Asesinar inocentes no es un derecho Columna de Luisa Gómez Grisales @Lupeins

Luisa Gómez Grisales

Asesinar inocentes no es un derecho

@Lupeins

La libertad es entendida como la capacidad de escoger y llega a su plenitud cuando aquello que se elige es el bien. Sin embargo, en su cruzada por legalizar conductas que restan dignidad al ser humano, algunos emplean la palabra “libertad” para justificar su libertinaje.

Asesinar inocentes no es un derecho. Concretamente, asesinar bebés en el útero materno, no es un derecho. El aborto ha sido legalizado en varios países, incluido Colombia en los tres casos que todos conocemos, con la justificación de ser terapéutico. ¿Terapéutico? ¿Desde cuándo asesinar la propia descendencia es una terapia?

El aborto ha sido legalizado en varios países, incluido Colombia en los tres casos que todos conocemos, con la justificación de ser terapéutico. ¿Terapéutico? ¿Desde cuándo asesinar la propia descendencia es una terapia? Clic para tuitear

En 1986, un estudio realizado en la Universidad de Minnesota, reveló que el suicidio femenino es más frecuente en mujeres que se habían practicado un aborto. La Asociación Española de Neuropsiquiatría y la Universidad de British Columbia, han encontrado mayor riesgo de padecer desórdenes mentales en lo que se ha denominado Síndrome Post – aborto (SPA).

Además, la ciencia revela el seguimiento de un embarazo semana a semana desde la concepción. Cada día es crucial en la formación del bebé y eso desvirtúa totalmente la teoría de que no se es humano hasta el nacimiento. En la 5ª semana de embarazo, el corazón se empieza a formar, los latidos se hacen perceptibles en la 6ª semana y se pueden escuchar perfectamente desde la 8ª semana, mediante un doppler.

El Artículo 44 de la Constitución de Colombia, establece la vida del niño como un derecho fundamental y prevalente. Entonces, el derecho a nacer debe ser respetado y protegido desde el útero, que está diseñado para dar vida y no para ser un territorio de muerte.

A menudo oímos decir que el aborto debe despenalizarse totalmente, porque la mujer tiene derecho sobre su propio cuerpo. Es cierto que lo tiene sobre su cuerpo, pero no sobre el de un bebé en formación, que tiene un ADN totalmente diferente al de ella y unos órganos diferentes a los de ella, aunque deba vivir 9 meses en su interior para madurar y poder sobrevivir en el mundo.

No es congruente alegar que el aborto es un derecho femenino, cuando la muerte del no nacido acaba con la vida de tantas niñas antes de nacer, como dio a conocer la periodista Mara Hvistendahl tras un estudio demográfico. Más de 160 millones de niñas fueron abortadas o asesinadas al nacer. ¿Y sus derechos? ¿Esas mujeres no tienen? Si no respetamos lo fundamental, carece de sentido luchar por lo demás.

El aborto no interrumpe un embarazo, pues algo que se interrumpe puede seguir su curso después. Lo que hace es acabar con la vida, empleando métodos atroces, como el desmembramiento del feto y succión hasta destruir su pequeño cuerpo. Otro método usa sales para quemarlo hasta la muerte y otros más precarios pero no menos crueles, incluyen ganchos de ropa y utensilios caseros para eliminar al bebé.

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La solución no es legalizar, porque matar siempre va a transgredir la naturaleza humana. Cuánto más deshumaniza a la sociedad avalar el genocidio indiscriminado de niños no nacidos, en un país donde todo termina volviéndose negocio. Hacer común esa atrocidad, no le otorga normalidad ni bondad. Vuelve más insensible y destructiva a la sociedad, cuyo núcleo es la familia.

Hagamos uso de nuestra libertad y no la equiparemos al libertinaje. Protejamos la vida de los dos: la del bebé y la de la madre.