Adolf Hitler (o Adolfo Hitler) nace en Austria en 1889, y muere en Berlin en 1945. Durante su vida, siempre exaltó lo orgulloso que se sentía de haber sido concebido en Austria, y la profunda necesidad histórica que tenía éste país de fusionarse con Alemania, en razón de pertenecer a una misma sangre. En su obra predilecta, escrita en 1923 “Mein Kampf”, Adolf Hitler cuenta la historia de su radicación en Viena, al morir sus padres, y su intento fallido de pertenecer a la escuela Bellas Artes.
En viena, el dirigente Nazi, se dedicaba a trabajos muy poco remunerados, en los que se vio obligado a someterse a las terribles condiciones de vida del proletariado. Fue por estos días, donde Hitler encontró fiel refugio en algunos libros, y sobretodo en obras alusivas a Otto Von Bismarck, a quien admiraba fervientemente; se puede decir que aquí comienza su preparación intelectual y su introducción al pensamiento nacionalista segregacionista.
En su obra se refirió ampliamente a la selección natural y la responsabilidad social que se tenía para establecer unas mejores condiciones de vida, con la instauración de políticas nacionalistas y la anulación de “depravados incorregibles”. A manera de opinión, creo que el fascismo y el nazismo, degeneraron el sentimiento nacionalista que al día de hoy se malinterpreta en razón de la existencia de estos fenómenos del siglo XX, sin embargo, se puede concebir un nacionalismo de buenas causas, que se traduzca en gran amor por nuestro país de origen, junto con sus tradiciones y costumbres; sin que eso signifique denigrar al otro.
Siguiendo con el hilo del pensamiento hitleriano, es importante señalar que éste hablaba de elementos inferiores de la sociedad, para referirse a los “depravados incorregibles” ya señalados, anotando también que era menester conservar la especie. Por lo que detestaba todo pensamiento optante por dar igual tratamiento a alemanes y no alemanes, lo que en el futuro lo llevaría a instaurar las atroces políticas antisemitas que tantas vidas acabaron. En un principio, Hitler decía que le desagradaba mucho el antisemitismo, y la degradación existente en contra del judio, pero aclara, que a medida que iba conociendo a judios, notaba que no tenían nada parecido a los alemanes, y señalaba, sin reparo alguno que “sentía nauseas con el olor de esos individuos” y que “al lado de dicha inmundicia física, se descubrían las suciedades morales”. Vemos entonces la degradación que el futuro Fuhrer hacía de los judios, desde sus tiempos en Viena. Expresado esto, Hitler creía que las masas debían concentrarse en un enemigo común, que en este caso específico debían ser los judíos, por la distinción tan abrupta que presentaban con los alemanes. Los culpaba entonces de todos los males existentes en la sociedad.
Vemos entonces, que algunas de las experiencias y los pensamiento de Adolf Hitler, fueron determinantes para la instauración de una filosofía cruel e intolerante, que terminaría por desatar la guerra, que finalmente, con el triunfo de los aliados, desencadenarían en los llamados “Juicios de Nuremberg”.
Mi conclusión a este pequeño e incompleto repaso histórico, es que muy a pesar del corte esotérico y metafísico de la filosofía Nacional Socialista, en la que se pulen términos como Volksgemeinshaft (comunidad de pueblo) o gliedstellung (función dentro de la comunidad), ella cuenta con incentivos enormes a la aplicación de la barbarie y a la intolerancia; lo que significa un atraso en cuanto a la verdadera preservación moral que idealmente debería mantener nuestra especie. Por tal razón, creo que fascismo y nazismo a pesar de tildarse “solidarias”, son intolerantes y barbáricas.




