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¿Duque está enfrentando un intento de golpe de estado? Columna de Martin Eduardo Botero Clic para tuitear
Queridos lectores, expresamos nuestra firme solidaridad con todas las fuerzas democráticas de Colombia y deseamos animarlas en su lucha por la democracia y en contra de una izquierda anticapitalista socialista y bolivariana siglo XXI con sus métodos y gestos antidemocráticos sus prácticas autocráticas sus medios de comunicación partidistas y sus declaraciones incendiarias, incluso sus operaciones de desestabilización desde el interior contra la propia población que está tomando un rumbo completamente equivocado, arriesgado a corto plazo y peligroso a largo plazo. En otras palabras, no deseamos que los procesos antidemocráticos evolucionen y adquieran fuerza, la sociedad civil no puede enterrar la cabeza en la arena. No podemos quedarnos indiferentes ante cambios que son tan ostensiblemente antidemocráticos y opresores.
Los saqueos, la violencia, el vandalismo, la alteración del orden público que estallaron en Colombia pusieron nuevamente sobre la mesa del debate hemisférico e internacional el tema de Socialismo siglo XXI en el listado de nuevas amenazas, preocupaciones y otros desafíos para la seguridad y la integridad de los Estados del continente latinoamericano, y sus peligrosos efectos en la estabilidad y la gobernabilidad democrática en los países afectados, así como el uso de todo recurso a la fuerza con intención de obtener cambios políticos (intento de golpe de Estado).
No podemos quedarnos indiferentes ante cambios que son tan ostensiblemente antidemocráticos y opresores. Clic para tuitearLa seguridad es una cuestión que nos preocupa a todos, y los tentáculos del terrorismo, las diversas formas de delincuencia y la inmigración ilegal se han dejado sentir. ¿Y si la Colombia está a las puertas del infierno? Es más desalentador aún ver que un número significativo de malhechores armados puso de rodillas a un país, así como la forma en que los medios de comunicación pertenecientes a la oposición sobredimensionan y reprochan la participación y autoridad de los militares, lo que no promete nada bueno para el pueblo o el país y ponen de manifiesto que la situación aún podría agudizarse -. Sin hablar de activistas políticos de izquierda y la actuación de políticos y periodistas irresponsables – con una campaña muy pública acometida por una pequeña cohorte de progresistas usurpadores del poder – que azuzan el pánico y el odio, el ambiente de terror e intimidación con plena conciencia de sus actos, con planes y proyectos que, cual fuerte viento, azuzan el fuego, la de una política miope y egoísta que se niega a reconocer los derechos del otro y las diferencias internas, de entender el significado de la convivencia y que fomenta el odio y los conflictos civiles. Esta lógica resulta inconcebible. Ningún sujeto tiene derecho a ello ni a trastornar el curso de la democracia. Creo que la Presidencia debe responder con firmeza en lo que respecta a este problema importante de libertad, democracia y justicia, imponer la ley y el orden. Estos hechos asustan a la inversión extranjera, reducen considerablemente la entrada de turistas y detienen la ayuda financiera.
Creo que la Presidencia debe responder con firmeza en lo que respecta a este problema importante de libertad, democracia y justicia, imponer la ley y el orden. Clic para tuitearMuy graves las numerosas y justificadas críticas generalizadas a la respuesta incluso a la lenta reacción del gobierno central para imponer el orden público, garantizar la seguridad de la población y defender los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos y para hacer frente a los actos de vandalismo acompañados de saqueos. Lo que ocurre es que ha habido graves errores de gestión o incluso faltas más graves en materia de prevención de la delincuencia y de justicia penal, con objeto de mantener estable la situación política y de seguridad. No obstante, también era importante tener en cuenta la respuesta en el sistema de alarma, la participación de las fuerzas armadas y la militarización de las zonas afectadas (algo secundario cuando de salvar vidas se trata) y en el uso de la fuerza para asistir en las tareas de atención y mitigación y en preservar o restituir el orden público.
Ni Duque ni el Alcalde Mayor de Bogotá estaban preparados para hacer frente a una catástrofe de esa envergadura ni tenían la capacidad de respuesta inmediata para atender y mitigar los efectos de los disturbios que estallaron en la capital del país, menos aún las mismas autoridades. Es claro que se cometieron errores porque el caos reinó en las calles, lo que evidenció la ausencia de una autoridad superior nacional que controlara y coordinara todas las operaciones, y que a la vez dirigiera a las fuerzas militares y policiales para frenar los excesos de actos de vandalismo generalizados, dirigidos en particular contra los bienes de la población y episodios de violencia. Pero también es clara la falta de protocolos y mecanismos de coordinación para la administración ordenada y eficiente.
Si no encontramos una respuesta adecuada a dichas amenazas, los pilares de la libertad sobre los que descansa nuestro País comenzarán a tambalearse. El origen de esos movimientos y brotes de violencia es doble: el chavismo o socialismo siglo XXI – que está aniquilando a un pueblo y exportando terrorismo con la tiranía política del régimen de Maduro – y los movimientos radicales, organizaciones de extrema izquierda y populistas, a menudo manipulados por movimientos terroristas y condicionantes ideológicos. Además, magnificada por un complejo conjunto de factores económicos, sociales, políticos y culturales. Hemos permitido que la gota persistente de verdades a medias y mitos propagados por los socialistas e izquierdistas siglo XXI envenene la cabeza de demasiados ciudadanos.
El origen de esos movimientos y brotes de violencia es doble: el chavismo o socialismo siglo XXI - que está aniquilando a un pueblo y exportando terrorismo con la tiranía política del régimen de Maduro Clic para tuitearEste tema deberá abordarse con el sentido de la responsabilidad, adoptando todas las medidas de prevención de delitos de terrorismo y otros delitos graves y vigilancia necesarias para garantizar la seguridad de los ciudadanos y enjuiciar a los responsables e incluso, promoviendo una política de tolerancia cero en relación con el recurso a la violencia y la intimidación. La realidad muestra que el Socialismo siglo XXI amenaza con convertirse en la peor epidemia de la historia de Colombia y de América latina -quizá ya lo sea-. Por tanto, es necesario abordar esta situación con medidas en varios frentes. Es una responsabilidad que todos debemos asumir y debe ser plenamente compartida por las autoridades civiles y militares y la población en general.
Colombia, debe interpretar estas protestas como una agresión a la soberanía nacional, condenar todos los intentos de desestabilización de la democracia, dar prioridad inmediata a restaurar plenamente el orden democrático y constitucional, restablecer la normalidad cuando peligra la vida organizada de una comunidad y pedir la colaboración de los países vecinos para poner fin a las maquinaciones contra la estabilidad territorial. Por eso es preciso tomar medidas drásticas contra el fenómeno de Socialismo siglo XXI: cerrar las embajadas de los países traidores, expulsar a todo el personal y romper relaciones diplomáticas, abre la esperanza de que se exijan responsabilidades a los que provocan semejante situación de inestabilidad, lo que constituirá una prueba del funcionamiento del Estado de Derecho y de la lucha contra la impunidad. Representa también el mejor medio que tiene a su alcance el presidente Duque para encarrilar a la Colombia y para poder enfrentarse a los retos del mañana. Señor Presidente Duque, su tarea no es fácil. Las esperanzas y el futuro de los ciudadanos de Colombia están en sus manos. La democracia puede ser poco práctica, pero es lo único que tenemos entre la libertad y la tiranía. Tenemos fe en su presidencia; creemos que tiene un futuro para nosotros y para nuestros hijos. Sin embargo, la fe no es suficiente; nuestra tarea común consiste en hacer realidad esa fe con nuestras acciones. Y los valores que sustentan nuestras acciones está contemplada en el ordenamiento constitucional y son la dignidad del ser humano, el Estado de Derecho, la democracia y la buena gobernabilidad e imponer el orden público y la ley en las zonas bajo su control, con objeto de mantener estable la situación política y garantizar la seguridad de la población y defender los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos. Usted tiene que desplegar todos estos instrumentos en una estrategia coherente que premie la gobernanza, castigue la tiranía y que no se pierda en los pormenores burocráticos o en la repetición de viejas ideas. Amen
Y los valores que sustentan nuestras acciones está contemplada en el ordenamiento constitucional y son la dignidad del ser humano, el Estado de Derecho, la democracia y la buena gobernabilidad Clic para tuitear



