@fbernate

Ha circulado un borrador de los puntos que contendría una propuesta de reforma a la justicia, y hay varios asuntos que llaman la atención, unos por necesarios y acertados, y otros por ser claramente equivocados. Vamos a hacer referencia a algunos de estos asuntos en este espacio de amigos, a veces para ponderar las virtudes, y, en otras, para llamar la atención sobre sus errores.
Ha circulado un borrador de los puntos que contendría una propuesta de reforma a la justicia, y hay varios asuntos que llaman la atención, unos por necesarios y acertados, y otros por ser claramente equivocados Clic para tuitearHoy nos ocupamos sobre la propuesta para modificar la forma que se se eligen los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia contenida en este proyecto. El lector debe saber, de entrada, que yo, Francisco Bernate, he aspirado en una ocasión a la Corte Suprema de Justicia, Tribunal por el que profeso todos los respetos, la gratitud y la admiración, y, si de mi dependiera, volvería a intentarlo, pero, de materializarse esta propuesta, sería un sueño postergado para una futura reencarnación, pues no cumpliría los requisitos que ahora se pretenden exigir para aspirar a esta dignidad. Naturalmente que no estoy presentando una visión desde un interés particular, pero el lector tiene todo el derecho a saber las circunstancias de quién escribe en este espacio.
Dentro de esta propuesta, se indica que la persona que aspire a ser magistrado debe contar ya no con 15 sino con 20 años de experiencia profesional, y, cuando menos 5 de ellos en la rama judicial. Es decir, se va a convertir en ley lo que ha sucedido, y es que para llegar a nuestras altas cortes hay que pasar por una especie de pasantía en la rama judicial, preferiblemente como magistrado auxiliar o como magistrado de un tribunal. Con esto, quienes nos encontramos en otras orillas del ejercicio profesional como la academia, el litigo, tenemos las puertas cerradas, aunque si llama la atención que esta prevención solamente aplique para los abogados que representan intereses particulares, en tanto que quienes como Fiscales Delegados, igualmente litigan los intereses del Estado en los procesos, no tendrían esta inhabilidad.
La búsqueda de la fórmula mágica para la elección de magistrados entre nosotros, es un asunto, parece, de nunca acabar. Pasamos en el plebiscito de 1957 de la elección por los partidos políticos a la cooptación, en la que cada Corte elegía sus magistrados, al sistema establecido en la constitución de 1991 en el que participa el Consejo Superior de la Judicatura que elabora las listas de candidatos de las cuales la propia Corte elige.
Y se estableció, con buen criterio, que en la conformación de las Cortes debía existir una armonía, entre los integrantes de la Rama Judicial, la Academia y el litigio, norma que, a la fecha no se ha cumplido en tanto que se ha impuesto la costumbre de privilegiar a quienes provienen de la misma rama judicial. Con ello, por supuesto que nuestros Magistrados conocen el arduo trabajo de ser jueces, y entienden la dinámica, nada fácil, de administrar justicia, y ello constituye sin dudas una ventaja de esta propuesta . Pero, por otro lado, nuestra justicia se está perdiendo la oportunidad de contar con visiones diferentes, como las de defensor, o quien ha representado a las partes en un proceso judicial, o la de un académico que pueda nutrir nuestra jurisprudencia con el debate científico actual.
Por demás, se desconoce que muchos de los mejores magistrados que han pasado por nuestra Corte, y que han dejado sentadas sus posturas provenían, en su momento del litigio, siendo innecesario resaltar sus nombres, o que, en la actualidad, a lo largo y ancho del país la opción de la academia cada vez se consolida más y todas estas voces tienen mucho por aportar a la juridicidad nacional. Respetamos y ponderamos el trabajo que se hace al interior de la rama judicial, por supuesto que si, pero queremos una Corte en la que tengan cabida todas las visiones, lo cual redundará en el beneficio de todos los ciudadanos.
En últimas, creemos que la endogamia en la administración de justicia resulta inadecuada para el desarrollo de nuestra jurisprudencia, que se trata de una medida discriminatoria sin fundamento alguno, y que curiosamente, permite que abogados de la fiscalía general de la nación puedan acceder a las altas cortes, pero sus contrapartes, los defensores, no, cuando ambos hacen el mismo trabajo, representar los intereses de una de las partes en un proceso judicial.
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