De la política del amor al Neonazismo criollo

Jorge Luis Díaz Martínez

Jorge Luis Díaz Martínez

Los líderes de la izquierda en mi universidad, particularmente los de la Colombia humana, pintaron en la calle frente a la puerta de la sede principal el eslogan que representa el principal y creo que casi único discurso del paro, “LA SERGIO ANTIURIBISTA”, una apología al sectarismo y al maniqueísmo extremo que caracteriza el populismo más puro y duro, un discurso de eliminación de otro casi que evidente. La misma situación se ha presentado en diferentes municipios y ciudades del país, incluso en lugares en que el Centro Democrático es el Partido más votado, donde pareciera que quienes han sido derrotados en las urnas pretenden por medio de minorías organizadas ganar lo que no ganaron bajo las reglas de la democracia, violando los derechos de las mayorías.

Ese discurso maniqueo del amigo y el enemigo del pueblo ha sido verdaderamente nocivo en la historia del mundo, causante de los crímenes más atroces que ha cometido la humanidad como sucedió en el periodo entre guerras, cuando se comenzaban a gestar las bases para el discurso que desencadenaría en la llegada de Tercer Reich al poder y todo lo que este trajo consigo, una República de Weimar (luego Alemania) azotada por las consecuencias de la primera guerra mundial donde la crisis política, económica y social fortalecen el discurso de un Tiranzuelo llamado Adolf Hitler que le endilga en sus palabras todos los problemas alemanes al pueblo judio, que curiosamente también se caracterizaba por ser el sector productivo de la época en el país europeo, ya sabemos como termino la historia.

Pareciera entonces que en Colombia nos estuviéramos encontrando frente al nacimiento de un neonaizismo criollo personificado en las ideas de Gustavo Petro y su Politburó que hoy pregonan en su diatriba un discurso de eliminación y de odio contra un sector político particular, el Uribismo. Pero más allá, frente cualquiera que le resultara diferente a su pensamiento, su manera de actuar y su evidente proyecto homogeneizador en el estatismo, el asistencialismo y la pobreza. La lista en ese sentido es larga y por lo que hemos visto pasa por los miembros de las Fuerzas Militares, por la Policía Nacional, el empresariado, los comerciantes, los medios de comunicación e incluso líderes de izquierda que disertan de sus ideas, en últimas todo lo que le huela a diferente y sea potencial elemento distorsionador de sus metas debe ser eliminado; bajo esas actitudes se han cometido actos terribles contra grupos significativos como la comunidad LGTBI.

En los últimos días hemos visto como sin pena alguna los miembros de la Colombia Humana y los Petristas vergonzantes pertenecientes a otros Partidos o movimientos, Claudia López los llamara “los youtubers”, han incendiado el país a punta de noticias falsas, muy al estilo de Mussolinni con la propaganda del régimen, y sus devotos les creen casi al punto de negar la evidencia científica y los datos empíricos, a eso se le suma el incentivo a mentir para ganar fama pescando en río revuelto. Un poco nos muestra cómo sería un eventual gobierno de quien dice liderar la política del amor cuyo escudo es un corazón.

En veinte días en los que una minoría organizada ha violado los derechos de las mayorías se han presentado hechos solo característicos de regímenes autoritarios, por ejemplo, se han intentado destruir medios y herir periodistas como sucedió con RCN y Semana; se han perseguido grupos empresariales e incitado ataques contra los mismos como paso la última semana con el Grupo Éxito y otros tantos más; se ha atentado contra la misión médica por chismes de Concejales irresponsables, lo que podría constituir un Crimen de Guerra; se han vulnerado los derechos fundamentales y la integridad de quiénes no participan en las marchas; y lo más preocupante, se ha dado una incesante cacería de brujas donde quienes no apoyamos dicho sector hemos sido perseguidos, denigrados, discriminados, insultados y amenazados en nuestros entornos sociales más cercanos.

La pregunta es ¿Qué nos espera a quienes pensamos diferente en un eventual gobierno de Petro? ¿Qué les pasará a los que eventualmente deserten de sus ideas, acaso lo mismo que le pasó a León Trotsky y Nikolay Bujarin?¿Que pasara con los medios que no se alinean al régimen, serán acaso censurados?¿Qué pasará con los empresarios que no lo apoyen, se les expropiará? Todas son preguntas que podríamos responder con lo que estamos viviendo en este mismo momento, cuando la política del amor se ha querido tomar de facto el país.

Nota: Se usan términos tanto alemanes como soviéticos pues existen matices de ambos.

Pareciera que en Colombia nos estuviéramos encontrando frente al nacimiento de un neonaizismo criollo personificado en Petro y su Politburó que hoy pregonan un discurso de eliminación y de odio contra todo el que sea… Clic para tuitear