Una pregunta que vale la pena hacer en este momento es si la juventud en Colombia está avanzando o por el contrario está retrocediendo. Particularmente lo digo porque como joven muchas veces me he sentido en desacuerdo con muchas posiciones de los movimientos juveniles. Estoy seguro que no soy el único que lo piensa y mucho menos el único al que le preocupa que nos podemos estar embarcando en un camino que nos lleve al fracaso como sociedad y como país.
Una máxima que deberíamos llevar los jóvenes es que nuestra participación en política desde cualquier sector u orilla se debe basar en una posición crítica pero siempre propositiva; la pregunta en ese sentido se enmarca en si nosotros estamos preparados para ejercer esa tarea con responsabilidad y sobre todo con coherencia, porque claramente mi posición está muy distanciada de criticar por criticar y proponer por proponer, que es lo que pienso hace gran parte de la juventud en el país, muchas veces sin contexto y sobre todo sin pudor a mentir. Tal vez si como jóvenes nos tomamos la tarea de indagar más, seríamos menos propensos a la carreta discursiva y estaríamos mucho más preparados para ser verdaderamente críticos y propositivos. Seguramente las posiciones de muchos dejarían de sentarse en la mera indignación y el desconocimiento.
Hace unos días me invitó un muchacho a un Instagram live para dar mi opinión sobre algunos temas de coyuntura y me hizo una pregunta que me llamó la atención: “¿Qué cree usted que está pasando con los jóvenes en el país?” Lo primero que se me vino a la cabeza fue una frase que alguna vez escuche y me parece bastante certera “Los tiempos duros crean hombres fuertes; los hombres fuertes crean buenos tiempos; los buenos tiempos crean hombres débiles; los hombres débiles crean tiempos duros»; lo que se resume en que la carencia de situaciones difíciles en los últimos quince años ha hecho a los jóvenes propensos a caer en la llamada falacia del Nirvana, una situación en la que comparamos la realidad con la mera utopía y el resultado nos aterra, o en la que creemos que todos los problemas tienen una solución perfecta e inequívoca basada en el qué y no en el cómo, pero lastimosamente el mundo no funciona así.
Precisamente esa propensión de los jóvenes a creer en cantos de sirenas ha sido caldo de cultivo para aquellos que buscan engañar incautos, y no hablo solo de los políticos que ganan adeptos con ideas que han fracasado múltiples veces en la historia, sino también de los profesores que adoctrinan en las aulas a sus estudiantes alejándolos del emprendimiento y la libertad, pero al tiempo convirtiéndolos en acólitos del sindicalismo y el estatismo extremo que en la vida real pretende limitar el goce de sus derechos e incluso de sus libertades plenas.
Mi profesor de Ciencias Sociales de octavo grado nos decía que Chávez era el ideólogo más grande Latinoamérica después del libertador y que Uribe había hecho fracasar la oportunidad de convertir a América Latina en una potencia, hoy la evidencia lo contradice pero nos muestra que son muchos los maestros con el ánimo de cambiar la historia y que claramente han ejercido su libertad de cátedra bajo los postulados de Antonio Gramsci y que guardan como consigna la frase de «La realidad está definida con palabras, por lo tanto, el que controla las palabras controla la realidad» . Porque ya es bien sabido para ellos que para tomarse el poder político se debe haber tomado previamente el poder cultural y eso solo lo podrán hacer los intelectuales infiltrados en los medios de comunicación y en la academia.
A ese control del poder cultural, que al parecer ya llevan bastante adelantado, se le suma lo que yo algunas veces llamo el progresismo pose, todos hemos tenido compañeros o amigos que son de izquierda por moda o que asisten a las marchas por la adrenalina y la foto para las redes sociales, eso no solo termina de cooptar a aquellos que no fueron víctimas del adoctrinamiento sino que convierte a dicha corriente ideológica en una tendencia que genera barreras sociales para los que llegáramos a pensar diferente, en últimas un joven que defienda la propiedad privada, el Estado austero y la libertad de empresa termina siendo un bicho raro entre un sin número de iguales que lo terminaran hostigando por presuntamente desconocer e ignorar las luchas sociales que supuestamente nos llevaran a ser un mejor país; muchos sucumben ante la presión, otros no.
Ahora bien, preguntémonos ¿Cuáles son los jóvenes que pueden llevar verdaderamente a nuestro país al puerto del desarrollo? los que siguen a ciegas un ideario que ha fracasado históricamente en todo el mundo y que pretende homogeneizarnos incluso en contra de nuestra misma naturaleza humana o los que cada día se esfuerzan por generar ideas para mejorar un modelo que si bien no es perfecto es el que nos ha permitido tener los mayores avances en toda nuestra historia. Estimado lector la respuesta la tiene usted y procure empoderar a los que usted crea le hacen mayor bien al país.




