El hombre que entregó la dignidad de Colombia

Robert Posada Rosero

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Robert Posada Rosero

La tragedia que vive Colombia y que nos tiene en una sin salida con consecuencias aún inciertas tiene nombre y apellido, pero ni un genio como Shakespeare hubiera podido retratar con tanta precisión la condición humana del personaje más  oscuro y ruin que haya conocido la política nacional.

Resulta complejo establecer en qué momento empezamos a caminar hacia el desbarrancadero, empero la situación a la que llegamos puede encontrar dos momentos concordantes, que curiosamente están atados al nefasto negocio de la droga, el maldito y lucrativo veneno que trastocó los valores de la sociedad colombiana.

Que los muchachos de las barriadas caigan seducidos ante el embrujo de sus mieles es una cosa, pero que un presidente se elija con dineros del narcotráfico, Ernesto Samper, y otro claudique ante el más grande cartel de la droga, como lo hizo Juan Manuel Santos en La Habana, solo para conseguir sus fines, nos demuestra que perdimos los límites de los principios y los valores.

Cada nuevo escándalo y cada nuevo montaje que se descubre pareciera tener su impronta, un hombre que no será recordado por el Nobel sino por urdir los más oscuros entramados para sacar del camino a sus adversarios políticos, un sujeto sin escrúpulos que ejemplifica como ningún otro la deslealtad y las bajezas que se esconden detrás del poder.

Este aristócrata criollo con ínfulas londinenses, se reúne en secreto en las noches con criminales y motivaciones non sanctas, pero descubierto el ágape utiliza la vieja arma de la búsqueda de la paz para justificar sus andanzas, como si ese artilugio lo pudiera blindar por siempre ante la justicia y la opinión pública nacional e internacional.

Aún es prematuro medir el nefasto legado de Juan Manuel Santos Calderón; en la historia quedará escrito que se robó un plebiscito y que llevó al congreso, en contra de la voluntad popular, a los peores criminales de lesa humanidad que ha parido la patria, sepultado de tajo el nombre de su familia, otrora defensores de la democracia.

Hernando y Enrique Santos Castillo, herederos del expresidente Eduardo Santos Montejo deben estar revolcándose en sus tumbas, sus descendientes no sólo fueron incapaces de conservar el periódico como un bastión de la prensa libre, sino que mancillando su legado se dieron a la tarea de entregar el país a un hampa travestida de líderes políticos, líderes sociales y defensores de derechos humanos.

Para ser justos habría que agregar que no lo hizo solo, tras bambalinas siempre ha estado la mano de su hermano Enrique Santos, conocido como ‘el guerrillero del Chicó’, contando además con los servicios de su hijo Alejandro Santos, desde la revista Semana, un medio que bien ha prestado sus oficios a las causas familiares convertidas en asuntos de Estado.

Si Juan Manuel tuviera algo de dignidad debería refugiarse en silencio por un largo tiempo en la gélida Londres o en su palacete de Anolaima, pero como no conoce el significado de este término continuará como Samper maquinando y urdiendo canalladas para reafirmar su oscuro proceder en la historia de Colombia.

Qué bien le haría al tartufo recordar la frase memorable de Eduardo Santos, cuando el general Rojas Pinilla cerró El Tiempo, «La dignidad está por encima de la vida. Una vida sin dignidad no vale la pena vivirla», pero mucho me temo que estas palabras le digan algo, hace mucho que nos dejó ver que ni la dignidad ni la vida tienen valor para él, pues en sus maquinaciones no vacila en arrasar con ambas.

Si Eduardo Santos es recordado como el hombre que consideraba a la libertad como un valor esencial y quien defendía el derecho a expresar las propias ideas sin ser perseguido por ello, Juan Manuel Santos será recordado exactamente por lo contrario, como lo ejemplifican los casos del almirante Gabriel Arango Bacci, el exministro Andrés Felipe Arias y el expresidente Álvaro Uribe Vélez, entre otros.

Este será el verdadero legado de Juan Manuel Santos, el del hombre que despojó a la justicia de su dignidad, mancilló la reputación de la Fuerza Pública, minó la credibilidad de los medios y empoderó a los narcoterroristas; ni Samper se atrevió a tanto, los episodios de la fatídica noche del 9 de septiembre de 2020, reafirman su legado: caos, muerte y destrucción, en una partitura dirigida desde twitter por quien ha sido su aliado electoral, Gustavo Petro.

Luis Carlos Galán ofrendó la vida por sacar a Pablo Escobar del congreso y 30 años después tuvimos que ver a Juan Manuel Santos colocando en riesgo la vida y libertad de otros colombianos decentes para llevar y sostener en este recinto a otros narcos de igual o peor condición, entregando la poca dignidad que nos quedaba como país.

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 42 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.
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