A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? 2 Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra. 3 No permitirá que tu pie resbale; jamás duerme el que te cuida. 4 Jamás duerme ni se adormece el que cuida de Israel. 5 El Señor es quien te cuida, el Señor es tu sombra protectora. 6 De día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.7 El Señor te protegerá; de todo mal protegerá tu vida. 8 El Señor te cuidará en el hogar y en el camino, desde ahora y para siempre. Salmo 121 NVI.
Cántico de los peregrinos. Columna de Hoffman Pacheco Gómez Clic para tuitear
En esta columna generalmente hablo de la situación política del País; pero esta vez la dedicare para dar una voz de aliento, una voz de apoyo desde el plano espiritual. No sé si usted es creyente, practicante o religioso; mi intención no es dirigirme a un segmento o a una población o religión en particular; si mi intención es tocar con esta breve reflexión el corazón de cualquiera que pase por estas líneas. Y hago esto porque desde hace varios meses que el mundo se paró; el mundo al que estábamos acostumbrados ya no es el mismo, cientos de miles de personas han muerto, y muchos más indefectiblemente morirán; las poderosas economías colapsaron, así como los sistemas de salud; no sabemos con certeza cuánto tiempo más estaremos es esta situación de encierro pánico generalizado y colectivo; lo cierto de todo esto es que los seres humanos somos más frágiles de lo que pensábamos.
Por supuesto que yo no sé si usted tiene una relación personal con el Creador; de hecho, no conozco sus prácticas religiosas; tampoco sé si cree o no en Dios. Lo cierto es que el ser humano fue puesto en esta tierra para relacionarse con un ser sobrenatural, ese que, aunque no lo vemos sabemos de su existencia simplemente cuando observamos el complejo mundo que nos rodea; esa es la razón por la cual, si usted no se relaciona con Dios, de seguro esa relación la ha trasladado a cualquier otro ente que considera espiritual; el ser humano creámoslo o no, es espíritu, alma y cuerpo; y cada una de esas particularidades necesita de algo o de alguien a que aferrase cuando está en momentos de angustia como el que está el mundo entero y cada habitante en particular.
El salmo 121 con el que a propósito comienzo mi columna, es una poesía maravillosa que contiene innumerables promesas de la divinidad hacia su creación, tu y yo; este pasaje bíblico nos persuade suavemente a saber que, nuestro auxilio en esta pandemia proviene de allí, de ese monte imaginario que cada uno tiene en su mente. Si alguno que me lee no se relaciona con la divinidad, cualquiera sea el motivo, es tiempo de dejar sus armas con las que ha peleado y rendirse. Venga a su creador, póngase a cuentas con quien le ha estado esperando y va a palpar que es un Ser de amor, perdonador, que solo quiere lo mejor para usted.
Parodiando al intérprete de música Jesús Adrián Romero; él dice en una de sus canciones esto: “Ya no quiero luchar, Ya no quiero pelear. Hago a un lado las armas, En las que confiaba y te dejo ganar. Me ha vencido tu amor, Y tu buen corazón, He venido a rendirme A tus pies y decirte “Te doy el control”. Vengo, hasta la cruz a rendirme; Si quieres hoy recibirme. Vengo a caer a tus pies y a decirte “Por siempre eres tú mi Señor”. Hoy te entrego las riendas de mi corazón. Me cansé de pelear, Y tu amor evitar, Me di cuenta que pierdo, Si gano esta lucha contra la verdad. Hasta aquí me alcanzó, Mi obstinada razón, He borrado la raya Que me separaba de tu bendición”.
Solo me resta decirle esto: llevo caminando muchos años de la mano de Dios, soy un ser humano imperfecto y lleno de errores; pero todos los días de mi vida particular y la de mi familia observo como mi creador me llena de su amor; he visto muchos milagros suceder en mi vida y la de personas a mi lado; no soy una persona religiosa en el sentido estricto de la palabra; solo tengo una relación personal con ese maravilloso ser superior; ese que no veo con mis ojos físicos, pero si con mis ojos espirituales. Ese tipo de relación me lleva a estar seguro que cuando alzo mis ojos buscando socorro para cualquiera situación; eso me viene en el momento oportuno. Mi socorro y mi ayuda vienen de Dios que hizo los cielos, la tierra y los que en ella habitamos.




