
El país ajusta 15 días de protestas y manifestaciones en las principales ciudades del país.
Las razones de los marchantes son diversas y parecen mutar con el correr del tiempo. Pero al margen de los motivos, y de si los compartimos o no, vale la pena reflexionar sobre dos tipos de consecuencias generadas por el paro:
- Las económicas que se contabilizaron en 7 días:
- Según Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco, el comercio ha perdido 1.4 billones de pesos, situación que afecta los ingresos de los 790.000 tenderos del país y pone en riesgo los 260.000 empleos que normalmente se generan en temporada navideña.
- Acopi calcula que las pérdidas podrían alcanzar los 427.000 millones de pesos para las pequeñas y medianas empresas.
- El Alcalde Enrique Peñalosa señaló que las pérdidas por vandalismo ascienden a 40.000 millones de pesos, y que cada día, cerca de dos millones y medio de personas no han logrado desplazarse con normalidad a sus actividades de rutina.
- Asobares indicó que durante el fin de semana hubo pérdidas por 64.000 millones de pesos que afectaron cerca de 34.000 empleos entre directos e indirectos.
- Cotelco ha calculado pérdidas acumuladas diarias por 2.000 millones de pesos debido a una menor ocupación hotelera.
- Acodres –Asociación Colombiana de la Industria Gastronómica- ha calculado pérdidas por 12.400 millones de pesos por menor consumo en la industria gastronómica.
- El dólar ha superado la barrera de los 3.500 pesos, entre otras razones, por el retiro de capitales extranjeros.
- En medio de las protestas actuales, que también se viven en otros países del continente, Telefónica puso a la venta todas sus filiales en América Latina con excepción de Brasil. La compañía decidió priorizar los mercados donde pueden crecer.
- Las que impactan negativamente el imaginario colectivo:
Es cierto que Colombia no atraviesa su mejor momento, y que desde 2010 no se percibe una mirada colectiva esperanzadora. En ese entonces, había una visión conjunta de país y un modelo de sociedad compartido por la mayoría de colombianos. El rechazo hacia el terrorismo era unánime y la sensación de positivismo era común en muchos. Los indicadores macroeconómicos, además, respaldaban ese sentir ciudadano. Sin embargo, desde ese año, y por diversos factores que no son objeto de este escrito, la situación cambió drásticamente, la polarización aumentó de manera significativa, el negativismo se expandió y cada fracción de Colombia parece tener ahora un sueño de construcción de patria propio.
Esa realidad con la que convivimos hace dos cuatrienios, se ha agudizado en los últimos días, y lo que me preocupa en particular, es el deseo que cada vez expresan más personas preparadas, con muchas habilidades y con la capacidad para generar empleo, de abandonar el país debido a la inestabilidad política, jurídica y económica, que existe hoy en nuestro territorio y que se agrava con la continuidad del paro.
Cuidado, porque al paralizar la economía de una nación, se impide que se creen más y mejores oportunidades para todos.
Es imposible llevar un barco a buen puerto, si los marineros deciden tirar anclas en vez de ayudarle a su capitán.
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