Esta tarde y con el personal ya fuera del lugar Pedro toma su té en leche mientras ve muy necesitadamente a su secretaria de confianza. Con un vestido ajustado al cuerpo donde se ven esos seno grandes y escurridos agitándose con toda liberta.
Tiene una idea, así que la llama a su oficina.
- ¡Magnolia! – grita Pedro.
Ésta de inmediato se levanta para ver que necesita el hombre que le ha dado la oportunidad de ser alguien, llega a su oficina y bamboleando sus hábiles caderas se para frente a él.
- Dígame señor, dice con ánimo de ser poseída y sin reserva.
Pedro entendiendo el lenguaje del cuerpo de esta mujer, y mirándola fijamente le dice:
- Mira que este archivador no cierra bien, ¿me puedes ayudar? – pregunta mientras sostiene la tasa de té entre sus manos.
Magnolia echa una ojeada y nota que el cajón de arriba está abierto, así que paseándose con su vestido rojo pegado al cuerpo se para frente al archivador, dejando sus nalgas casi en la cara de Pedro.
Éste ni corto ni perezoso, corre la silla para darle paso a su lado. Y a la vez para poderla ver bien, entonces ahí sentado recuerda las palabras de Iván, de que esta mujer se deja hacer de todo, recuerda por que la ha recibido y también porque no la despide. Es la persona de confianza que tiene ya que se presta para ser una de sus mayores testaferros, había ocultado el asesinato de una puta, muchos negocios más. Entonces mirándole esa gran parte trasera y con ese vestido rojo no entiende por qué no la ha tocado, si son evidentes sus lealtades y como se viste.
Mientras Magnolia hace que arregla el cajón, mira de reojo a Pedro y más le mueve el culo. Así que dejando la tasa de té en su escritorio Pedro se pone de pie, detrás de Magnolia, hablándole al oído, le dice:
- Se le bien ese vestido- son palabas lujuriosas.
Mientras dice esto baja sus manos para tocarle esas piernas gruesas de mujer de campo, al sentirlo tan cerca de ella y el roce de sus manos por la piel de sus muslos, siente un escalofrío rico, desea voltear y ser el juguete sexual de Pedro. Ahí con la respiración fuerte y con la voz entre cortada le dice:
- ¡Y de bajo no hay nada! – afirma aun parada frente al archivador.
Con la duda, éste le remanga el vestido y descubre que en realidad no tiene bragas, llevándoselo hasta los hombros, se desamarra el pantalón, cuando cayeron al suelo, éste ya estaba dentro de Magnolia dándole con fuerza contra el archivador mientras esta se sostenía para no caerse.
Ahí los cuerpos sudados, se aparean sin cansarse, viendo que esta es resistente, la voltea y la bota sobre el escritorio con las piernas abiertas, al tenerla así de frente y con toda la disposición para él más se apasiona, y no le queda de más que lanzarse sobre ese cuerpo grande y hacer lo de siempre, cogerla contra el escritorio. Así sucede varias veces cuando los trabajadores se van, ellos esperan para pasar por cada escritorio y desfogarse en pasión. Todo tan bien hasta que Magnolia en un acto de amor conveniente empieza a llevarle almuerzo y a mostrarle más afecto.
Al ver Pedro estos gestos de ternura empobrecida, entiende que esta quiere más. tiene que hacer lo que hace con todas, que es sacarla con una buena retribución. Solo que él no sabe lo que le esperaba.
- ¿Dígame? – pregunta Magnolia cuando se sienta frete a Pedro en su oficina con el vestido verde que ya le ha quitado.
Él mirándola de forma fría le contesta:
- Esta despedida, y ahí tiene un cheque con una gran cantidad.
Al escuchar estas palabras tan frías Magnolia se levanta, cierra la puerta y vuelve a sentarse en el mismo lugar, toma el cheque en sus manos y le dice mirándole fijamente:
- Usted no se va deshacer de mi así de fácil, no se le olvide yo sé mucho de usted. Yo vine a hacerle también una propuesta Pedro, y es que yo quiero la mitad de este negocio- dice mientras lo miraba con un tinte de poder.
Al escuchar esto, Pedro, con sus ojos fríos la mira y de manera inesperada lanza su tasa de té contra la pared. Al ver esta reacción Magnolia queda suspendida en el tiempo, pues el indomable he invencible parece no va a ceder. Mientras todos los trabajadores en la oficina observaban lo que pasa, deciden no intervenir, pues Magnolia tiene la fama de perra rabiosa, y lo que le pase esta bien merecido.
Al levantarse de su puesto y con el demonio adentro se le acerca a Magnolia que aún no le sale una sola palabra, y le pregunta:
- ¿Usted me está amenazando a mi malparida?
Al verlo a su lado con las rodillas dobladas y hablándole de esta manera al odio le produce un fuerte escalofrió. Sin más Pedro enrosca su brazo en el cabello largo de Magnolia y tira de él con fuerza, con tanta, que cae al suelo. Intenta cubrirse de los golpes, cosa que no logra ya que Pedro le da de punta pies hasta romperle el rostro. Los trabajadores no hacen nada para intervenir, ya que desde el mandato de Magnolia les ha quitado ciertos privilegios, Haciendo caso omiso y viéndolo con la normalidad que se ve en sus hogares, siguen en sus labores.
Pedro enceguecido la toma nuevamente del cabello, sacándola de la oficina y arrojándola a la calle. Torna a su puesto para intentar calmarse, pero lo que no sabe, es que está tratando con una mujer sin escrúpulos. Al sentarse en su silla Pedro piensa que ha terminado con el problema, idea que se va de inmediato cuando ve a Magnolia entrar de nuevo a la oficina con la cara ensangrentada y gritando:
- ¡De aquí no me saca nadie! – dice mientras con sus pocos alientos se aferra al puesto de trabajo donde un tiempo atrás el jefe le había hecho el amor.
Este día es una catástrofe, los empleados se van a la hora del almuerzo dejándolos solos como siempre. Pedro sigue encerrado en su oficina y Magnolia en el puesto de trabajo, sospechando desde su encierro que ésta no será fácil, imagina como crear una idea para hacerla realidad y verla fuera de su vida.
En cambio, Magnolia está dispuesta a llegar más bajo, al ver que Pedro la puede matar por el poder que tiene, decide que tiene que arreglar el problema. Toca a la puerta, y nadie le hablaba, entonces la abre, y estando dentro de la oficina, Pedro es incapaz de mirarle la cara moreteada. Cuando se da la vuelta para llegar donde esta él, le gira la silla, y cuando ya lo tiene de frente se le inclina para pedirle como se le pide a Dios. De rodillas, y llorando, le dice:
- No me saque que tengo cuatro hijos, además si me saca no tendré que comer.
Al verla en el suelo, suplicando y besándole los zapatos, la prepotencia se eleva hasta el techo, y siendo despótico con el pie la empuja, mostrando el asco que siente por ella. Al ver como ésta le suplica le causa risa y a la vez lastima. La deja que continúe con él. Solo que con el pasar del tiempo ese rostro se desfigura y se vuelve la cara de una mujer frustrada y maltratada. Donde la apariencia con el pasar del tiempo la ha transforma en una mujer sin forma física, resentida, amando y odiando a Pedro, mientras el invencible tiene sus noches ocupadas y bastante entretenidas, llega a pensar en un momento lo afortunado que es por tener esa asistente tan fiel. Lo que ignora en medio del placer es que Magnolia aprovecha el desorden para transferir mucho dinero a su cuenta.
En medio de la vida festiva en una reunión con su partido político, una mujer irrumpe la atención de Pedro. Completamente diferente a lo que él desea tener en su cama, la ve ahí de pie siendo la invitada de un amigo.
Es alta, con cuerpo bien formado aun con sus 40 años de edad, de cabellos negros, piel blanca y ojos cobrizos, de finos labios bien delineados y delgados, al verla con el vestido de lentejuelas verdes no le queda demás que acercarse para conquistarla y después dejarla, como lo hace siempre. Así que con su traje bien puesto se le acerca con una copa de vino blanco, y le dice:
- ¿y cómo se llama la joven? Pregunta pedro lanzándole un cumplido.
- Carmen julia. ¿Y cómo se llama el señor? interroga la mujer de traje verde mientras lo mira con sus ojos negros.
- Me sorprende que no escuchara mi nombre. Dice pedro haciendo apología de su terrible ego.
- Me sorprende no saberlo si es tan popular. Indicaba Carmen Julia de manera tranquila y serena, dándole a entender con su mirada que no le importaba.
Al ver a esa mujer tan común, tan tranquila he incapaz de sentir miedo hacia él, se perturba, las mujeres con las que sale son pagadas así que saben que es un hombre adinerado, y a las que no paga desean estar con el tan solo por el hecho de sus relaciones con la política.
La diferencia es que Carmen es una mujer de buena familia, con estudio, de 40 años, pero con una vida bien vivida, se había casado y se había divorciado, tiene un hijo de 20 años el cual parece que fuera su hermano. Al estar en esa reunión sabe quién es Pedro, un hombre muy rico, que conquista negocios en el pueblo y en la gran ciudad gracias a sus vínculos. Que anda con mujeres pagadas y que al parecer la quinta hija de su asistente de confianza es su hija, todo esto por los rumores que se escuchan Antioquia y el país.
Magnolia se hace notar en el círculo de Pedro como la mujer de confianza, esto y según con las especulaciones ya había pasado por la cama del invencible. Nunca imagino conocerlo ya que Pedro es como una especie de celebridad en su pueblo natal, así que reconociendo su vida pública Carmen Julia decide irse con su hijo.
Al subirse al carro y con su chofer no deja de pensar en el hombre bien trajeado que se le ha acercado esa noche, le parece que huele bien y se pregunta.
- ¿Qué de malo podía tener si le habla un rato más? Y recuerda que es la fama de tomar mujer y dejar mujer la que la ahuyenta.
Del otro lado de la fiesta Pedro no deja de pensar en esa bonita mujer ya mayor, pero bien conservada, con ese traje verde de lentejuelas y sus tacones negros tan bien puestos. Con el cabello negro y al hombro abierto a la mitad peinada como princesa. Cuando la ve con ese estilo con que toma la cartera de mano y se va. Lo deja navegando en un mar de ilusión. Tanto que llega a pensar en si algún día ha considerada una vida con alguien como ella.
Las mujeres que ha tenido hasta su primera esposa habían sido mujeres de fiesta, de ropas pequeñas donde comían y se dejaban comer donde fuera, de esas que antes de tenerle alimentos saludables en su mesa, arreglaban con cierta experiencia el polvo mágico que lo hace volar. Así que se pone a indagar acerca de la mujer que vio y no olvida tan pronto, del resto ni se acuerda, pero solo con verla y sin siquiera tocarla no la olvida. Hace de todo por encontrarla, queriendo volver a ver a la mujer de cabello negro hasta el hombro peinada como princesa, sus investigaciones y arduo trabajo lo llevan al restaurante más popular de la ciudad natal. Al estar ahí sentada almorzando en el solar nota como un hombre bien vestido, de rostro inolvidable se acerca a ella, al verle caminando hacia ella, de forma instintiva voltea a mirar hacia atrás pensado que el hombre de rostro reconocido tiene una cita en ese lugar con una prepago. Cuando se sienta en la mesa al lado de ella confirma que no. Así que cruzando la pierna como todo un galán le dice:
- ¡Me hizo buscarla! – afirma mientras la mira con el rostro recargado en su mano.
- No le pedí que me buscara – dice Carmen Julia recargando sus anteojos de sol a la altura del pecho.
- ¿Está segura? Pídame que me vaya y me voy- dice Pedro.
Al verlo ahí, así de esa forma hablándole a ella, entendiendo que es algo que él no hace. Se siente atraída, al verlo bien y de cerca no está nada mal. Un hombre delgado, de cabellos que empezaban a blanquearse, adinerado y con el futuro ya resuelto. Sin hijos. Entonces se pregunta.
- ¿Qué tan malo puede, darse una oportunidad con él?, así sea una encamada de esas que hace tres años atrás no tiene.
Al percibir ese aroma de loción fina, el calzado italiano y sus ademanes de galán, de esos que cuando toma asiento se desabrocha el botón del saco, y cuando se levanta se lo volvía a abrochar. Se ve atrapada en una terrible tentación de peligro, y más al saber quién es el invencible. Entonces contra todas las críticas, esa tarde le acepta un café, y hacen lo que no es debido para aquellas personas que van en busca de solo pasión, que es hablar y conocerse mejor. Clic para tuitear




