La revolución que triunfó con una abrumadora minoría

Mauricio Caicedo Aristizábal.

La revolución que triunfó con una abrumadora minoría

@Conservador29

La revolución que triunfó con una abrumadora minoría. Columna de Mauricio Caicedo Clic para tuitear

La revolución bolchevique rusa de octubre de 1917 fue un evento trascendental para la historia del siglo XX, pues con ella nacería la Rusia comunista que después sería la base fundacional de la Unión Soviética.  Cabe resaltar que el año pasado se celebró el centenario de este suceso.  Este acontecimiento es ampliamente conocido en nuestra sociedad, lastimosamente las personas tienen claro el resultado final más no la cadena de sucesos que llevaron al mismo.

En los textos de bachillerato y universitarios que hemos padecido, se tergiversa la historia de la caída de la monarquía Zarista en Rusia. En los comentarios sobre el centenario de la Revolución Soviética de 1917, hay un tema que todo el mundo repite; que Lenin derribó al Zar Nicolás II.

En realidad, Lenin no se levantó contra el Zar, que había renunciado desde febrero de ese mismo año; Lenin se alzó contra el gobierno de Alexander Kerenski que auspiciaba reformas democráticas. Lenin terminaría por disolver el parlamento y acabar la libertad, la Revolución Bolchevique fue cualquier cosa menos una revolución democrática.

La revolución que realmente derribó al Zar fue la que tuvo lugar en febrero de 1917 y llevó al poder a Kerenski; Lenin ni siquiera estaba en ese entonces en Rusia, se enteró de estos acontecimientos por medio de la prensa desde Suiza en la cual llevaba 10 años residiendo, fue allí donde concibió la idea de derribar al nuevo gobierno democrático con el apoyo secreto del Kaiser Guillermo, el emperador alemán. La razón por la que el Kaiser apoyó a Lenin fue para hacerle la vida imposible a Rusia, pues esto se dio en el contexto de la primera guerra mundial (1914-1918), en la cual Rusia estaba en guerra con Alemania.

Lenin se comportó como un traidor a Rusia y a sus compatriotas, actuando para favorecer secretamente a Alemania. En esto confluyeron varios intereses, pero Vladímir siempre tuvo claro su objetivo comunista.

Lenin se comportó como un traidor a Rusia y a sus compatriotas, actuando para favorecer secretamente a Alemania. En esto confluyeron varios intereses, pero Vladímir siempre tuvo claro su objetivo comunista. Clic para tuitear

Entre el mes de abril y  octubre de 1917, Lenin fue ampliamente financiado por los alemanes, este dinero se lo mandaban a través de Estocolmo; así los alemanes podían operar militarmente con menos soldados en el frente del este y de esta manera pudieron redistribuir las tropas del este al oeste para fortalecer ese frente contra Gran Bretaña y Francia a donde estaban asediados.

El gobierno provisional ruso que había nacido de aquella revolución de febrero estaba legitimado por el parlamento, al mismo tiempo los huelguistas se organizaron en consejos de soldados obreros y campesinos, los famosos Soviets que constituían un poder paralelo y presionaban al nuevo gobierno decido a consumar la transformación del país.

Rusia había sacrificado aproximadamente tres millones de muertos y cinco millones de heridos, durante la primera guerra mundial.  A Lenin no le importó el precio que pagó Rusia durante este conflicto, solo le importaba hacerse con el poder.

Kerenski quería fortalecerse en vista a las elecciones, entonces se propuso la tarea de convocar una asamblea constituyente para decidir la conformación del Estado. Lenin sabía que no iba a ganar esas elecciones y que eso significaría el final de sus posibilidades; de manera que obró a toda velocidad, promoviendo un golpe de Estado. En julio de 1917 las derrotas militares rusas contra Alemania parecían dibujar un escenario idóneo, pero el golpe fracasó y Lenin tuvo que huir a Finlandia.

Kerenski, precedió un gobierno débil y los gobiernos débiles son muy peligrosos pues estos le abren el camino a los comunistas y este cometió varios errores letales, por ejemplo, una ofensiva innecesaria contra Austria en el mes de julio; otro gran error fue inventarse el supuesto intento de golpe de estado de la derecha, liderada por el General Kornílov y vender la imagen de que fue neutralizado por el gobierno. Kerenski quería eliminar un rival, porque Kornílov era el general más popular de derecha en el ejército ruso, de alguna manera temía que Kornílov pudiera ser su sustituto; después repartió cuarenta mil fusiles al Soviet de San Petersburgo, siempre con el mismo fin de ganarse el apoyo de los elementos más izquierdistas.

Fue entonces cuando Lenin vio la gran oportunidad, fijó la noche del 24 de octubre para ocupar los lugares estratégicos de la ciudad, estaciones, correos, telégrafos, centrales telefónicas, imprentas; salvo una pequeña resistencia en el palacio de invierno. El poder pasó al partido Bolchevique sin mayores dificultades.

Kerenski salió huyendo y terminó exiliado en Estados Unidos; Lenin ordenó cerrar todos los periódicos salvo Pravda periódico del partido Bolchevique y el Izvestia periódico del gobierno comunista. A reglón seguido creo su propia policía política. El líder Bolchevique cerró el parlamento en enero de 1918; se acabó la libertad en Rusia, Lenin que nunca derrotó al Zar irónicamente fue el que ordenó su ejecución, pero esa es otra historia.

Desde octubre Vladímir Lenin ya había ejecutado a miles de opositores políticos a través de la Checa; hay que tener en cuenta que la Checa fue un invento de Lenin y de Feliks Dzerzhinski, que era su hombre de confianza.  En la historia de la Rusia Zarista en el siglo XIX y en el siglo XX se ejecutaban en Rusia en promedio quince personas por año y esta cifra incluía los delitos más graves y solo después de un juicio; esto contrasta con la Checa que ejecutaba en promedio mil personas mensuales sin ningún tipo de juicio ni garantías. Aquí se ve la mentira comunista que hablaba de la terrible represión de la policía Zarista que oprimía al pueblo, cuando la policía política de los Bolcheviques convirtió a la Checa en una máquina de muerte. La policía secreta Zarista tenía quince mil miembros, cuando Lenin y Dzerzhinski crean la Checa la fundan con ciento cincuenta mil integrantes.

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Una de las ironías más grandes, es que la palabra Bolchevique implica mayorías, pero Lenin en el parlamento siempre estuvo en minoría.  Vladímir Lenin era un revolucionario profesional, aprovechó una crisis y una coyuntura de Rusia derivada de los acontecimientos de la primera guerra mundial; si no hubiera sido por esto los bolcheviques jamás hubieran podido lograr materializar un golpe de Estado exitoso.

El comunismo es un sistema malvado que se sustenta principalmente en dos elementos; una gran represión estatal y en un siniestro aparato de propaganda política, esto les permitió vivir por más de ochenta años del engaño y la mentira.

Después de la disolución de la Unión Soviética en 1991, se abrieron todos los archivos y se reveló el montaje establecido.

A través de la historia vemos una y otra vez como gobiernos democráticos y débiles, tratan de congraciarse con la izquierda para apaciguarla e incorporarla al sistema político.  La izquierda “utilizando” las banderas de las “causas justas” va debilitando progresivamente a la democracia; pues sus tácticas han evolucionado y ya no se toman el poder por la vía armada.

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Fieles estudiantes del libro “Técnica del golpe de Estado” de Curzio Malaparte, terminan por tomarse el poder mediante sútiles y complejas maniobras políticas, que, aunque no constituyen un golpe de Estado por la vía militar; en la práctica, adquieren el poder mediante golpes de Estado por la vía judicial y política, disfrazados de una falsa democracia. Nuestro nuevo mandatario está cayendo en la misma trampa de tratar de darle gusto a la izquierda, sin saber que esa funesta minoría militante, poco a poco va consolidando mediante la infiltración del Estado, el poder. Su gobierno ya vendrá después.

Lo que nunca terminan de aprender los que defienden la democracia liberal y bobalicona, es que mal paga el diablo al que bien le sirve.

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