Por la idiosincrasia de nuestro país, esta cultura querendona y folclórica que nos caracteriza, arraigada en su máxima expresión en esta época del año, podría tenerse un balance catastrófico, por encima incluso del… Clic para tuitear

♪♪♫ Llegó diciembre con su alegría, mes de parranda y animación ♪♪♫ En que se baila de noche y día y es solo juergas y diversión. ♪♪♫ Se hacen natillas, se hacen buñuelos, se dan regalos en caridad ♪♪♫ Engringolados, chicos y abuelos hacen el árbol de navidad ♪♪♫
Y al son de la tonada que acompaña el inicio de esta columna, la cual ya hasta la leemos cantada pues la melodía está incrustada en nuestra memoria desde años atrás, y esperando que la cifra de los quemados con pólvora algún día llegue a estar en “ceros”; no sobra mencionar que aún no es momento de bajar la guardia, que debemos encontrar el equilibrio entre el disfrute y el autocuidado; evitando exponer a familiares, amigos y compañeros laborales, y aún más a aquella población donde están muchos de los abuelos colombianos, la mayoría por encima de los 60 años y/o a quienes hacen parte de la población vulnerable, aquella con algún tipo de enfermedad que los hace más susceptibles a las complicaciones del virus, incluyendo los fallecimientos.
La invitación es a continuar con las medidas de bioseguridad con las que llevamos familiarizados casi todo este año, desde aquel 6 de marzo, donde se partió en dos la historia reciente del país y tan solo unos cuantos días después, la del mundo por completo al declararse la pandemia, valga la redundancia. El uso correcto de la mascarilla (tapabocas/narices), el distanciamiento físico de los dos metros, el lavado de manos cada dos horas o el uso del alcohol glicerinado como “plan B” si no tenemos el lavamanos cerca, la limpieza de las suelas de los zapatos antes de ingresar al hogar y al sitio de trabajo; las conversaciones cortas, por menos de 15 minutos, entre otras.
Ya sea por ser día festivo, por la celebración religiosa como tal y/o por el tiempo de regocijo y descanso; los días de las velitas (7-8 de diciembre), las Novenas de Aguinaldo (del 16 al 24), los puentes (25 de diciembre y 1° de enero) son las fechas que mas invitan al acompañamiento, el compartir familiar y amistoso, y a algunos viajes. No es que no se puedan realizar las reuniones como tal, mas la recomendación es que sea solo con personas del mismo núcleo familiar, con allegados que sean comprometidos con la causa y donde, así sea necesario, se deje aparte la pena y también se defina con quienes no compartir los espacios si se asumen o detectan comportamientos de riesgo que puedan sugerir un posible contagio. Para estos momentos de regocijo se sugieren grupos de no más de 10 personas (ojalá máximos seis) y donde, idealmente, estén al aire libre si el clima lo permite o, tal vez, con ventanas/puertas abiertas para que el aire circule libremente cuando se está dentro de la residencia y sin retirarse la mascarilla.
Es entendible la delgada línea de la postura en la que se encuentran muchas personas responsables en esta época, esa dualidad entre dejar solos a quienes tanto se quiere o visitarlos con cuidado para no sentir algo similar al abandono. Sin embargo, aunque coloquialmente se menciona que para algunas personas “este puede ser el último año que coman natilla” y filosofando un poco sobre la vida, de la que se habla del presente continuo hasta que llega “la parca”; la aceptación de esta última es bastante diferente cuando se debe a eventos fortuitos como accidentes, complicaciones de las enfermedades de base o hasta muertes súbitas de origen desconocido, en comparación con cuando ocurre secundaria a eventos que se hubiesen podido evitar, que se hicieron a conciencia, que puedan generar sentimiento de culpa y dificultan notablemente la elaboración de un duelo.
Como el virus se queda, en promedio, cuatro días en algunos elementos/materiales, deje empacado el traído del niño dios, los regalos, los aguinaldos, desde el 19 de diciembre, ¡para que puedan destaparlos sin temor ni preocupaciones! Si decide salir a ver los alumbrados, mire bien dónde come y que sean sitios donde se guarden los protocolos de seguridad e higiene y manipulación de alimentos. No se quite la mascarilla, use el alcohol glicerinado antes de “mecatiar” y evite las aglomeraciones, ¡o “vaya de día”! Con los vecinos, así suene de mal gusto y hasta grotesco, trate de no compartir los platos típicos navideños (el manjar, las hojuelas, los buñuelos, el sancocho, el asado, el chicharrón, la picada, etc.) o, por lo menos, evite “sapotiar” la natilla con la misma cuchara de palo con la que la está revolviendo; recordando que la pandemia tendrá un final más adelante y que muchos de estos aprendizajes son necesarios temporalmente, que el distanciamiento físico es diferente al distanciamiento social, y que hay formas diferentes de demostrar el aprecio sin tener un contacto directo con las demás personas, ¡así aún nos sea tan difícil de asimilarlo!
Por la idiosincrasia de nuestro país, esta cultura querendona y folclórica que nos caracteriza, arraigada en su máxima expresión en esta época del año, en estas festividades navideñas y de año nuevo, podría tenerse un balance catastrófico, por encima incluso del primer día sin IVA y otras decisiones no tan acertadas de algunos dirigentes en cuanto a reaperturas, marchas, celebraciones futbolísticas e inauguraciones, entre otras. Este diciembre es “el todo por el todo” y solo hasta por allá, como 10 días después del puente de reyes del próximo año (a eso del 21 de enero), podremos tener un informe objetivo del “cómo nos fue” y aprender para diciembre de 2021 y de 2022, pues, aunque de pronto no sea tan extremo ni tengamos que estar tan “empeliculados” como hasta ahora, sí quedan una o dos navidades más, iguales o parecidas a esta que comienza.





