios como figura simbólica del espíritu del Estado; simbólica  porque vemos que la practica en sí de la voluntad de las mayorías (que es la voz de Dios)  se ve transgredida por los mecanismos del mismo Estado obstaculizando los procesos designados por la voluntad de las mayorías.

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Aclaro entonces que esta columna tiene como propósito la revisión filosófica de los mecanismos institucionales que rigen nuestro Estado. Colombia, la Nación de mis ancestros y descendencia no puede verse sometida a lo que hoy día con vergüenza observan los ojos de las mayorías de sus habitantes. “La Ley es la luz, la democracia el terreno, no se puede vivir sin sol ni sin tierra.”

 

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