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Dios no lo quiera, pero me temo un voto de castigo y una alta abstención Columna de Martin Eduardo Botero Clic para tuitear
Queridos lectores, la eventual victoria electoral de la coalición de izquierda y de los grupos de oposición en las elecciones locales podría tener un efecto desestabilizador y duradero en muchas regiones, municipios y ciudades y avivaría las tensiones y el resentimiento existentes, o tener repercusiones más pronunciadas avivando más las contradicciones en vez de resolverlas, aumentarán los conflictos sociales y políticos y, por ende, se lesionará la gobernabilidad a escala nacional y local.
El gobierno central podría tener que enfrentarse a problemas y controversias imprevistos para hacer frente a situaciones de precrisis y poscrisis cuando el entorno político y jurídico sea hostil, así como la imposibilidad para consolidarse en el ejercicio del gobierno. No sería exacto decir que la presidencia saldrá ilesa y revigorizada tras el voto electoral. Debemos prepararnos para esos cambios.
La votación del domingo será una votación por la verdad, una votación para conocer las preferencias reales del pueblo. Es imprescindible que esperemos, pero no caigamos en el optimismo inocente, lo cual a veces es esperar demasiado. Las elecciones son como un retrato. Son un retrato preciso de la realidad presente -humana, económica, social, ambiental-. De hecho, son como la radiografía de una sociedad en un momento dado.
El gobierno central podría tener que enfrentarse a problemas y controversias imprevistos para hacer frente a situaciones de precrisis y poscrisis cuando el entorno político y jurídico sea hostil Clic para tuitearEs una votación bajo protesta y de protesta. No tiene sentido negar que Colombia esté atravesando un período difícil: los niveles de inseguridad y estabilidad que afrontan algunas ciudades del país, una distribución desigual de la riqueza, el crecimiento del desempleo y el descontento popular, así como el fuerte incremento de los precios de los alimentos y las presiones inflacionistas incluido el proceso de paz que, como todos sabemos, está en un momento muy delicado.
Esto crea a menudo resistencia y desobediencia política de los votantes, y se ha sabido que provoca un evidente voto de castigo al Gobierno y su mayoría parlamentaria o voto de protesta masivo en contra, incluso el abstencionismo del miedo y una destacada volatilidad electoral en un sistema sin lealtades partidarias consolidadas o lealtades ciudadanas aceitadas que trasciende las lealtades burocráticas, políticas y sus acciones.
Millones de colombianos están desesperados. No tienen nada que perder y votan por los que prometen cualquier cambio, cualquier reforma y el fin de la corrupción. No debe, así, sorprender a nadie que el éxito de estos comicios – el voto de protesta relacionado más con otras frustraciones del sistema – favorezcan a las opciones excéntricas de agrupaciones llámense de izquierda o de oposición o postcomunistas, más comprometida con la colectividad, pero igualmente frívola y peligrosa. Los ciudadanos no se habían enfrentado nunca antes al hecho de tener que perder tanto de una sola vez, lo que constituiría la mayor pérdida de democracia hasta la fecha. Me parece que la presidencia cometió un gran error a no demostrar el apoyo a los candidatos de la coalición en calidad de socios y estar a su lado en el momento decisivo. El apoyo de la presidencia resultaba de vital importancia para nuestro país en este contexto. Es responsabilidad de los políticos saber leer las señales de alerta temprana de los problemas, para que puedan impedir que la situación empeore más y ayudar a organizar la resistencia desde abajo en la sociedad.
“A veces, es cierto, se siembra y no se recoge, pero nunca se cosecha sin haber sembrado”. El gobierno está recogiendo lo que ha sembrado y sus repercusiones ponen de manifiesto que no era el momento de bajar la guardia contra la extrema izquierda que trata de manipular la opinión pública a su favor mediante el recurso a medias verdades e incluso a mentiras -mostraban señales de alarma -, y de desestabilizar al gobierno, sino lo contrario. Este es el precio de cierta negligencia, de un creciente aislamiento y la pasividad de cara a la monopolización de los principales medios de comunicación y de los productos culturales de masa y, lo que es más grave, hacer como si no hubiera habido plebiscito.
Habríamos deseado de la presidencia más valor de cara a la opinión pública para tratar abiertamente este problema pues los activistas políticos han contribuido en buena parte a condicionar a la opinión pública y los hábitos y comportamientos de las personas, recaudar fondos para ganar las elecciones y decidir los titulares en los medios de comunicación.
Pueden pensar ustedes que esto es una exageración. No lo es. Este país nuestro es tan complicado, y su diversidad lo convierte en tan problemático, que mantenerlo unido constituye una tarea diaria. En esta ocasión, el electorado tiene el derecho a tener la última palabra y conseguirán el derecho a dar más poder al gobierno y a pedirle responsabilidades o arrepentirse del resultado, tomar una decisión distinta y a limitar la democracia. La pelota está, sin duda, en el tejado de los ciudadanos. Espero que esta importante votación vaya en la buena dirección de recomponer y reestablecer un sentimiento de normalidad en una existencia fracturada, que tan importantes son. Nadie puede imponer sus deseos. Estas elecciones pueden dar lugar, a través del compromiso, a resultados positivos que benefician a todos. Como alguien ha dicho antes con gran acierto, ¿Por qué un país es grande o pequeño? ¿Por su población, su territorio, su PIB? No, un país es grande o pequeño cuando sus dirigentes, sus pueblos y sus ciudadanos tienen ambición y visión, y sus líderes políticos son capaces de elevarse por encima de los intereses a corto plazo y llegar a acuerdos por el bien común. Amen
Espero que esta importante votación vaya en la buena dirección de recomponer y reestablecer un sentimiento de normalidad en una existencia fracturada, que tan importantes son. Clic para tuitear


