Frente al Covid periodistas del mundo le fallaron a la humanidad

Robert Posada Rosero

Robert Posada Rosero
Los periodistas amplificaron sumisos las cifras de contagios y muertes y difundieron medidas que ofrecen una falsa sensación de seguridad a costos incuantificables, llevando a la humanidad a experimentar casos de… Clic para tuitear

 

Los primeros días del 2020 sorprendieron al mundo con la noticia de que una neumonía desconocida trasmitida por un virus surgido en la remota provincia de Wuhan, en China, podría convertirse en una pandemia global con consecuencias impredecibles, como efectivamente pasó.

Más de un año después es muy poco lo que realmente se conoce sobre el Covid-19, llamado también Virus Chino, ya que los informes y anuncios de la Organización Mundial de la Salud, OMS, han sido tan confusos como cambiantes, así como las medidas que se han adoptado para contener el avance del mortal virus.

Desde el comienzo el gigante asiático, la segunda economía del mundo, guardó silencio sobre el virus y ocultó información vital sobre este, y aunque la OMS anunció una visita de inspección a los laboratorios de Wuhan, hasta ahora no se sabe nada nuevo ni concluyente, y probablemente pasarán años para que lo sepamos.

Lo cierto es que China, según la Oficina Nacional de Estadística, ONE, es el único país con un crecimiento del 2,3% en su economía durante el 2020, al convertirse en proveedor clave de un mundo sumido en crisis, logrando aumentar su producción industrial para suministrar bienes (maquinaria, productos e insumos) con el fin de contener y controlar la pandemia en países paralizados por la misma.

Sorprende no solo la rapidez para responder a la demanda mundial sino la velocidad de su recuperación del coronavirus, hechos que los medios han registrado con asombro, pero sin hurgar e ir más allá de las informaciones oficiales, cuando el mundo clama por respuestas a las innumerables inquietudes que flotan en el ambiente.

En una columna del pasado 11 de febrero, en La República, Andrés Otero Leongómez, llamó la atención sobre “El despertar del Dragón”, indicando que conforme pasen los meses el mundo se dará cuenta que la amenaza de China es real, “el primer orden de batalla es mantener un ‘firewall’ que proteja a China de la amenaza del resto del mundo. Barrera tecnológica que busca no solo evitar la contaminación mediática y de información proveniente de Occidente, sino asegurarse que otras potencias no tengan acceso a lo que sucede internamente”.

Esa “ventaja” de la nación comunista, que todo lo controla, es precisamente la que ha evitado que se conozca la realidad sobre esta pandemia, mientras los medios del mundo se conforman con registrar el avance de las vacunas (aún en experimentación, esta vez en humanos) sumidos en la misma histeria de miedo y terror que ayudaron a generar.

Los periodistas amplificaron sumisos las cifras de contagios y muertes y difundieron medidas que ofrecen una falsa sensación de seguridad a costos incuantificables, llevando a la humanidad a experimentar casos de ansiedad y depresión en personas que incluso no han sufrido Covid-19. Hoy azuzan y registran el espectáculo de la vacunación, “negocio” al cual solo Colombia ha destinado $3,07 billones de pesos en adquisición de vacunas; además ha comprometido otros $525 millones para el traslado de dosis de Sinovac desde China y $668.925 millones para aplicación vacunas por parte de las EPS.

Al 22 de febrero, el Covid-19 ha dejado en el mundo un saldo de 2,4 millones de muertos y se han registrado 111,85 millones de contagios, siendo Estados Unidos, India y Brasil donde han contraído el virus más personas; en la primera economía del mundo la pandemia fue decisiva en la elección presidencial, costándole el puesto al presidente Donald Trump, con quien Beijing sostenía unas tensas relaciones comerciales.
Estas cifras son irrisorias frente al 1,25 millones de personas que mueren al año en el mundo por accidentes de tránsito, los 3,5 millones personas que mueren por diabetes y niveles elevados de azúcar y los 7 millones que mueren por contaminación atmosférica. Números aún más nimios ante los 50 o 60 millones de personas fallecidas durante la Segunda Guerra Mundial.

En su libro 21 lecciones para el Siglo XXI, Yuval Noah Harari, especialista en historia medieval e historia militar, resalta que las nuevas guerras con el objetivo de “prosperidad económica e influencia geopolítica se consiguieron sin disparar un solo tiro” y cita como ejemplo el resurgimiento de las economías de Japón, Alemania e Italia, después de sus derrotas en la segunda Guerra Mundial.

Hariri, advirtió que el bioterrorismo plantearía una amenaza más seria y que “el éxito o fracaso del terrorismo, depende, pues, de nosotros mismos, si permitimos que nuestra imaginación caiga presa de los terroristas y después reaccionamos de manera exagerada antes nuestros propios temores”.

“Solo hay que comparar el inmenso progreso de la pacifica China en los últimos 20 años” para inquietarse con todo este nuevo orden mundial y cuestionarse sobre la información que recibimos. “Sería ingenuo suponer que la guerra es imposible. Incluso si es catastrófica para todos, no hay dios ni ley de la naturaleza que nos proteja de la estupidez humana”, concluye Hariri.

Robert Posada Rosero
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Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.
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