Las próximas elecciones presidenciales generan un grado de entusiasmo, expectación e interés sin precedentes en el conjunto de nuestra sociedad y, obviamente, también en el conjunto de nuestra élite política, cultural y social. Ello se debe a que la elección del Presidente es un tema importante para los colombianos atraídos por el cambio y por el espíritu de cambio y la esperanza; hay grandes expectativas por parte de una mayoría de la población en diversas cuestiones fundamentales, como el conflicto y la seguridad, la crisis económica y el cambio climático, la búsqueda de la paz y la eliminación de la pobreza, donde hay cuestiones abiertas que deberán ser resueltas para salir de la crisis. Todos sabemos que la democracia se fortalece gracias a un cambio constante. Nosotros también. Sin embargo, esta campaña electoral y las elecciones estará dominada, en parte, por el continuo empeoramiento de la situación socioeconómica y financiera y una crisis de liderazgo político que amenazan con exacerbar las divisiones sociales y de identidad entre las sociedades. A la sombra de esas elecciones ha seguido degradándose el clima político o se ha estancado en un nivel muy preocupante, reflejando una mentalidad de suma cero, que ha provocado una retórica nacionalista y una serie de tensiones. No obstante, la cuestión es qué solución deberíamos proponer para devolver la cordura a todas las partes y hacer que aborden todas las cuestiones medulares que se acaban de mencionar. Es hora de detener las polémicas y empezar a hablar sobre las políticas que importan a los ciudadanos y cómo resolver los grandes retos y problemas y atender sus demandas de un estado de bienestar social y una sociedad justa. Será interesante ver qué planes tienen los futuros candidatos a la presidencia sobre los valores y principios comunes que nos son tan queridos, especialmente lo que muchos llaman la crisis institucional, y que yo describiría como un síntoma adicional de la crisis de confianza en, o la crisis de validez de, el actual modelo entre un número cada vez mayor de ciudadanos. En particular, si serán capaces de hablarle a un público cada vez más dividido e indiferente, de crear unidad respetando las diferencias, no ignorando los deseos de la gente o inclinarse ante el populismo, sino también mediante acciones concretas para un futuro mejor, por ejemplo, ayudando a resolver las cuestiones de inmigración y protección de fronteras, facilitando una mayor comunicación entre estudiantes y apoyando las iniciativas civiles. Se necesita el impulsor que ayude a la sociedad a redescubrir los valores que, hoy en día, se olvidan muchas veces y luchar por la democracia, los principios de solidaridad y justicia, el crecimiento de la conciencia común y del progreso compartido. Espero que ello suponga un cambio evolutivo y no revolucionario, un capítulo nuevo. Estoy hablando sobre valoraciones y normas adecuadas, basadas en el sentido común y no solo en la ideología correcta y justa. Nunca deberíamos olvidar nuestras raíces ni perder de vista los valores que nos vinculan. Solamente podremos afrontar estos retos y lograr resultados si nos mantenemos unidos. Quisiera hacer un llamamiento a todos los ciudadanos para que voten en las elecciones y para que voten por el futuro de Colombia.
Ahora bien, sea cual sea nuestra orientación política, todos sabemos que una campaña electoral objetiva, seria e informativa y de que una elección presidencial y legislativas libres y transparentes es fundamental para nuestro futuro, para el futuro de Colombia. Esto es lo que importa en este momento. La pregunta es: ¿Estamos preparados para ello? ¿Estamos preparados para poner en práctica de forma fiable una campaña electoral equitativa y limpia y respetuosa del derecho de los ciudadanos durante los próximos meses, por ejemplo, en lo relativo a la aplicación de la ley electoral? Por consiguiente, desde Europa nuestra asociación Internacional de Voluntarios pide a las autoridades nacionales que adopten las medidas necesarias para que puedan celebrarse una campaña libre y, luego, unas elecciones limpias y para que todos los partidos políticos se abstengan de recurrir a provocaciones e intimidaciones durante la próxima campaña electoral. Este significado es el interés general de todos los colombianos. Como se ha puesto de manifiesto en varias ocasiones, Colombia espera una campaña electoral pacífica y un marco transparente de la financiación de la campaña electoral, con un debate basado en ideas para ganar la confianza del electorado y la necesidad de información objetiva sobre los candidatos en los medios de información y la libertad de expresión, así como el establecimiento y formación de redes nacionales de observadores imparciales, con arreglo a normas internacionales. Tenemos que estudiar con sumo cuidado esas posibles medidas. “El proceso electoral deberá ser transparente, equitativo y fidedigno a fin de garantizar la plena legitimidad del candidato elegido al frente del país y su aceptación por parte de todos”. Si enviamos las señales juntos, nuestra voz se oirá mejor. Estas expectativas representan una oportunidad para nuestro país en los momentos en los que más la necesitamos. Sin embargo, es necesario gestionarlas cuidadosamente, dado que nada resultaría más perjudicial que unas expectativas incumplidas y, cuanto mayores sean estas, más difícil será satisfacerlas. Por supuesto, nuestras elecciones políticas son evidentemente complejas y están muchas veces enfrentadas entre sí. Sin embargo, es precisamente la habilidad para dirigir estos conflictos ideológicos tan sanos y necesarios mientras se respeta a todo el mundo, por lo que son juzgados los poseedores de un cargo tan alto como el de la presidencia Duque. Es fundamental restaurar la confianza de los ciudadanos y de los inversores, la protección de los derechos humanos y la promoción de la democracia real en el sentido que damos a esta palabra.
El mundo exterior también tiene interés en colocar nuevos gobiernos o imponer un nuevo régimen u otro. Por ello nuestras exigencias son bastante claras: elecciones libres y respeto generalizado del Estado de Derecho, las normas constitucionales y de los derechos humanos. Sobre todo, una cosa ha de quedar clara: garantizar a la población la seguridad necesaria para la preparación de las futuras elecciones en un clima de calma y que se ponga fin al estado de emergencia. Es indispensable que los diferentes partidos políticos puedan llevar a cabo una verdadera campaña electoral; es igualmente indispensable que todos los medios de comunicación cumplan su deber de información. Hay que hacer hincapié en una democracia multipartidista, en la atenuación del conflicto y en el alivio de la pobreza y el sufrimiento. La democracia sigue siendo frágil y hay que protegerla en lugar de destruirla, ni debe supeditarse nunca a los imperativos de la economía, o lo que es peor, de las finanzas sobre la política – no hay que olvidar que la situación en Colombia tiene una dimensión regional, particularmente con relación al vecino Venezuela. El pueblo tiene el derecho de tomar sus propias decisiones y a optar por la democracia y los derechos humanos para prosperar económica y políticamente. El Pueblo no puede limitarse a mirar. Los problemas de Colombia no se resolverán a largo plazo sin la implicación de todos los grupos de habitantes en pie de igualdad. Por último, quiero citar al Santo Padre Juan XXIII, quien escribió que la amenaza para la familia es una amenaza para el Estado y que, de forma similar, una amenaza para el orden social en un Estado es una amenaza para el orden internacional. Amén
Nota
El historial de un Presidente, como ser humano, siempre está sujeto al escrutinio político y un legado sobre el que sus sucesores deberán construir. Además, como el poeta Emerson nos enseñó, no hay historia, solo biografía. Estamos en este momento en presencia de los paquetes fiscales más importantes que nuestra generación haya conocido. Su impacto será mayor y su coste para el contribuyente menor si somos capaces de coordinar esfuerzos.





