Escribo esta columna sin saber todavía si Biden asegura los seis votos electorales de Nevada que le faltan para ser presidente, o si tendremos otros 4 años más de Trump. Utilizo la palabra “tendremos”, porque a pesar de no ser ciudadano de Estados Unidos, quien sea el presidente de ese país nos incumbe a todos bajo el entendido que sus decisiones afectan de manera directa al mundo entero. El problema no es tanto porque los gringos se pongan o no de acuerdo con tener un sistema de salud pública decente, o si finalmente acaban con la libertad para comprar y portar armas de alto calibre en su propio territorio… al fin de cuentas, eso es problema de ellos. Mi preocupación es más por el futuro de esfuerzos multilaterales que requieren la participación del país más poderosos del mundo. El acuerdo contra el calentamiento global, los acuerdos básicos en derechos humanos, los tratados de no proliferación de armas nucleares, las guerras comerciales que empiezan cuando no se respetan los tratados de libre comercio; son todos temas cuyo buen progreso dependen de la visión del mundo que tenga el presidente de ese país.
Aunque a todos nos afecta, los que votan son los gringos; y al resto, nos toca atenernos. Si el presidente del país más poderosos del mundo es un matoncito egoísta, pues nos toca aguantárnoslo y no hay mucho más que podamos hacer al respecto. “Put America First” es tal vez el eslogan que mejor resume la mentalidad de los individuos destinados a sufrir la tragedia de los comunes; aquella donde los individuos, actuando racionalmente, agotan recursos compartidos aunque hacerlo vaya en contra de sus propios intereses. El dilema, explicado por Garrett Hardin en 1968, es tan claro y evidente, que francamente da vergüenza que nuestra especie haya sido tan poco contundente en la forma como nos organizamos en sociedad para evitar lo que sucede con la lógica egoísta de los individuos en temas tan trascendentales como es el daño que le hacemos al planeta y a su posibilidad de sostener la vida… tanto de humanos como de otras especies.
Sin duda el argumento anti socialista pesa mucho en la percepción de los votantes. El país más capitalista del mundo no puede estar en otro lado del espectro en cuanto a lo que tiene que ver con el modelo económico. La campaña de Trump fue muy hábil en pintar a los demócratas como aquellos que van a llevar a los Estados Unidos hacia el comunismo. El tema de proteger los empleos de los americanos, de negociar mejor los tratados de libre comercio para defender los intereses de las empresas americanas, de no pelear guerras que no les corresponden, de cerrar las fronteras para no tener que lidiar con inmigración indeseable, y varios etcéteras que hacen parte del discurso de Trump, son todas ideas que seducen a quien tiene una mentalidad primero yo, segundo yo, y los demás vean a ver como hacen.
No soy ningún bajado del zarzo como para no enterarme que la política es el arte de defender intereses logrando acuerdos que generan ventajas para quienes obtienen el poder y para quienes ayudaron a conseguirlo. Es como funcionamos y como seguramente seguiremos funcionando mientras duremos como especie. Detesto el comunismo y creo firmemente que la sociedad debe premiar el esfuerzo individual para que los talentosos estén incentivados a trabajar para bien de todos. Creo que el excesivo intervencionismo del estado es nocivo y generador de muchas ineficiencias. También, que la felicidad solo es posible en una sociedad que garantiza la libertad de los individuos, y que por tanto, es un principio que debe estar por encima del de la “igualdad”, cuando esta se refiere a tratar de imponer igualdad de resultado en la calidad de vida de los individuos (lo que sí creo es que se debe es propender por una igualdad de oportunidades y un mínimo de solidaridad para la supervivencia de todas las personas).
¡Así que mamerto no soy! Pero lo que no puedo entender es cómo, a pesar de todo lo que hemos aprendido a través de la historia, podamos seguir cometiendo los mismos errores que de manera tan obvia nos han hecho tanto daño en el pasado: El egoísmo es parte de la naturaleza humana porque viene con el instinto de supervivencia, pero así como tenemos ese instinto, también hemos desarrollado una capacidad de razonamiento que nos permite desarrollar estrategias con visión de largo plazo. Por eso es que tantos seres humanos entendemos que darle rienda suelta al egoísmo absoluto es una pésima estrategia con respecto al objetivo de lograr un entorno que no sea hostil a las personas y a su descendencia.
Tengo que aceptar que me tiene muy sorprendido lo difícil que está siendo que Trump pierda estas elecciones. Por más que me esfuerzo por tener mente abierta, leo los argumentos de los seguidores de Trump, su lógica y raciocinio, y me cuesta mucho entender cómo es que no es mayoría absoluta el porcentaje de personas que no lo quieren ver nunca más en el poder. El mundo de Trump es uno en el que todo es suma cero: Lo que gano yo es porque lo pierden los demás. Si para el beneficio de los míos tengo que no ser parte de un acuerdo que restringe la cantidad de emisiones que se pueden “excretar”, pues que así sea, porque si no, otro lo hará.
Cuando se le entrega el poder a una persona que piensa así, el mundo entero pierde; así unos pocos ganen en el corto plazo. Dejarse seducir por un personaje como este, es darle rienda suelta a los más básicos instintos, lo que inevitablemente, llevará a nuestra especie hacia la tragedia de los comunes.




