Colombia No Olvida

Luis Felipe Arango P

@luchoap 

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Cuando yo tuve uso de razón político, en Colombia el partido político mayoritario, de manera abrumadora, era el partido liberal. No había contienda electoral en que no ganara por amplias mayorías y el congreso siempre era controlado en ambas cámaras por el partido de Olaya Herrera y López Pumarejo, que se preciaba de ganar elecciones con tan solo agitar el “trapo rojo”. El partido conservador en cambio, solo ganaba en muy pocos y localizados lugares como Nariño, a veces Antioquia y Norte de Santander.

Se hablaba de la trillada “fila india” en la cual por anticipado se sabía quién iba ser el siguiente presidente, después de la alternación del Frente Nacional. Primero López Michelsen, luego Turbay y como dijera el mismo López Michelsen, después de Belisario si no era Barco, ¿entonces quien?

Belisario ganó por la división liberal propiciada por la irrupción de Luis Carlos Galán, quien desoyendo las directrices del oficialismo, dividió el partido en detrimento de la segunda candidatura de López Michelsen, y otorgó la presidencia a Betancur.

Belisario ganó por la división liberal propiciada por la irrupción de Luis Carlos Galán, quien desoyendo las directrices del oficialismo, dividió el partido en detrimento de la segunda candidatura de López Michelsen Clic para tuitear

El liberalismo entonces dedica todos sus esfuerzos a reunificarse y con cantos de sirena logra atraer a Luis Carlos Galán quien se perfilaba como el siguiente presidente de la República sacando a codazos, de la famosa fila india, a Hernando Durán Dussán.

Fuerte descontento causó esto en algunos sectores del liberalismo, que ya venían contaminados por el narcotráfico y Luis Carlos Galán fue asesinado por Pablo Escobar quien siguió las instigaciones de Alberto Santofimio.

En ese momento empieza el fin de la hegemonía liberal que llega fuertemente debilitado en el año 94 a enfrentar Andrés Pastrana. En esta contienda el liberalismo recibe dineros del Cartel de Cali y Samper gana.

Esto se hace público y da pie al famoso proceso 8000. El partido liberal entró en una crisis de la cual aún no se recupera, entre otras cosas, porque sigue siendo liderado por los mismos protagonistas de este sucio escándalo, que llenó de oprobio a Colombia.

Algo similar sucede hoy con el socialismo del siglo XXI en Colombia.

Sin animo de radicalizar, reconozco que algunas participaciones decorosas en el ámbito público de representantes del socialismo, como la gobernación de Nariño y la alcaldía de Pasto de Antonio Navarro Wolf, y las gestiones de Carlos Gaviria en la constituyente y más adelante en la corte constitucional, hacían pensar que el socialismo sería una alternativa viable en la política colombiana.

Bien corta fue la vida de esta efímera ilusión. Los escándalos de los hermanos Moreno Rojas en la alcaldía de Bogotá, con su lamentable carrusel de la contratación, opacaron gestiones meritorias como las del Senador Robledo en el congreso y las mencionadas anteriormente.

Llegue a pensar que esto era algo coyuntural, y sorpresivamente se salen a flote los escándalos de Gustavo Petro, reflejados en un nauseabundo vídeo en el cual se ve como recibe dineros de dudosa procedencia en bolsas de papel. Esto sin contar las innumerables irregularidades de su gestión como alcalde de Bogotá y las múltiples sanciones que ha recibido por parte de organismos de control.

Estoy seguro que esto marca el fin del socialismo del siglo XXI como alternativa de poder en Colombia. Seguirán con una modesta participación parlamentaria y seguramente ganaran algunas autoridades locales, pero de la presidencia se pueden ir despidiendo.

El pueblo colombiano, como ser dinámico y vivo en la política, ni olvida ni perdona. Una vez una colectividad política nos falla, buscamos otros rumbos.

La integridad ha marcado las carreras exitosas de lideres políticos como Lleras Restrepo, Mariano Ospina, Guillermo León Valencia, Álvaro Gómez, Misael Pastrana, Luis Carlos Galán, Álvaro Uribe e Iván Duque.

Los colombianos valoramos altamente la integridad, que defino como el valor que hace que quien lo ostenta actúe en privado de la misma manera en que lo hace en público.

Tristemente para el socialismo del siglo XXI ni Gustavo Petro y ni los jefes de las FARC son íntegros: Sus actos de corrupción, abusos sexuales y maltrato, cometidos en privado, contradicen la transparencia que tratan de aparentar ante la opinión pública.

Los colombianos valoramos altamente la integridad, que defino como el valor que hace que quien lo ostenta actúe en privado de la misma manera en que lo hace en público. Clic para tuitear

¡Colombia no olvida, Colombia no perdona! Es por esto que debemos buscar los lideres que se comporten con integridad, para sacar a Colombia de este océano de corrupción en que está sumida.

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