Parecen un disco rayado, la falta de creatividad de la izquierda los ha llevado a que repitan
como loros que “Uribe era responsable de los falsos positivos”, y lo acusen de ser un genocida, un
asesino y un tirano, considerando que el expresidente Juan Manuel Santos recientemente testificó en la Comisión de la Verdad e intentó enlodar a quien lo llevó a la presidencia, y que el último se
pronunció en SEMANA sobre el tema, vale la pena aclarar el tema de los falsos positivos, desmentir
las calumnias más comunes de la izquierda y demostrar, de una vez por todas, que Álvaro Uribe no
participó, ni mucho menos auspició los falsos positivos.
Primero está la calumnia de que Uribe defendió a los responsables de los actos de falsos
positivos, nada más mentiroso y ruin que lanzar esta acusación. Vale la pena recalcar que, si bien los
falsos positivos se han reportado desde la década de los 80’s, y durante los gobiernos “liberales” de los 90’s, estos se acabaron durante el gobierno del “malvado genocida” que logró reducir las masacres anuales en un 90%. En primer lugar, Uribe dictó que estas investigaciones debían ser llevadas a cabo por la Fiscalía General de la Nación, y no la Justicia Penal Militar, algo que incluso le ganó la hostilidad de muchos funcionarios. En segundo lugar, las estadísticas no mienten, durante el
gobierno Uribe, se procesaron a más de 1,200 miembros de la fuerza pública por acusaciones de
falsos positivos, cientos de ellos fueron declarados culpables, y muchos otros fueron víctimas de
falsas acusaciones. Por último, Álvaro Uribe se destacó por exigir rigurosidad y profesionalismo por
parte de sus comandantes, a tal punto que (sin participación del Ministerio de Defensa) relevó a 27
altos comandantes de nuestras fuerzas armadas de sus cargos para que se llevaran a cabo las
investigaciones pertinentes. ¿Es esto promover la impunidad? ¿Por qué los neoinquisidores de Uribe son los mismos que defienden la presencia de genocidas y criminales de lesa humanidad en el
Congreso de la República?.
La segunda infamia que le endilgan a Uribe consiste en haber promovido las bajas, pues el
mismo expresidente Santos dijo que “salía a relucir el número de bajas como uno de los indicadores
más importantes en los informes”. Infortunadamente, no termina acá, los miembros de la izquierda
“progresista” lo repiten como loritos, dicen que Álvaro Uribe presionó a todos los miembros de la
fuerza pública para que le mostraran números cada vez mayores sobre las bajas enemigas. Cualquier
promotor de la verdad debe cuestionar toda acusación y afirmación que se haga en el campo político, y mirar las cifras. Si sus acusaciones fueran verdaderas, las cifras del octenio de Uribe estarían a su favor, pero no lo están, pues, desde el inicio de su gobierno, Uribe vociferó su deseo de promover las desmovilizaciones sobre cualquier otro tipo de resultado contra los grupos criminales. Por eso justamente se expidió el Decreto 128 de 2003, el cual reglamentaba el programa de
desmovilización, y ofrecía alternativas apropiadas y viables para todos los combatientes -cualquiera
que fuera su grupo criminal-, ¿es esto promover las bajas?. Uribe sabía que más del 40% de los
integrantes de las FARC fueron reclutados forzosamente, y por eso les ofreció alternativas seguras y
flexibles para retornar a la vida civil y contribuir a la construcción de un mejor país. La mediocridad
de esas acusaciones también se ve cuando se analizan las cifras que anteriormente mencioné; el 51%
de los combatientes neutralizados fueron por procesos de desmovilización y reinserción, otro 36%
correspondió a capturas por parte de civiles o de miembros de la fuerza pública, apenas un 13%
consistió en bajas militares. Si Álvaro Uribe hubiera promovido las bajas, como los activistas
balbucean, estas no corresponderían meramente a 1/9 de las cifras.
La tercera acusación, una que se vuelve de discurso y dialéctica, debido a su falta de
coherencia humana y lógica. El expresidente Santos dijo en su intervención en la Comisión de la
Verdad que “Uribe en realidad pretendía acabar militarmente a las FARC… los guerrilleros para él
eran unos simples narcotraficantes y terroristas”, lo cual nos deja ver su perspectiva sobre no solo la
naturaleza ideológica de la izquierda, sino sobre su visión tecnócrata de la sociedad. Cualquier
conocedor de la historia sabe que la única forma de derrotar movimientos fanáticos es a través de la
fuerza y el poder, se llame fascismo, socialismo, islamismo o comunismo, pues los que siguen estas
ideologías ven en sus detractores a enemigos, no rivales, y esto los lleva a perpetrar actos de suma
crueldad y violencia contra quienes no piensen como ellos, sea en purgas, limpiezas, masacres,
campos de concentración o atentados terroristas. Al parecer Santos no entendió que los Farianos y
Elenos que se mantuvieron en las armas, y se aferraron a su causa perdida lo harían “hasta la muerte”, pues inculcarles valores liberales y republicanos era en vano. Santos tampoco entendió que los millones de Colombianos que apoyaron el “No” en el plebiscito no se oponían a la desmovilización y reintegración de muchos guerrilleros rasos, que, como ya mencioné, se vieron obligados a participar en la guerrilla, se oponían a que los máximos responsables de 37,000 actos bélicos y más de 67,000 muertes se sentaran en el Congreso, y tuviéramos que llamarlos “Honorables”. Las madres campesinas que perdieron a sus esposos por su culpa jamás los perdonarán, sin importar la cantidad de “Jurados Transicionales” que se establecieran. ¿Acaso los responsables del 82% de los actos terroristas merecen fuero constitucional y garantías?
Si usted, como lector, busca la verdad, debe no solo leer las cifras, pues dato mata relato,
sino que debe entender la realidad de la naturaleza humana, el bien y el mal si existen, y no podemos permitir que intereses ideológicos e ignorantes humillen y pisoteen la integridad de millones de Colombianos que queremos un mejor país. Álvaro Uribe trabajó por acabar los falsos positivos, y lo logró, trabajó por la transparencia institucional y militar con la que hemos crecido, no se dejen llevar por discursos populistas y facilistas que incentivan el odio ideológico. Debemos buscar la verdad, pues es la única forma de construir mejores sociedades.




