Todo colombiano quiere un país en paz, estable económicamente, respetuoso de los derechos laborales y sociales, que mire su futuro en el campo y en la producción más que en importar, sin embargo, reiteramos nuestras posición en cuanto a que La Paz debe tener costos pero no cualquier costo.

Es justo que Colombia termine con la guerra que por tantos años ha desangrado al país y a su gente. No es justo que se llenen de beneficios aquellos que han contribuido a la violencia y a la inestabilidad del país sin que se haga nada por reparar a las víctimas.

Es esencial que se tomen medidas concretas para ayudar a las personas que han sido afectadas por la violencia y el conflicto armado en Colombia. Esto incluye medidas para proteger y asistir a las personas que aún enfrentan amenazas y violencia, así como a aquellas que han sufrido pérdidas irreparables.

He apoyado la mayoría de las iniciativas del gobierno en cuanto a humanizar la justicia penal, el régimen penitenciario y, incluso, algunos puntos de la Paz total y el sometimiento. Sin embargo, lo que no podemos apoyar es dar estatus político a las disidencias de las FARC y ponerlas nuevamente en el mapa de un proceso de negociación. Estas disidencias tuvieron su oportunidad, un regalo que pocos países dan a delincuentes de su calaña, y lo desperdiciaron a patadas, burlándose de él. Lo que ocurrió no fue un entrampamiento, sino delincuentes dedicados a lo que saben hacer: narcotráficar.

El proceso de paz liderado por el Expresidente Santos sufrió grandes daños que sólo se tragan una vez frente a las mismas partes involucradas. Algunos de estos daños incluyen considerar la actividad principal de las FARC como una lucha por el poder, cuando en realidad era una lucha por convertirse en el cartel de drogas más grande del mundo, o permitirles participar en política antes de estar al día con la justicia transicional. Las disidencias no son un grupo con estatus político, son delincuentes que sólo pueden someterse al Estado, y no el Estado someterse a ellos.

Esperemos que, en las negociaciones con el ELN, que ya comenzaron mal al elegir a países como Venezuela y Cuba, conocidos por esconder delincuentes, como «garantes» o «facilitadores», no se les dé la posibilidad de participar en política hasta que hayan pasado por la justicia y estén al día con ella, en relación con la justicia que derive de los acuerdos. Es importante humanizar el derecho y buscar la paz, pero no a expensas de defraudar al país y entregárselo a terroristas y narcotraficantes.

Es importante humanizar el derecho y buscar la paz, pero no a expensas de defraudar al país y entregárselo a terroristas y narcotraficantes. La Paz debe tener costos pero no cualquier costo. Clic para tuitear
Iván Cancino G.
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Papá, esposo de la más hermosa mujer, columnista y abogado.