La tormenta perfecta

Jennifer Arias Falla

Estos jóvenes y adolescentes que, de seguro sueñan con un país equitativo y justo, pero están siendo mal informados, y en muchos casos adoctrinados desde las escuelas y colegios; están cayendo en la anarquía Clic para tuitear

«Cuando llega una, llegan todas», suele decirse en el argot popular cuando un individuo, o una comunidad, por azares de la vida debe enfrentar una espiral de sucesos inesperados que muchas veces terminan por menguar sus fuerzas, o simplemente derrotarle

La tormenta perfecta, el magistral libro de Sebastián Junger, es una historia de la vida real que retrata la tragedia vivida por la tripulación del barco Andrea Gail, cuyos heroicos tripulantes terminaron enfrentados a lo que algunos denominaron ‘la tormenta del siglo’, una tempestad con olas de hasta 25 metros, producto de la combinación de varios factores meteorológicos.

Algo que nadie esperaba, y que por su magnitud nos deja sentir ese desamparo e impotencia que nos abraza cuando enfrentamos cualquier eventualidad que nos es imposible controlar.

Lo que ha vivido el país en las últimas horas no es fácil, y bien podríamos llamarlo ‘la tormenta perfecta’; de un lado, una lucha dantesca, colosal y desgastante contra una pandemia que nadie en el mundo podía presagiar, y cuyo impacto resulta abrumador y millonario, en costos políticos, sociales y económicos. Un huracán que apareció súbitamente, y que cambió para siempre nuestra manera de ver el mundo y afrontar la realidad.

Al inmenso dolor que deja cada vida perdida, hay que sumarle la desesperación de millones de familias que, antes de la pandemia, escasamente sobrevivían en un país que ha pasado por mil y una tormentas, y que ahora debió enfocarse en el ámbito social y protegerlas a través de programas creados para suplir sus necesidades, un esfuerzo mayúsculo cuando la industria estaba paralizada casi por completo.

Pero al huracán generado por la pandemia se le unieron, por desgracia, los vientos politiqueros de una caterva de exbandidos, que llevan más de medio siglo usufructuando la muerte y sembrando la desesperanza, antes desde la clandestinidad y hoy desde las más altas esferas de la política colombiana.

Al no lograr convencer a los colombianos por la vía de la democracia, estos mal llamados ‘exbandidos’, se dedicaron a sembrar descontento y odio en las nuevas generaciones, incautas y dóciles.

Estos jóvenes y adolescentes que, de seguro sueñan con un país equitativo y justo, pero están siendo mal informados, y en muchos casos adoctrinados desde las escuelas y colegios; están cayendo en la anarquía, utilizados por miserables politiqueros procomunistas que los ven como el caldo de cultivo para generar ‘la tormenta perfecta’, la fuerza espuria que les está allanando su eterno objetivo: tomarse el poder a como dé lugar. “formas de lucha” que llaman ellos.

Los paros, las marchas, y todas esas protestas que hemos vivido en los últimos meses, y que están siempre acompañadas de violencia, donde reinan el desprecio por la vida, la destrucción del bien público y privado, y el nulo respeto a las instituciones o a las autoridades, son el producto de una tormenta fabricada por quienes, pregonando el comunismo, pero desde la comodidad de sus mansiones capitalistas, necesitan incendiar al país, no para reconstruirlo sino para saciar la sed de ese poder que le ha sido esquivo en democracia.

Los ciudadanos tienen que ser conscientes del peligro al que estamos expuestos todos. Esta dolorosa tormenta que estamos viendo en las calles, que nos está costando saqueos, destrucción y muerte, no llegó de la nada; tiene un origen perverso.

Tanto es así que el paro de las últimas horas, cuyo balance es trágico en todos los sentidos, estaba planeado desde mucho antes que se conociera el texto de reforma solidaria, pero la izquierda radical disfrazada en muchos casos de ‘centro izquierda’, encontró en este proyecto del Gobierno la excusa para justificar el vandalismo y la violencia desmedida, que han venido a sumarse a los problemas de un país que requiere con urgencia poner el barco a flote, para seguir ayudando a las familias más golpeadas por la crisis económica que desató la pandemia.

En la tormenta perfecta de Junguer, ni el barco Andrea Gail sale a flote ni sus tripulantes sobreviven, a pesar del heroísmo del capitán Billy Tyne y del resto de la tripulación. La historia de este país no debe terminar igual, debemos unirnos y lograr consensos en lo fundamental.

Es nuestra responsabilidad evitar que ese barco llamado Colombia naufrague junto a su tripulación, ante las olas inclementes de un sistema político ruidoso y dañino como el socialismo, que ha destruido la economía de países otrora líderes de la región. La tormenta que vivimos está liderada por bandidos sin escrúpulos, que pretenden adueñarse del país a toda costa.

Las marchas seguirán, con ellas el vandalismo y la violencia. Debemos estar preparados porque no sabemos cuántas cosas más sucedan de aquí al 2022, ya que el plan de ellos está sistemática y maquiavélicamente estructurado. No olvidemos que «cuando llega una, llegan todas», y es momento de ser fuertes Feliz semana

Jennifer Arias Falla
Acerca de Jennifer Arias Falla 13 Articles
Ingeniera Industrial de la Universidad de Los Andes, con opción en Economía, Magister en Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad Externado en alianza con la Universidad Columbia de Nueva York. Es Representante a la Cámara, Periodo Constitucional 2018 - 2022 por el Departamento del Meta, obteniendo la mayor votación de la lista del Centro Democrático. Hace parte de la Comisión Séptima Constitucional Permanente, la Comisión Legal de Cuentas, de la que fue Vicepresidente en el periodo legislativo 2018 – 2019, la Comisión Legal para la Equidad de la Mujer, Comisión de emprendimiento, Bancada pro Bici, Comisión de la Niñez y Comisión para seguimiento de Conexión Pacífico-Orinoquia.
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