¿Cómo recordar a Uribe, el político colombiano más conocido en el mundo?

Martín Eduardo Botero

Martín Botero
El nuestro no es solo un necesario homenaje, un tributo a los altos méritos del presidente Uribe, a su sereno juicio político que nace ante todo de su contribución positiva a la defensa del estado de derecho. Clic para tuitear

 

El presidente Álvaro Uribe Vélez ha sido la cultura diaria, la historia y la política de Colombia de los últimos cuarenta años, la expresión de la voluntad de los ciudadanos y el vínculo primordial entre el individuo y el Estado y la democracia, consagrado a un ícono de la imaginería popular por su longevidad política, llena de retos, éxitos, desengaños, cumplimiento y trabajo duro. Más que un político es un prominente estadista de gran experiencia que ha dejado su huella en la política, cuya voz se escucha con atención y con respeto, y es importante que lo sepamos si queremos evaluar ahora debidamente el resultado de todo ello. Es un gran patriota concreto, educado y respetuoso de las opiniones de los demás, un caballero enérgico y leal, trabajador infatigable y partidario de la democracia, así como un hacedor por naturaleza con una voluntad de luchar por las causas en las que cree. Como estadista ha sabido interpretar los cargos institucionales y de alto nivel que ocupó durante una carrera política en los que demostró una extraordinaria capacidad de diálogo y una marcada capacidad de adaptarse a los cambios culturales de nuestro país, con inteligencia, pragmatismo y estilo como ningún otro. El Dr. Uribe Vélez representa asimismo una idea de política concreta, sana, limpia y sobria en tonos y juicios, siempre abierto al diálogo con la opinión pública y a responder ante ella. Es sin duda un maestro de la vida política y también de la vida jurídica, de gran energía y devoción, y que se preocupa por su propio país. Un hombre sabio de acción y de mucha visión, práctico y con los pies en la tierra, de gran amplitud de miras y gran tenacidad, con un corazón abierto y sediento de patria.

El presidente Uribe es el más pragmático y menos ideológico de los demás dirigentes políticos, forma parte integral de esa historia, que es fundamentalmente una historia de libertad y democracia. Parafraseando las palabras del gran pensador uruguayo José Enrique Rodó podemos afirmar que en gran medida Uribe es: Grande en el pensamiento, grande en la acción, grande en la gloria, grande en el infortunio, grande para magnificar la parte impura que cabe en el alma de los grandes, y grande para sobrellevar, en el abandono[..], la trágica expiación de la grandeza.

Siempre me ha llamado la atención su fuerte sentido del humor, su imperturbabilidad, y también su capacidad para hacer malabares en condiciones muy duras, en ambientes polvorientos y situaciones difíciles, sin perder la brújula. Un político hábil, extraordinariamente inteligente, sensible y a veces controvertido, capaz de dialogar y con una mente libre. Con su insistencia en una seguridad basadas en el «buen gobierno» democrático, en las ventajas de mirar hacia el futuro y de buscar soluciones pragmáticas, adelantándose mucho a su tiempo, a los acontecimientos, por no hablar ya de un visionario.

Ya sabía que el presidente Uribe Vélez era el líder político y patriota colombiano más conocido del mundo, pero Nunca creí que un político calara tan hondo en el corazón de la gente sencilla, anónima, que cada día lucha por la libertad, en el sentir popular y la comunidad y, sobre todo, ante los ojos de la opinión pública nacional, algo indispensable en toda democracia viva. Después de Bolívar (padre histórico de la patria), Uribe Vélez es una personalidad de excepcional importancia en la vida política colombiana e internacional y el político más aclamado por analistas y líderes europeos. Ha sabido combinar la política con la cultura, el consenso, el sentido común, además de ser una persona de gran profundidad humana e increíble doctrina cultural y política. Un líder de continuidad y normalidad en la gestión del poder, protagonista de grandes proyectos políticos y grandes cambios estructurales. Ha trabajado incansablemente entre bastidores para unir de nuevo a su nación y parar las disputas y se ha ganado el respeto de muchos. Su acción política seguirá siendo un recurso importante porque, como protagonista, en diversos e importantes roles, ha hecho un valioso aporte a la construcción de algunas páginas de la historia marcando toda una era de sí misma, presidiendo gobiernos y experimentando pasos cruciales en la política como protagonista. Un “civil servant”, como se definiría en Gran Bretaña, donde tal figura habría merecido incluso un reconocimiento en la Cámara de los Lores.

El Dr. Uribe es uno de los políticos más inteligentes de nuestro sistema político, apreciado y reconocido internacionalmente, pero ha pagado un muy alto precio por defender sus ideas, incluso haciendo frente a obstáculos inmensos. Es un rival de alto nivel y hoy sus rivales son homúnculos. Y con el tiempo se ha creado muchos, vérselas con poderosos enemigos, también enemigos secretos e invisibles, enemigos inconscientes que, siempre se han opuesto a él. Ha demostrado saber afrontar enormes montañas de procesos judiciales, lo que jamás debería haber sucedido, amenazas, burlas y gran persecución. Como resultado, ha tenido que soportar una enorme presión e incluso intimidación, contra su honor, su dignidad y su reputación profesional, pero la verdad es que, esta haciendo triunfar la verdad y la virtud con respeto, lealtad, paciencia, integridad, cortesía, dignidad y consideración. Indigna pensar la forma burda y despectiva con que la izquierda y opositores personalizan y generalizan la política negativa y la retórica perjudicial, basada en odios ideológicos, ataques personales, demonización del adversario y persecución judicial. El calvario que está padeciendo lo superara con dignidad y compostura, saliendo vencedor. Lo que se ha usado en su contra es un método que conocemos bien, porque la izquierdista del odio, de la intimidación y de la envidia continúa apostando incluso contra el rival que no ha podido vencer en las urnas. Uribe puede ser juzgado y criticado, pero no puede ser señalado como cualquier malvado, como la encarnación de todos los males. La historia le devolverá el honor que se merece.

El presidente Uribe es hombre de convicciones, de abnegación total, que ha sabido con un alto sentido del Estado y una inteligencia poco común mantener su lealtad a las posturas de su país y sus ciudadanos, no sólo consagró su esfuerzo a defender a ultranza nuestras ideas de libertad, democracia y justicia, sino que llevó a la práctica cada uno de los principios de su enseñanza con valentía y firmeza en los momentos fundamentales de nuestras instituciones y políticas; una figura ejemplar de católico y patriota que supo reconstruir con tenacidad, respeto por la tradición histórica de nuestro país y al mismo tiempo con confianza en el futuro, una Colombia destruida, invadida y dividida por el odio y la opresión. El camino que ha tomado le ha conducido a defender la libertad, la democracia y el Estado de Derecho, velar por su respeto cabal y adoptar una postura clara siempre que éstos sean violados, al que se da el nombre de patriotismo. No se trata aquí de ilustrar la obra del gran estadista, ampliamente conocido y ahora parte del «Panteón» de los padres de la Patria, sino de resaltar y puntualizar su figura de estadista competente que cumplió sus funciones con su generosa devoción a la causa de la Colombia y que han permitido al país alcanzar niveles de bienestar nunca conocidos y, a pesar de ello, no reconocido por la izquierda que siempre se ha mostrado muy reticente a reconocer los méritos indiscutibles de Uribe Vélez.

Hay muy pocas diferencias entre él y Winston Churchill (o con John F. Kennedy) en torno a la forma de afrontar la amenaza y dar un paso en la dirección correcta. Churchill detectó correctamente la amenaza nazi y en una fase temprana trazó una línea en la arena, actuó con autoridad moral y respaldo internacional cuando era evidente que la razón estaba de su parte. Colombia se enfrentaba a tiempos oscuros a consecuencias inimaginables y potencialmente trágicas y delicadas, sociales y políticas en gran escala. El presidente Uribe, en vista de los peligros, por derecho propio, otorgo esa protección jurídica y moral hacia el establecimiento de la justicia y evito el posible desastre, respaldo la legislación y la política de seguridad nacional, el desarrollo de una sociedad civil y dio credibilidad a la política de derechos humanos, garantizo la democracia y la primacía del Derecho, y con ellos también la paz y la prosperidad. Luchó con la misma tenacidad, siempre teniendo en cuenta los derechos constitucionales, primero el terrorismo y luego la mafia y los paramilitares. Pero resulta cínico e hipócrita pregonar la superioridad moral de la justicia frente a una nación en decadencia que estaba literalmente invadida y ocupada por un bando u otro, el vandalismo o tropas irregulares fuertemente armadas. Quizás esto sorprenda a alguien, demasiado joven y todavía inmaduro como una manzana verde, quienes sólo conocen la verdad por medio de lecturas superficiales y haría bien, por tanto, en releer la historia de su patria, sin dobles lecturas, depurada en su océano de metáforas, y ampliar su horizonte en otras fuentes de primera mano, un rescate de la memoria colectiva y esperanza en el mundo de nuestros hijos. Grande es la tensión y ha llegado el momento de abandonar la más perniciosa ignorancia histórica y frivolidad política que conduce a una amalgama abusiva, que sólo pueden ser explicada parcialmente por la ligereza y demagogia política causado por algunos que han intentado ensombrecer ese legado histórico, sin que en realidad hagan investigación alguna al respecto, o bien se orientan al estudio de cuestiones que no tienen una trascendencia real para el medio en el que se desenvuelven, a partir de un fundamento tan carente de peso.

El nuestro no es solo un necesario homenaje, o rendir tributo a los altos méritos del presidente Uribe, sino también un sereno juicio político que nace ante todo del convencimiento de su contribución positiva a la defensa del estado de derecho y en particular su papel, en tanto que jurista y estadista en la Colombia a favor de la democracia y las libertades fundamentales en la sociedad civil. Esto significa que sólo una evaluación objetiva neutral, imparcial e independiente debería orientar nuestras decisiones en este ámbito, y eso no debemos olvidarlo nunca. Ello, a mi juicio, constituirá un logro histórico, si lo hacemos tal como debe hacerse. Si no hacemos nada, es probable que los malvados triunfen sobre la historia y borre para siempre los vestigios de un capítulo apasionante de la historia colombiana, llena de heroísmos y de gestas dignas de ser conocidas por todos los ciudadanos. Uribe merece ese reconocimiento y un puesto de honor destacado en la historia de la Colombia, habiendo logrado un lugar de honor en los libros de Historia nacional y en la memoria, y la eternidad demostrará que, en casi cada caso, Dios le da a una nación los gobernantes que merece. Nosotros le debemos gratitud y respeto a sus ideas y opiniones por el pasado, el presente y el futuro y por el aporte que hace a la sociedad entera, sin considerarlo ni mejor, ni peor, y pudiera decirle que lo vemos como un auténtico estadista, sencillo, valiente y patriota. Por tal motivo, representa a la mismísima santísima trinidad colombiana Dios, Patria y Familia. «No hay rosa sin espinas, no hay gobierno sin Uribe». Uribe es la Colombia que sabe sonreír y ama la libertad. La mejor Colombia, la Colombia de los Demócratas y republicanos «moderados», nuestra Patria. Amen

Martín Eduardo Botero
Acerca de Martín Eduardo Botero 88 Articles
Abogado Europeo inscrito en el Conseil des Barreaux Europèens Brussels. Titular de Botero & Asociados, Bufete Legal Europeo e Internacional con sede en Italia y España. Letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Presidente y fundador de European Center for Transitional justice y vicepresidente en la Unión Europea de la Organización Mundial de Abogados. Graduado en Jurisprudencia por la Universidad de Siena (Italia) con Beca de Honor y Licenciado en Derecho por la Universidad Católica de Ávila (España). PhD en Derecho Constitucional Europeo por la Universidad de Bolonia con Beca de estudio del Ministerio de Exteriores italiano y la Unión Europea. Colabora con universidades, institutos de investigación especializados y organismos de la sociedad civil en los programas de cooperación jurídica y judicial internacional. Consultor Jurídico independiente especializado en anticorrupción. Su último libro lleva por título “Manual para la Lucha contra la Corrupción: Estrategia Global: Ejemplos y Buenas prácticas”.