La culebra está viva

Robert Posada Rosero

Robert Posada Rosero
La culebra está viva - Columna de Robert Posada Clic para tuitear

La Farc como organización narcoterrorista está viva, no en vano insistieron con arrogancia en conservar su nombre de guerra al hacer el falso tránsito a partido político, sino que ahora gozan de nuevas curules, que… Clic para tuitear

Robert Posada Rosero

Como en la peor época de terror las Farc volvieron a actuar el pasado miércoles de manera sanguinaria, premeditada y alevosa, ocasionando la muerte de dos uniformados, un intendente y un patrullero que adelantaban labores de seguridad en la zona bancaria del municipio de Solita, en el sur de Caquetá.

El intendente José Machado y el patrullero Andrés Acosta, asesinados a sangre fría con ráfagas de fusil, ni siquiera pudieron ser atendidos con oportunidad y de manera adecuada, pues los narcoterroristas estaban dispuestos para rematarlos o atentar contra la humanidad de los uniformados que llegaran a socorrerlos.

Hace menos de dos meses, el 27 de octubre, en una acción terrorista similar perpetrada en zona rural del municipio de Bugalagrande, en límites con Tuluá, donde los uniformados prestaban seguridad y acompañamiento en actividades del Proceso de Restitución de Tierras, fue asesinado con un tiro de fusil a la altura del pecho, el patrullero Jeferson Giovanny Garzón Cárdenas; cinco uniformados más resultaron heridos.

Y mientras estas acciones se repiten una y otra vez, relegadas a ser parte del paisaje, los grandes medios continúan repitiendo un libreto que ya nadie cree sobre las supuestas bondades de un proceso de paz y la terminación de un conflicto que se quedó en el papel, mientras los lideres insurgentes que hoy fungen como congresistas, sin pagar un solo día de cárcel por sus múltiples crímenes, se burlan del país al negar su responsabilidad.

Reclaman y exigen por los presuntos incumplimientos del gobierno mientras se niegan a reconocer crímenes abominables como el secuestro, la extorsión, el asesinato selectivo, el desplazamiento y el reclutamiento de menores; guardando además sospechoso silencio sobre su participación en el homicidio selectivo de sus exmiembros, muchos de ellos reconocidos con intereses políticos como líderes sociales.

La narrativa que le quieren imponer al pueblo colombiano les adjudica estas acciones a las llamadas disidencias de las Farc, en una actitud tan difícil de aceptar como los mismos ataques terroristas, que desnudan el accionar de unos criminales que nunca han dejado de ser lo que siempre han sido, matones de la peor estirpe.

Que hoy se pavoneen con sus banderas por la diferentes marchas y protestas que coprotagonizan en el país no quiere decir que sus crímenes hayan quedado en el olvido, es claro que negociaron la creación de un tribunal de impunidad llamado pomposamente Justicia Especial para la Paz, JEP, sin embargo, los colombianos debemos insistir en verdaderos hechos de justicia.

La Farc como organización narcoterrorista está viva, no en vano insistieron con arrogancia en conservar su nombre de guerra al hacer el falso tránsito a partido político, sumando a su causa ya no solo a los históricos senadores que todos conocemos, sino que ahora gozan de nuevas curules, que jamás habrían logrado por vía popular, como quedó demostrado cuando el No se impuso en el plebiscito convocado por el tartufo Juan Manuel Santos.

Preparar un atentado terrorista con el único fin de causar la muerte de dos uniformados en plena época navideña y cuando el mundo afronta la peor crisis sanitaria de los últimos 50 años, devela el pensamiento de quienes siempre han mostrado un desprecio inexplicable por la vida y los derechos humanos.

El país está a tiempo de reaccionar y las nuevas generaciones no pueden seguir creyendo en las fabulas falaces que sobre estos criminales les están vendiendo en colegios y universidades, Colombia no puede darse el lujo de retroceder a la nación fallida que era en el año 2002.  

Los grandes medios, periodistas, políticos y ONG con agenda e intereses en el lucrativo negocio de la paz pueden insistir en disfrazar los hechos, pero ya es innegable que la culebra está vida, que las Farc no son agentes de paz ni un partido político ajeno a los desmanes de sus poderosas disidencias.

La realidad es que se sienten cómodos como grupo, actuando en diversos escenarios y haciendo gala como nunca de todas las formas de lucha: la combinación ideal de agenda de paz, cortes y jueces afines a su causa, trabajo político en el congreso, movilización de las bases en la calle, reclutamiento en las aulas y lucha armada en sus retaguardias

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 27 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.
Twitter