Glifosato por la democracia

Lucas Durán Hernández

No podemos permitir que la izquierda populista y demagógica continúe ejerciendo presión significativa sobre los ciudadanos de bien. El glifosato se ha utilizado masivamente desde los 70’s en casi todos los continentes, Clic para tuitearSi en algo se ha destacado la izquierda Colombiana desde hace ya varias décadas, es por oponerse a la fumigación de plantaciones ilegales de coca y otras sustancias que terminan siendo consumidas por ciudadanos de todo el planeta. Han mostrado una vehemente oposición a las políticas de estado que debilitan, no solo a las guerrillas narcotraficantes, sino a los carteles de droga y grupos criminales pseudo-paramilitares que ahora buscan ensangrentar el campo Colombiano. A pesar de eso, sus argumentos no solo carecen una base sólida intelectual, sino que, al salir a parlotear en programas de televisión o en Twitter las razones por las cuales nuestra Fuerza Aérea no debería debilitar las finanzas de los grupos narcoterroristas, muestran su dependencia en la demagogia y el populismo clásico de la izquierda Latinoamericana, y, peor aún, el idealismo que ha caracterizado a los que, el siglo pasado, asesinaron a más de 100 millones de seres humanos.

En primer lugar, vale la pena aclarar que el narcotráfico es el principal método de financiamiento de los grupos criminales que la Seguridad Democrática ha buscado contener. En 1991, un reporte de inteligencia del gobierno Francés detalló como ellos creían que alrededor del 20% de los frentes de las FARC se financiaban principalmente por el narcotráfico, en particular por la venta de cocaína a mercados nacionales e internacionales. Esa cifra aumentó exponencialmente durante la década del Liberalismo, ya en 1998, el 67% de los frentes utilizaban esa macabra táctica para crear clientes dependientes, y, como buenos izquierdistas, crear una relación parasitaria. Esto no es para excusar la responsabilidad de los grupos paramilitares, quienes también aportaron a desestabilizar el campo Colombiano, y ensangrentar las narices de millones de jóvenes Estadounidenses, Europeos, e incluso Colombianos. Por algo es que el narcotráfico es equivalente al 2.5% de la economía Colombiana.

La historia nos ha demostrado (a quienes la leemos), que el glifosato es el arma más eficaz que las fuerzas institucionales y republicanas pueden emplear contra este vil crimen, que financia las mafias, las guerrillas, y los carteles que ahora plagan nuestro campo y algunas ciudades. Durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se utilizó este herbicida contra la mata asesina, y, según observadores de la ONU, se redujo la cantidad de hectáreas en un 39.15%, algo que genera contraste con el incremento de más de 400% desde que Juan Manuel Santos suspendió el uso de la sustancia. La versatilidad de esta herramienta permite que una avioneta sobrevuele una zona (usualmente de difícil acceso para soldados) y deje caer el herbicida. El mayor riesgo que se corre es que los bandidos disparen con sus armas de fuego, y de relativamente bajo calibre contra la avioneta, sin embargo, la perseverancia de los Colombianos de bien ha sido suficiente para superarlo, pues ya ha ocurrido, y lo que se hace es blindar la cabina, y mejorar los motores de las avionetas, esto con el objetivo de reducir el tiempo en el que se corre peligro. Evidentemente es mejor que enviar tropas por tierra (sin cobertura aérea) a entrar a la boca del lobo.

Aparte de esto, es la táctica más económica para el gobierno (algo que es sumamente relevante, considerando el lloriqueo del progresismo por la reforma tributaria). Erradicar una hectárea de plantaciones de coca a través de la aspersión terrestre cuesta alrededor de 4.8 millones de pesos, si se multiplica eso por las 154,000 hectáreas de coca que había en el 2019, se obtiene un costo de 739 mil millones de pesos, esto si se asume que no se plantarán más. El método que defiende el centro es buscar la erradicación a través de Grupos Móviles de Erradicación, sin embargo, este método pone en peligro a los miembros de la fuerza pública, y como se ha visto históricamente, es más efectivo con cobertura y apoyo aéreo, algo que alcanzó su apogeo durante el gobierno de Uribe. Al culminar los cálculos, con la misma cantidad de hectáreas, se llega a la cifra de 492 mil millones de pesos. Sin embargo, al hacer lo mismo con el glifosato, se obtiene un precio de 277 mil millones de pesos, una diferencia de costo de 62.5% con el primer método, y de un 43.6% respecto al segundo. Esto hace la aspersión de glifosato el método mas eficiente y seguro de eliminar estos cultivos, y reduce la probabilidad de generar roces con la comunidad.

Vale la pena aclarar que es un mito que el glifosato sea un agente cancerígeno, todo eso surge de una decisión del 2015 de la Agencia de Investigación de Cáncer de la OMS de identificar el herbicida como un “posible causante de cáncer”, al parecer, el activismo progresista se quedó en ese año, pues, por la controversia generada, diferentes agencias e institutos en todo el mundo decidieron llevar a cabo y revisar estudios sobre el tema. La EPA (Agencia de Protección Ambiental) de los EEUU, clarificó que, después de extensas revisiones sobre el glifosato, continuaban encontrando que “no hay riesgos para la salud pública cuándo se utiliza el glifosato”, y que “el glifosato no es carcinogénico”. La respetada universidad de Cornell experimentó con animales, y encontraron resultados similares, pues los animales expuestos (y que consumieron glifosato), no resultaron más propensos a desarrollar cáncer durante los años de estudio. La misma OMS que han decidido idolatrar estableció, en un reporte sobre calidad y cuidado de agua del 2017, que cualquier persona con protección básica (tapabocas, gafas de protección, y guantes de latex) podía interactuar sin peligro con el herbicida, pues, era justamente eso, un químico utilizado para matar hierbas y plagas.

No podemos permitir que la izquierda populista y demagógica continúe ejerciendo presión significativa sobre los ciudadanos de bien. El glifosato se ha utilizado masivamente desde los 70’s en casi todos los continentes, es un químico popular entre el campesinado Colombiano, y lo seguirá siendo. El estado tiene el deber de proteger a sus ciudadanos, de luchar contra el crimen, y, francamente, no hay mejor forma de hacerlo qué con la aspersión aérea del glifosato, por eso se celebró la reciente decisión de retomar la actividad, porque estamos en un punto donde el glifosato puede defender nuestra democracia, nuestra república, y lo debemos aprovechar.