Pocas veces el corazón se nos arruga tanto, como cuando recibimos noticias que nos hablan de ausencias, y esto me ocurrió hace un mes, en la madrugada del pasado 26 de enero, tras enterarme que aquel hombre que con su sapiencia y bondad se había convertido para mí casi que en un consejero personal, simplemente ya no estaba. Había partido a ese pedacito de universo desde donde nos miran quienes se nos adelantan en esta efímera carrera de la vida.
Y es que hablar de una persona como Carlos Holmes, es hablar de un ser humano como pocos; inteligente, sincero, amable, y sobre todo adornado de una sensibilidad que pocas veces se encuentra en un hombre que como él, había alcanzado la importancia y el prestigio de un gran líder. En pocas palabras: era un verdadero caballero, y eso es algo que va más allá del éxito.
Era un hombre generoso, desprovisto de cualquier mezquindad. Nunca olvidaré cuando se llevó a cabo la elección para los avales al interior del Centro Democrático, y él era uno de los precandidatos; desde el mismo momento en que resultó elegido nuestro hoy presidente Iván Duque, con un convencimiento absoluto Carlos dijo: «cuente con mi apoyo irrestricto», y vaya que lo cumplió a cabalidad. Se entregó de lleno a la campaña, pendiente de cada detalle en cada región que visitó, y con esto me enseñó que sí hay gente seria en la política, capaces de poner a un lado sus propios intereses por el bien de una causa común.
Uno de los momentos que más me marcó a lo largo de nuestra amistad fue una vez que lo llamé y le comenté que íbamos a inaugurar la sede del movimiento Liberales con Duque. Sin pensarlo dos veces me dijo «yo tengo que estar allá», y así fue, no solo vino al Meta, sino que ese día nos regaló un discurso muy sentido y elocuente. Se le veía feliz, radiante, y en un momento de la reunión, él, que siempre estaba pendiente de los detalles, se acercó y me dijo:
– «¿Por qué estás triste?»
No sé cómo lo notó, yo solo atiné a decirle, «problemas, que nunca faltan».
– «¿Problemas del corazón?», insistió.
Le respondí que «todos los problemas que nos afectan tienen que ver con el corazón, porque lo lastiman».
Creo que él en su sensibilidad y sabiduría tenía siempre las palabras adecuadas para cada momento, y las que me dijo ese día se quedaron tatuadas en mi alma, porque las sentí sinceras y oportunas:
– «Tranquila, ese corazón siempre se va a reparar porque tú eres una mujer fuerte, bendecida, y llena de virtudes y gracia», dijo, y acto seguido me dio un abrazo de esos tan sinceros que reconfortan el alma. En ese momento me sentí más tranquila, más segura. Ese día dimensioné el gran ser humano que había en Carlos Holmes.
Otra de las muchas anécdotas que recuerdo al lado de ese ser humano tan cálido, fue justo el día de la posesión del presidente Iván Duque: cuando entré a Palacio lo vi saludando a unos diplomáticos y me acerqué a saludarlo. Él, que estaba en un momento tan importante, rompió el protocolo y vino, me saludó con un abrazo y puso un beso en mi frente, momento que corresponde a la foto que publiqué en mis redes sociales el día de su muerte.
Justo fue hoy hace un mes que partió a la eternidad, y con él se me fue un amigo sincero, desinteresado y leal como pocos. Ese día perdió su familia, pues con él partió un inigualable abuelo, esposo, padre y hermano; pero también perdió el partido Centro Democrático, que pudo contar entre sus miembros con un hombre conciliador, siempre dispuesto a servir y buscar soluciones antes que problemas.
Finalmente, con la muerte de Carlos Holmes Trujillo perdió el país, que tuvo en él a un hombre transparente en todo su actuar, como alcalde de Cali, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, diplomático, ministro del Interior, de Educación, de Relaciones Exteriores y de Defensa; un hombre cuyo liderazgo entusiasmaba a quienes lo acompañaron en sus labores.
Prueba de ello es que, aún en el ocaso de su vida, supo ganarse en muy poco tiempo el cariño y la admiración en las filas de nuestras Fuerzas Militares; fue tanto así que, desde el soldado de más bajo rango, hasta los más encopetados generales, esos que rara vez dejan ver su sensibilidad, se mostraron compungidos ante la pérdida del que sin duda fue uno de los mejores ministros de la cartera de Defensa de todos tiempos.
¡Hasta siempre, Carlos Holmes, eterno amigo!




