Cuando se trata de tomar decisiones que viabilicen el camino de desarrollo seguramente será muy difícil tener a todos los actores contentos, la posibilidad de equilibrios es un reto en materia de cambios, pero la crisis presente es el punto de partida y el análisis certero del riesgo e incertidumbre permitirán acercarse a la mejor decisión. Se vuelve mas complejo si la decisión esta asociada no solo al desarrollo si no a la estabilidad, este elemento la hace mas urgente.
Hoy el mundo debate en cada territorio las alternativas fiscales que les permitan recuperar la estabilidad, la pandemia arrasó la prospectiva de desarrollo prometida en los proyectos políticos que la antecedieron. La nueva realidad se distancio profundamente de esos objetivos y además retraso como lo dicen los expertos, el desarrollo del mundo en 15 años. Si a lo anterior le adicionamos que antes de la pandemia las finanzas de américa latina ya estaban teniendo problemas, estaremos frente a una realidad demasiada peligrosa.
Con este panorama y con la característica general en américa latina, donde sus estructuras para el desarrollo están concentradas en el tributo no en la protección social y sus ahorros y donde la generalidad es endeudarse para pagar sus proyectos, resulta indispensable promover un cambio lo mas rápido posible. La CEPAL muestra además 4 problemas que acrecientan el impacto de la pandemia en américa latina, altas tasas de informalidad, aumento del trabajo por cuenta propia y brechas en el acceso a la protección social contributiva. Pocos países cuentan con prestaciones de desempleo; en 2019, solo en ocho países de América Latina y el Caribe los trabajadores del sector formal tenían seguro de desempleo. Será necesario ampliar los programas de protección social no contributiva que se financian con impuestos y apoyan a los más pobres a otras familias de bajos ingresos en riesgo de caer en la pobreza.
Quizás para muchos, las reformas tienen un costo político alto, pero cuando es la única arma para reducir la pobreza vale la pena arriesgarse. Por supuesto que se puede mejorar el equilibrio de las afectaciones, también se hace necesario reducir dramáticamente el estado y atacar de manera decidida los fenómenos de corrupción y evasión, pero hay que re diseñar las finanzas publicas de cara al corto, mediano y largo plazo. El camino fácil es no hacerla, el apropiado es debatirla con altura, sin olvidar que su objetivo no es favorecer al estado si no caminar hacia del desarrollo y reducir la pobreza.Quizás para muchos, las reformas tienen un costo político alto, pero cuando es la única arma para reducir la pobreza vale la pena arriesgarse. Clic para tuitear




