A Petro hay que enfrentarlo con sagacidad e inteligencia

Mónica Johanna Pérez López

Mónica Pérez
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¿Tenerle miedo a Petro Gustavo? ¡Jamás! Definitivamente el diccionario de la Real Academia Española encasilla al miedo como un « recelo o aprehensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea » (RAE. 2021). La diferencia acá, de tenerle o no miedo a Petro, es que él mismo ha hablado en incontables ocasiones sobre su afán de acabar con el sector privado en Colombia manifestando e incitando su odio de clases y promoviendo la idolatría a la gobernanza de Hugo Chávez y Maduro en Venezuela que desde antes de su gobierno habían pronosticado varios dirigentes y estudiosos políticos como un modelo económico totalmente inviable para cualquier país, que a pesar de las advertencias continuaron con estas ideas socialistas y comunistas que desencadenaron en la ruina de Venezuela conllevando la emigración masiva de sus habitantes sin distinción de estrato desde el año 2003 y que aún hoy continúa.

Ya no son predicciones, son hechos. Venezuela es un estado fallido que cerró el 2020, según el Banco Central, con una híper inflación del 3.000% aproximadamente, lo que en términos coloquiales sería dicho como « el sueldo realmente no alcanza para nada » pues el salario mínimo de un venezolano hoy día equivale a un dólar, o menos. Valora Analitik estima que un kilo de harina de maíz cuesta 2.135.104 bolívares soberanos, que son más de un salario mínimo en Venezuela, en la misma medida se comparan otros productos básicos de la canasta familiar que oscilan por valores tan exagerados que más de la mitad de sus residentes no pueden costear.

Este es el modelo político y económico que tanto defiende Petro, Claudia López, y otros varios voceros que dicen pertenecer al sector político de la izquierda. El cuestionamiento básico en todo esto es si es realmente insuficiente el ejemplo del país vecino para seguir defendiendo un sistema político que enreda las ilusiones y sueños de las personas a costa del enriquecimiento de quienes los lideran e infaliblemente llevará al debacle a todos los ciudadanos de Colombia.

Gustavo Petro en la nombrada y reciente entrevista que publicó Semana a viva voz expresa sus intenciones de ser como Venezuela, justifica los delitos cometidos no solo por él, al haber pertenecido al grupo terrorista M-19, sino también de las FARC con los crímenes perpetrados indiscriminadamente a la población, exigiendo el mismo pacto impune que fue concedido en el gobierno de Santos al grupo terrorista, por supuesto incluyendo el premio mayor de obtener automáticamente las curules en el Congreso. En pocas palabras, la tortura y posterior asesinato de miles de personas seguirían sin justicia; las niñas de Corporación Rosa Blanca que han contado sus historias victimizantes una y otra vez para aclarar que los niños de siete años de edad no se ofrecieron a combatir porque era su sueño sino porque forzadamente los separaron de sus familias -sin conocer el paradero de ellas- para cambiar la escuela de los libros por la escuela de las torturas y masacres a seres humanos.

Bien está decir que la justicia se compone del nivel probatorio suficiente y razonable para marcar a alguien como inocente o culpable de cierto delito, otra cosa es la legalidad que se ha ceñido sobre el desarrollo humano que más que garantizar derechos victimiza personas, como recientemente ocurrió con el caso de las Bolsas de Petro que a pesar de los videos y testimonios que dieron apertura a la investigación en el Consejo Nacional Electoral esta ha caducado.

A Petro no hay que tenerle miedo, a Petro y a todos esos otros detractores de la democracia, que persiguen dictaduras y aseguran su beneficio humillando, enredando y dañando a toda la población, especialmente a los jóvenes, hay que enfrentarlos con inteligencia y sagacidad. No de gratis ha venido creciendo la idea socialista en Colombia. Las desigualdades económicas y humanas son tangibles y cada vez en un número mayor, la corrupción se ve incluso más abominable que otros delitos porque una cosa es ser sincero, como lo hizo Petro con sus deseos de perjudicar la economía y dignidad de cada familia colombiana y otra cosa es disfrazarse de cordero para atacar desprevenidamente a la Alimentación Escolar mediante desvíos inusuales de dinero destinado a niños y jóvenes cuya única fuente de alimentación era este programa; o la Mega-Biblioteca de Santa Marta que nunca se terminó y que inicialmente fue contratada por diez mil millones de pesos y que para la presente las adendas del contrato suman un gasto de cerca de treinta mil millones de pesos que aún así no posibilitaron la culminación de la obra, como lo explicaba el contralor delegado de participación ciudadana, Luis Carlos Pineda, a la W Radio; o ni que hablar de la pasada valorización que vivió el municipio de Rionegro con denuncias por sobrecostos en las contrataciones y supuestas confusiones con carreteras que se pagaron dos veces.
La gente busca justicia, equidad y oportunidad, empero esto no se va a lograr montando un sistema político que ha fracasado totalmente a lo largo de los años. Si alguien quiere lograr algo, que demuestre que le importa, se apersone y no se rinda, las elecciones del 2022 no son un juego y de las decisiones que se tomen hoy determinarán la vida de generaciones enteras.