Afrenta Constitucional

Fabian Mendoza A.

Afrenta Constitucional

@fabianmendoza

Afrenta Constitucional Columna de Fabian Mendoza A. Clic para tuitear

Nuevamente la sociedad colombiana no sale de su asombro, con los últimos acontecimientos. Son vergonzosos y no resisten un análisis “open mind” para justificarlos.

La Corte Constitucional en el fallo presentado la semana pasada, consideró que los criminales, que, integrando la organización terrorista de las FARC, hayan incurrido en el delito de violencia sexual contra un menor de edad, estarían cobijados por las penas alternativas que ha contemplado el acuerdo de paz, mediante la Justicia Especial para la Paz, encargada de implementarlas.

Esta será la descripción que usted, querida tía uribista y querido ciudadano estupefacto, encontrará sobre este tema, en cualquier medio escrito o audiovisual que apruebe el cómo se están conduciendo las cosas, desde las entidades que conforman la honorable justicia nacional.

Ahora permítame decirle, en la práctica qué significa que para esa Corte, los violadores de niños merezcan mayor protección que sus víctimas, y que es lo que pasará realmente si esto sigue el curso que le quieren dar: veremos casos en los que un violador, que haya llegado al peor escenario de matar al menor, víctima de su actuar, como los espeluznantes casos de Luis Alfredo Garavito o Rafael Noguera, gozará de las penas alternativas contempladas en la JEP, consistentes en pagar 5 o máximo 8 años de “cárcel”, que para los estándares de esa justicia y sus “penas privativas de la libertad”, equivaldrá a permanecer esos años, respirando el aire puro y fresco de la mañana, sembrando hortalizas en una finca de alguna vereda de nuestro bello país.

Esa sería la condena para el caso más Aberrante que usted se pueda imaginar, y que sea expuesto ante esa justicia. Dicha justicia contempla penas de hasta 20 años de cárcel si el criminal acusado se niega a reconocer su delito. En la Justicia Ordinaria, ese mismo caso llevaría a una condena de más de 50 años, incluso si lo reconoce, todos en una cárcel digna de una abominación humana de esos niveles, es decir una condena intramural, tras barrotes, con visitas conyugales esporádicas y la ilusión de tener una letrina, pegada a 20 centímetros de su cama, compartida con otros 3 criminales. En el caso de la condena dentro de los niveles de justicia de la JEP, este mismo violador perfectamente podría organizar picnics con mantel de cuadros rojos y blancos cada 15 días, invitando a sus mejores amigos, posiblemente violadores de menores, como él, a departir, contando sus anécdotas, al tiempo que contemplan su cultivo de legumbres y leen poemas de Milán Kundera.

Cuando el escenario sea el de la violación sin una consecuencia fatal para el menor, en el entendido de que fatal se refiera a la muerte de este, sin desconocer (como seguro no lo desconocería una persona con un mínimo grado de altruismo) que la violación es ya una fatalidad inconmensurable, la mayoría de los casos saldrán libres. Porque para ellos, y para la justicia, bajo esos estándares, será solo una violadita.

Se pensaría entonces que bueno, que eso no se puede predecir, que de pronto no será así, que se está exagerando y que es mejor “cambiar el chip”, por aquello de que estamos en proceso de “pasar la página” y de invocar los “valores superiores“, como nos ilustró recientemente Humberto de La Calle Lombana. Pero los acontecimientos recientes impiden pensar que esos escenarios de “Penas ejemplares” se vayan a dar, bajo ninguna circunstancia.

El ejemplo más claro es el del narcoguerrillero reincidente Jesús Santrich, de quien vemos cómo desde diversos frentes bien sean políticos o judiciales, se le busca a toda costa evitar su extradición y también posesionarlo como un honorable congresista. A propósito de esto, de hecho, el fallo de la Corte Constitucional además de ofrecerles penas alternativas a violadores, ahora le da todos los dientes a la JEP para decidir sobre este y otros eventuales casos de extradición que se presenten, lo que claramente dilatará aún más el ya dilatado proceso de extradición de este delincuente. Esto es también indignante en extremo, pero sigamos con el punto más afrentoso de ese fallo.

En esas condiciones, es imposible pensar que la JEP obre de manera idónea y consecuente con la gravedad de cada caso, sino que, por el contrario, sea perfectamente factible que la JEP se decante por impartir sanciones inocuas como castigo y ofensivas para las víctimas, y que, casi pidiéndole su aprobación, sean del beneplácito del victimario.

Se abre así la posibilidad de una intervención de la Corte Penal Internacional que es enfática en considerar la violación, mucho más si la víctima es menor de edad, como un delito de lesa humanidad que no debe tener un castigo distinto al de una pena privativa de la libertad en establecimiento carcelario, cosa que una justicia preocupada por complacer criminales jamás aplicará, en parte porque ni siquiera puede hacerlo, bajo los propios términos del acuerdo, que nunca consideró una pena tras los barrotes.

El escenario actual en el que ya no solo tenemos ciudadanos de tercera, sino violadores de primera, sólo puede ser corregido con la reforma profunda que se propone de las altas cortes. Clic para tuitear

El escenario actual en el que ya no solo tenemos ciudadanos de tercera, sino violadores de primera, sólo puede ser corregido con la reforma profunda que se propone de las altas cortes. Así que a título personal, espero que se reactive la recolección de firmas para el referendo derogatorio de la JEP, apoyaré el referendo de cadena perpetua a violadores y para que este último se implemente en un marco donde la justicia opere de forma eficiente y con total credibilidad, apoyaré como ciudadano todas las disposiciones que se vengan para que de una vez por todas, se haga la reforma a la justicia que se merece el país y en especial los niños, a los que hoy La Corte Constitucional les está dando la espalda negándoles, como lo reza la Constitución, que sus derechos prevalezcan sobre cualquier otro derecho y sobre cualquier otro individuo, ahora ni se diga si el otro individuo es su violador.

Querida tía uribista, apreciado ciudadano indignado, incluso usted, ciudadano que de buena fe votó sí en el plebiscito, y hoy está atónito con todo esto, no permita que le inviertan o embolaten sus convicciones morales y éticas. Un niño violado, no es otro “sapo” para que nuestra sociedad se trague. Un violador es un violador aquí y en Cafarnaúm, y tanto aquí como allá ese criminal no puede recibir el más microscópico tratamiento preferencial (peor aún si su víctima es un un niño o una niña), bajo ninguna circunstancia y muchísimo menos invocando “valores superiores” como invitan a hacerlo los que ahora se extrañan de las consecuencias, de esa Caja de Pandora que ellos mismos negociaron.

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